“Si esto se maneja desde Bogotá, no va a funcionar”

El gerente del programa “Todos Somos Pacífico”, Luis Gilberto Murillo, explica los avances logrados hasta ahora y habla de las inversiones previstas y las presiones políticas que hay que lidiar.

 Fue hacia finales de octubre del año pasado que el presidente Juan Manuel Santos lanzó oficialmente desde Buenaventura el programa “Todos Somos Pacífico”, un plan ambicioso para redimir a los pueblos de la Región Pacífica colombiana, con énfasis inicial en Buenaventura, Tumaco, Guapi y Quibdó, ciudades históricamente agobiadas por el abandono estatal, la corrupción de sus gobernantes y el conflicto armado, no solo en lo que tiene que ver con el accionar de las guerrillas sino también con el de las bandas criminales y el narcotráfico.

Al frente del programa está el exgobernador del Chocó Luis Gilberto Murillo, quien en diálogo con El Espectador hace un balance de las tareas emprendidas hasta el momento y habla de los hechos de violencia vividos en las últimas semanas en la región y de esa realidad que se vive en un país como Colombia cuando se está al frente de una labor gerencial que involucra inversiones multimillonarias y los políticos buscan beneficios para sus causas personales.

¿Al fin cuáles son las tareas concretas del programa “Todos Somos Pacífico?

Formular un plan integral para el desarrollo social y económico de la Costa Pacífica. Que se puedan cerrar brechas en una región donde las desigualdades son enormes. De hecho, eso ya está priorizado en el Plan de Desarrollo. Y una segunda tarea es crear un esquema de financiación del plan, con recursos del presupuesto nacional y de regalías, pero también con operaciones de crédito con la banca multilateral. Precisamente ya estamos gestionando un crédito por US $400 millones, con el apoyo de Planeación Nacional, para financiar servicios públicos, acueducto, alcantarillado, energía y conectividad en toda la región, con focalización en Buenaventura, Guapi, Tumaco y Quibdó, en una primera fase.

Una vez estructurado el plan, ¿qué sigue?

Se vienen los proyectos que son de esos US $400 millones. Ahí están acueductos y alcantarillados para las cuatro ciudades que le mencioné. En el 100% de las zonas rurales que no tienen hoy energía eléctrica, al menos cubrir un 70%. Y en el resto poder llevar otras alternativas. Y estamos en lo de conectividad con las acuapistas. Hay un anhelo de la región de conectarse por los esteros de Tumaco hasta Pizarro, en el norte del Chocó, entrando por el San Juan hasta Quibdó y saliendo por el Atrato. Es un sueño de la región y ya hay estudios para la primera fase que iría desde Tumaco hasta Guapi, que vale $30.000 millones.

¿Y qué pasa con los proyectos que hoy están en ejecución?

Nuestra misión es impulsarlos y acelerarlos. Hemos encontrado 50 proyectos de alto impacto que están en curso en estos momentos, que suman $4,7 billones. Son de todo tipo: de infraestructura, como la vía Loboguerrero-Buenaventura, la ampliación del Puente del Piñal, el malecón, las 1.500 viviendas que están en curso en Quibdó y que se van a entregar este año, la pavimentación de las vías Quibdó-Medellín y Quibdó-Pereira, el acueducto de esa misma ciudad, la construcción del centro pesquero en Tumaco, la vía la Espriella-Rio Mataje que conecta a Tumaco con Esmeraldas (Ecuador), además de planes de activación del sector industrial. En Guapi está la pavimentación, las ambulancias fluviales y canchas deportivas. La gerencia tiene que ayudar a que se concluyan las obras y se entreguen. De aquí a diciembre tenemos proyectos priorizados por cerca de $300.000 millones.

Eso de que el Pacífico es una región olvidada ha sido de siempre, ¿cómo hacer para que este plan no se quede en el papel?

Ahora es distinto. Por ejemplo, Buenaventura nunca antes había tenido tanta inversión privada. Los ojos de Colombia y del mundo están puestos sobre el Pacífico y el Gobierno tuvo que hacer este plan para no quedarse rezagado. Un ejemplo: los únicos dos proyectos que se acordaron con China para poder invertir en el país tienen que ver uno con Puerto López y el otro con Buenaventura. Y son cosas que ya se están viendo. Creo que los dos escollos del Pacífico han sido los instrumentos financieros y los institucionales, pero para eso en el Plan de Desarrollo se creó un fondo específico para la región, que está en el Ministerio de Hacienda y que se va a encargar exclusivamente de la ejecución de proyectos y también blindar los recursos.

