Simón Trinidad sí puede volver a Colombia

Aunque el Gobierno colombiano no ha presentado solicitud formal a EE.UU., en ese país es común repatriar presos a sus lugares de origen, dice el director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la U. de Georgetown.

Marc Chernick, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la U. de Georgetown. /Élber Gutiérrez Roa
En momentos en que el proceso de paz colombiano parece haber superado la que hasta el momento es la más grave de sus crisis —el ataque de las Farc que cobró la vida de 10 militares en Cauca— aumentan las voces que piden a las partes buscar un mecanismo de desescalamiento del conflicto para evitar tragedias similares y no crear ruido en las discusiones.
 
Uno de los primeros en hacerlo fue Fabrizio Hochschild, coordinador de la ONU en Colombia. En diálogo con este diario, Hochschild dijo el 21 de abril que aunque el presidente Juan Manuel Santos tiene razón en que la búsqueda de acuerdos parciales bilaterales puede distraer la atención de la mesa de diálogos, no hay que perder de vista que en un proceso que va siendo más largo de lo inicialmente previsto son esos acuerdos bilaterales los que ayudan a que la gente crea en el proceso. En similar sentido se acaba de pronunciar Marc Chernick, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown y uno de los estadounidenses que más de cerca siguen el caso colombiano.
 
En diálogo con El Espectador, Chernick dijo, además, que no es improbable una salida de alias Simón Trinidad de la cárcel de EE.UU., en donde paga una pena de 60 años y que este tipo de decisiones se pueden tomar a través de medidas administrativas por acuerdo entre el Ministerio de Justicia y el Departamento de Justicia de EE.UU., sin necesidad incluso del visto bueno del presidente Barack Obama. 
 
Desde su mirada como analista en EE.UU., ¿cuál cree que es la principal lección que deja la reciente crisis del proceso de paz colombiano?
 
Que es urgente que sigan con la mesa de negociación. Curiosamente, la crisis ha sido buena, porque ni las Farc ni el Gobierno se han salido de la mesa. En procesos anteriores sucedía algo como eso y rompían la mesa. Pero hay otra lección, porque esta crisis ha abierto un espacio para los enemigos de la paz y eso no es bueno.
 
¿Y qué hacer para que no vuelvan a presentarse hechos como el que terminó con la muerte de 10 militares en Cauca?
 
Sería preferible que logren condiciones para el cese al fuego bilateral. Si no hay condiciones para eso, hay que volver a la política de desescalar el conflicto, como existía antes de los acontecimientos del Cauca. Hay que reafirmar el compromiso con la paz, de lado y lado. Y de ambos lados con el país.
 
Pero el Gobierno dejó claro que no buscará un cese al fuego bilateral porque el objetivo es el cese al fuego definitivo, el fin del conflicto…
 
Las reglas así conducen a situaciones como las que estamos experimentando. Esto habría podido ocurrir en cualquier momento en los últimos dos años. Negociar en medio el conflicto, sin cese al fuego, es exponerse a acontecimientos que pueden minar el proceso. Es mejor buscar un cese al fuego bilateral. Es difícil cuando una de las partes está en cese y la otra no. Siempre existirá la excusa de las operaciones defensivas. Las Farc tienen que intentar no ser provocadas y el Gobierno no provocar. Pueden acordarlo mediante un compromiso informal, pero es urgente que lo hagan. Que den muestras de que pueden. No todo lo que parece imposible lo es. 
 
A propósito, ¿qué tan viable es que se haga realidad esa petición de las Farc de tener a alias “Simón Trinidad” en la mesa de diálogos? 
 
Es factible. Estuvimos mirando ese tema en un grupo de estudio. Él está preso allá, pero EE.UU. tiene convenios con casi todos los países de repatriar presos a su país de origen. Y no es decisión ejecutiva del presidente ni del Congreso de EE.UU. Es un trámite administrativo del Departamento de Justicia con el Ministerio de Justicia de Colombia para que siga su pena en una cárcel colombiana. Se hubiera podido hacer hace dos años. Ahora, el presidente Santos, que sepa yo, no lo ha pedido. Pero de pedirlo, se podría. Si lo hace por esa vía, que es factible, una vez que Simón Trinidad esté acá, EE.UU. no tiene jurisdicción. Si el presidente Santos quiere perdonarlo o bajar su sentencia, ya es asunto colombiano. 
 
¿Y qué casos semejantes recuerda?
 
Varios. En Guantánamo ha habido tres juicios, de entre todos los presos que hay allá. Uno de esos fue contra un joven australiano, condenado por terrorismo, al que después mandaron a Australia para servir allí su sentencia. Hay un caso de un joven canadiense, preso desde los 15 años, quien fue condenado y enviado a Canadá para seguir en la cárcel allá. Y en el mundo de crímenes ordinarios hay miles de casos de mexicanos, italianos o de otras regiones que fueron solicitados por sus respectivos países.
 
Pero, ¿está seguro de que eso aplica para casos como el de “Trinidad”? El caso de él ha sido demasiado polémico, y eso cuenta mucho.
 
En un caso de perfil alto, como el de Simón Trinidad, me imagino que habría una consulta con el presidente y su equipo, pero lo que quiero decir es que el caso no necesariamente tiene que pasar por allí.
 
¿Y en el caso de alias “Sonia” la cosa sí sería diferente, por la pena más corta que tiene ella?
 
Se podría pedir que la envíen a Colombia, pero ella fue una condenada menor, como a ocho años, ella está a punto de concluir su sentencia. Simón Trinidad fue condenado a 60 años.
 
 
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