'Son capaces de aliarse hasta con el diablo con tal de atajar a Santos'

La fórmula vicepresidencial de la Unidad Nacional dice que es un error de Peñalosa creer que va ser presidente sin abrir la boca. Y pidió a la coalición ponerse la camiseta de la campaña.

“Mermelada fue la que repartieron Uribe y el hoy candidato Óscar Iván Zuluaga para procurar su segunda reelección”, dijo Vargas Lleras. / Archivo - El Espectador

Ya son más de 70 los municipios del país que ha recorrido en el último mes Germán Vargas Lleras en su “vuelta a Colombia”, escuchando las inquietudes de la gente y llevando las propuestas de la campaña reeleccionista del presidente Juan Manuel Santos, de la cual es su fórmula vicepresidencial. Y en ese ir y venir, ha sido inevitable tener que salir a responder los ataques de sus opositores —léase uribismo—, una pelea que, se sabía, estaba casada desde el anuncio de su designación como coequipero del primer mandatario.

En entrevista con El Espectador, Vargas Lleras se va de frente contra Uribe, les responde a quienes dicen que a la campaña le falta entusiasmo, cuestiona la actitud —casi silenciosa, según dice— de Enrique Peñalosa, invita a los dirigentes de la Unidad Nacional a ponerse de verdad la camiseta y trabajar por la reelección, habla de la paz y defiende las posturas del presidente Santos en el caso de la restitución del alcalde Gustavo Petro.

¿Cómo cambiar esa percepción de que a la campaña le falta fervor?

No lo veo así. En todos los recorridos que he hecho por el país he encontrado mucha receptividad. He estado en reuniones de hasta 20 mil personas, lo cual es una muestra del entusiasmo de la gente con la campaña. Durante un año, en la Fundación Buen Gobierno estuvimos preparando las propuestas para cada municipio y cada departamento, que harán parte del nuevo plan de gobierno, que se lanzará oficialmente desde mañana, y en las siguientes semanas, en diferentes regiones, se irán presentando los programas sectoriales en educación, vivienda, infraestructura, agua, justicia, energía, seguridad, etc. Serán 25 grandes propuestas con objetivos concretos.

Pero las encuestas muestran que la mayoría de los colombianos no están de acuerdo con la reelección...

En la medida en que avanza la campaña, esa percepción ha ido cambiando. Los recorridos han servido también para hacer un balance de lo mucho que se ha invertido y recordar cómo este gobierno ha hecho miles de obras que jamás hubiesen podido ser financiadas con recursos locales. Recuerdo que pocos días antes de la elección del Congreso se decía que no había fervor y al final participaron un número récord de colombianos. Estamos seguros de que así será el 25 de mayo.

¿No es un error no asistir a debates?

¿Y quién dijo que no se va a asistir? Estamos en la recta final y hace cuatro años todos asistimos a tres grandes debates. Lo que es imposible, en medio de la campaña, es ir a centenares de invitaciones que se programan sobre la marcha, cuando todos tenemos previamente compromisos.

¿Ustedes son conscientes de que ya no se va a ganar en primera vuelta?

Estamos trabajando para ganar en primera vuelta, pero también nos estamos preparando por si no es así.

¿Cree que Enrique Peñalosa será el gran rival de Santos de cara a una eventual segunda vuelta?

No sabría decirlo, pero sí extraño mucho que en esta campaña esté silencioso. No le hemos escuchado ninguna propuesta. Aunque creo que eso hace parte de una estrategia que apunta a que el trabajo sucio lo hagan Uribe y su candidato, para él luego cosechar los frutos de esa polarización. Estrategia que considero equivocada, pues pensar que en este país se pueda acceder a la Presidencia sin abrir la boca, es grave error.

Hay quienes auguran que Peñalosa terminará aliado con Uribe…

Seguramente. Son tales la pasión y el odio con que el uribismo está adelantando el debate, que no sería raro —si hay una segunda vuelta— que se aliaran hasta con el diablo si les fuera necesario en su empeño de impedir la reelección.

¿Ha faltado compromiso de los congresistas de la Unidad Nacional en meterle el hombro a la campaña?

La campaña hasta ahora entrará en su recta final y coincido en que muchos dirigentes de la Unidad Nacional están a media marcha. Hace poco señalé que parece que algunos no han regresado de las vacaciones de Semana Santa y espero que a partir de esta semana se pongan la camiseta.

¿Se ha sentido solo en sus correrías?

No, yo tengo suficiente capacidad de convocatoria, pero sí me hubiese gustado ver más comprometidos a algunos parlamentarios que tienen cierto liderazgo en las regiones.

Esta semana se agudizó su controversia con el expresidente Álvaro Uribe, ¿usted se siente enemigo de él?

Yo no personalizo la confrontación política, lo que pasa es que me choca mucho cuando se afirman cosas que no son ciertas, como quedó en evidencia que el presidente Santos no era el ministro de Defensa en 2005 y, por lo tanto, los hechos que relata el senador Uribe no pudieron ocurrir.

¿Qué le responde usted al uribismo cuando los sindica de estar adelantando una política castro-chavista en Colombia?