Precisamente cómo se va a manejar la plata, porque para nadie es un secreto que la corrupción es un riesgo latente…

Hay que blindarnos de los políticos en todo lado, y en este caso, yo creo que la mejor manera es crear ese mecanismo institucional que es un fondo específico para eso. Ese fondo se crea por 10 años, está presidido por el Ministro de Hacienda y están el director de Planeación y representantes de la empresa privada. Es una cosa muy parecida a como funcionó el Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero (Forec). Va a manejar los recursos y ejecutarlos, porque además el Pacífico tiene muchos problemas de ejecución, inclusive mucho más allá de temas de corrupción. A veces la gente no entiende que allá hay retos más difíciles. Por ejemplo, para hacer una obra en Bahía Solano, se tiene que llevar el material en unos barquitos desde Buenaventura, esperar cuando hay marea alta. Y eso cambia todo el panorama.

¿Cuál será el papel de las alcaldías y las gobernaciones?

Seguramente, como con el Forec, van a participar en las decisiones pero no van a ejecutar. Como le digo, el fondo entra a solucionar ese problema de institucionalidad y blindar los recursos. El diagnóstico que hemos hecho es que la región necesita $25 billones en los próximos 10 años, de los cuales el Estado proporcionará un billón por año y el sector privado 1,5 billones.

Más allá del tema social y de infraestructura ¿qué se ha pensado frente a la violencia y la inseguridad, asuntos críticos en la región?

El programa va a tener un componente de seguridad y justicia, que estamos desarrollando con el Ministerio del Posconflicto. Hay varios elementos como la adecuación de casas de justicia, fortalecimiento de la Fiscalía, recursos tecnológicos para la Fuerza Pública. Más fiscales, más investigadores y estamos luchando para que haya más jueces. Si logramos eso, logramos que no haya tanta impunidad. Todo esto viene acompañado con programas de empleo. Y otra cosa clave: el programa incluyó al norte del Cauca, que es una zona que en su comportamiento y dinámica es muy pacífico.

¿Cómo afrontar hechos como los ataques a la infraestructura de las últimas semanas en Tumaco y Buenaventura?

Lo primero es responder a la contingencia y hay que estar preparados. Por ejemplo, en Tumaco hicimos la gestión el año pasado para que se instalaran tres plantas de energía como una medida preventiva. Así cuando tumbaron las torres pudimos cubrir un 40% de la población. Pero lo de fondo es que con o sin paz, la región tiene que crecer económicamente de manera incluyente. Las inversiones van a llegar al Pacífico y la gente realmente tiene que beneficiarse. No podemos darnos el lujo de tener dos Buenaventura: la portuaria y la que vive en la miseria y la exclusión. Es claro que aun firmando un acuerdo de paz, si no se presentan alternativas de inclusión de la gente en los circuitos económicos, van a continuar altos los niveles de violencia. Y, sin duda, el Pacífico sería de las regiones más beneficiadas si se firma la paz porque bajaría la intensidad del conflicto. Ya las Farc han demostrado que tiene capacidad de hacer daños con atentados terroristas que traumatizan a la región.

Sin embargo, se sabe que además de guerrilla en las dinámicas de violencia en la región participan muchos las bandas criminales…

Es cierto. En Buenaventura hay una división muy clara: en la zona urbana operan las bandas criminales, la Empresa y el Clan Úsuga, y en la zona rural están las Farc. En Tumaco son las Farc, lo mismo que en el Cauca. Y en norte del Pacífico, en Chocó, hay una combinación entre bandas criminales y guerrilla.

¿El programa aborda el tema de la minería ilegal?

Como producción sostenible sí. Ya tenemos una hoja de ruta para un plan de formalización. Pero cualquier plan para el Pacífico se tiene que abordar de manera integral y tiene que tener elementos de salud, educación, seguridad y justicia.

Hablando de tantos recursos, ¿se sienten presiones políticas?

Las hay y muchas. Y de varios tipos. De los políticos, para capturar las partidas. Lo que yo les digo es que yo no manejo plata, yo no ejecuto. Por eso es bueno que los recursos estén en Hacienda. Las otras presiones vienen de que las élites regionales, en Cali, Popayán, Pasto y Quibdó, que buscan que los proyectos respondan a los intereses puntuales y no a algo integral. Tratan de atomizarlos, por ejemplo, que no vamos a pensar en algo grande de pesca sino que me pongan algo en este o aquel municipio.

¿Y cómo afrontar eso?

Nosotros tenemos una ruta clara, trabajamos con criterio técnico, sabemos las líneas que debemos seguir y de ahí no nos movemos. Vamos en la primera fase, los recursos de crédito van para esto y tenemos todo muy bien focalizado.

¿Cómo hacer para que este programa perdure más allá de 2018?

Que la gente se apropie de él es la única manera. La idea es irnos por la región socializándolo y dándolo a conocer a la gente. Tenemos claro que si es un plan que solo se hace desde Bogotá, no va a funcionar.