Mal hace el senador Uribe en involucrar en el debate político interno los asuntos del país en materia de política exterior. Recuerdo mucho cómo se descomponía cuando el hoy ministro Pardo o la senadora Piedad Córdoba, para citar un par de ejemplos, viajaban al exterior a exponer sus puntos de vista sobre su gobierno. He expresado que me parece gravísimo lo que está ocurriendo en Venezuela, pero también comprendo que la actitud del gobierno no puede ser otra que evitar involucrarse en los asuntos internos del vecino país. Y he señalado que sería peligroso hacerlo porque le serviría a Maduro el expediente necesario para revivir una confrontación que en nada nos serviría. Ya vivimos esa experiencia durante el gobierno Uribe y ningún beneficio derivamos de eso.

¿Qué tanto daño le ha hecho a la campaña santista el discurso uribista de la mermelada?

Lo que el Gobierno ha hecho es concentrar unas inversiones a nivel territorial, con recursos que les han sido asignados a proyectos específicos que hacen parte del plan de trabajo de las diferentes gobernaciones y alcaldías del país. Mermelada fue la que repartieron Uribe y el hoy candidato Óscar Iván Zuluaga para procurar su segunda reelección.

De cuya caída muchos lo responsabilizan a usted…

Honor que me hacen. Asumo la responsabilidad que me cabe.

¿Y de ahí nace la animadversión de Uribe contra usted?

Seguramente, pero yo nunca escondí mi posición y en todo momento fui claro en señalar la inconveniencia de que Uribe se mantuviera indefinidamente en el poder.

¿Y el discurso uribista de que se les está entregando el país a las Farc?

Mienten. No es verdad que allá se estén negociando ni la estructura ni la composición de las Fuerzas Armadas, ni que se esté comprometiendo el concepto de la propiedad privada o los principios fundamentales de nuestra Carta Política. Y esta semana revivieron una controversia que es aún más mendaz: la de la impunidad, tema que han convertido en su caballito de batalla. El tema de justicia, desmovilización y entrega de armas aún no ha sido tocado y se están anticipando con prejuicios muy graves para despertar viejas pasiones y sentimientos con propósitos políticos en el actual debate electoral. Y lo que no dicen es que finalmente ese acuerdo, de llegar a suscribirse, será sometido a la consideración de todos los colombianos.

¿Por qué ha dicho que Uribe también trató de negociar con las Farc?

Tengo esa certeza. Todos los gobiernos lo han hecho, incluyendo el de Samper, con su comisionado Carlos Holmes Trujillo, hoy tan crítico del proceso en su condición de candidato a la Vicepresidencia. Lo mismo le diría de Camilo Gómez, otro de los candidatos a la misma posición y corresponsable en gran parte de lo que vivimos en el Caguán. Y pretendió hacerlo Uribe, ¿o qué explicación tiene la puesta en libertad unilateral de personas detenidas y sindicadas de graves delitos como miembros de las Farc o la liberación de Rodrigo Granda?

El mismo presidente Santos ha dicho que la intención es poner a las Fuerzas Armadas en contra del Gobierno, ¿lo ve así?

Por supuesto, y no solo a las Fuerzas Armadas, sino a la opinión pública. Están distorsionando lo que realmente pasa en La Habana y dejando de reconocer lo mucho que se ha hecho en materia de seguridad en este gobierno. Basta con recordar que los indicadores de homicidios y secuestros son los más bajos del país en 30 años, bastante menores a los del gobierno Uribe. Y fue en este gobierno cuando se dio de baja al Mono Jojoy y a Alfonso Cano, y se ha fortalecido la inversión para la Fuerza Pública, como nunca antes se había hecho.

Pero tampoco se puede desconocer que los problemas de seguridad urbana han crecido…

Sí, existen problemas de seguridad ciudadana que están golpeando a los colombianos, como el robo de celulares, el atraco, el boleteo, el microtráfico. Son los nuevos retos que tiene el país en materia de seguridad y se está trabajando en contrarrestarlos. Pero vale la pena recordar que el origen de esas bacrim tuvo lugar en el gobierno anterior y en parte se explica por el mal manejo que se le dio a la desmovilización de las autodefensas.

¿Qué mensaje quiso enviar cuando dijo que para concretar la paz se necesita la entrega de las armas por parte de las Farc?

Es claro: no habrá acuerdo de paz sin la entrega de las armas, que no es lo mismo que la dejación. Y esa es la postura del presidente.

¿Qué opinión le merece la restitución del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro?

El presidente no tenía otro camino. La decisión que se profirió en el Tribunal de Bogotá no lo comparto, pero es de obligatoria observancia. Me parece muy cuestionable que se quiera dar efectos vinculantes a las decisiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En la inestabilidad de Bogotá, el menos responsable y el más perjudicado es Santos. Fue una decisión del procurador la que destituyó al alcalde Petro, y que avaló el Consejo de Estado. Y fue otra decisión del Tribunal de Bogotá la que lo restituyó. Ahora esperemos a ver cuál será el nuevo capítulo, como quiera que ese fallo tiene instancias de revisión. No nos debe sorprender que en pocas semanas nuevamente tengamos que enfrentar otra crisis en la ciudad.

¿Por qué dice que Santos ha sido el más perjudicado?

Porque la gente a veces no discierne bien y no comprende que el presidente está obligado a acatar las decisiones judiciales. Y digo que lo ha perjudicado porque toda esta situación le ha impedido al Gobierno focalizar las inversiones que desde el inicio quiso hacer en Bogotá.

¿Y era obligatorio también impugnar el fallo del Tribunal de Bogotá?

Sí. El Gobierno no cree, y yo comparto esta tesis, que las decisiones de la Comisión Interamericana tengan fuerza vinculante y mucho menos soslayando decisiones de nuestros máximos tribunales judiciales.

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