La tarea de escoger y blindar a las víctimas

Por lo menos el 20% del total de la delegación que va a La Habana haría parte de la Mesa Nacional de Víctimas. Militares y guerrilleros tendrán su espacio.

La ‘universalidad’ es el reto en la conformación de las delegaciones que visiten La Habana. / Archivo

La llegada de las víctimas a la mesa de conversaciones entre el Gobierno y las Farc, el próximo sábado 16 de agosto, marcará el inicio de una etapa decisiva en el proceso de paz con esa guerrilla. El país aguarda por saber quienes serán los 60 representantes de las víctimas que irán a exponer sus puntos de vista, dudas y reclamos en La Habana, al tiempo que las partes diseñan mecanismos para proteger la integridad de las cinco delegaciones de 12 personas, que viajaran a Cuba, y mantener el sigilo que ha sido clave en el buen desarrollo de las negociaciones.

El último comunicado conjunto de las partes y otro, firmado exclusivamente por las Farc, resultaron esclarecedores. Primero, quedó acordado que “es fundamental que prevalezca el equilibrio, el pluralismo y la sindéresis en la elección de las delegaciones, y que se deben tener en cuenta los diferentes sectores sociales y poblaciones, así como el enfoque territorial”. Y, segundo, no serán excluidos de las víctimas los combatientes (de todos los actores) que hayan sido objeto de infracciones a los derechos humanos y al Derecho Internacional Humanitario (DIH) en desarrollo del conflicto.

Esas declaraciones, el debate de control político en el Congreso al que fueron sometidos los negociadores de paz del Gobierno, la Unidad de Víctimas y la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, y sendas reuniones de Humberto De la Calle, jefe del equipo negociador, con el procurador Alejandro Ordóñez y con el defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora, le bajaron el volumen al ruido que se había generado por la supuesta falta de representatividad de algunos sectores de las víctimas, especialmente de los militares, que también hacen parte de los voceros que partirán hacia Cuba.

El ruido no era menor. Por ejemplo, en uno de sus comunicados, las Farc afirmaba que toda vez que, a su juicio, son más las victimizaciones atribuibles al paramilitarismo o al Estado, las cinco comitivas de víctimas que asistirán a La Habana deberían tener una mayor representatividad de quienes sufrieron a manos de esos actores. Al respecto, este diario consultó a una fuente de Gobierno quien explicó que “esas son las cifras que acoge las Farc, que son respetables pues vienen de sectores académicos, pero existen otros registros que muestran una realidad diferente. Ninguna de las delegaciones va a definir quienes son los representantes de las víctimas en la mesa. Para eso están Naciones Unidas, la Universidad Nacional y la Iglesia, eso es lo acordado en los diálogos. Hay que oír con beneficio de inventario lo que se diga hacia afuera”.

Eso, sin embargo, no quiere decir que las delegaciones de Gobierno y Farc en La Habana no sean consultadas, a esta hora, sobre la lista final de víctimas. Por el momento, está claro que uno de los pedidos del Ejecutivo y de algunos organismos de control que han otorgado toda legitimidad a la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras es que por lo menos el 20% de la delegación que va a La Habana haga parte de la Mesa Nacional de Víctimas, que se creó con esa norma. También, y ese es un pedido de ambas delegaciones, que se prioricen las víctimas civiles pues son las que representan más sectores y criterios de selección.

La idea es que cada uno de los escogidos recoja varias características. Por ejemplo, una persona elegida puede ser parte de un grupo poblacional victimizado (por ejemplo sindicalistas, defensores de derechos humanos, periodistas), haber padecido un delito que haya sido sistemático (léase como ejemplo violencia sexual, desplazamiento, secuestro) y que éste corresponda a un actor armado determinado. Otros, a su vez, deberán simbolizar victimizaciones colectivas (es el caso de representantes de un episodio específico de desplazamiento masivo o una masacre).

De acuerdo con versiones conocidas por este diario, tanto el Gobierno como las Farc tienen claro que un espacio considerable, pero no mayoritario estará asignado a representantes de víctimas de las Fuerzas Militares. Incluso, se ha ventilado entre fuentes castrenses y civiles que uno de los opcionados para viajar sería el general (r) Luis Mendieta, quien estuvo en cautiverio durante 12 años, pues sus férreas posiciones para que las víctimas de las Farc tengan voz en La Habana le han generado un protagonismo clave en el debate nacional. Sin embargo, por ahora, ninguna de las sillas en las cinco comisiones de doce víctimas que llegarán a Cuba está escriturada.

Aunque, seguramente las partes conocen de organizaciones y nombres que tendrán un lugar en la lista de 60, y gran parte de ella está ya definida, todavía no hay certezas. Incluso no se ha concretado la fecha en la que se publicará el listado completo. Más allá de que es una necesidad que el país tenga clara la composición de la delegación, la prioridad de las organizaciones encargadas de construir la composición de ella es proteger sus derechos, su situación de seguridad y que no sean sometidos a presiones de agentes externos o propios de las negociaciones.

Desde ya, el Gobierno, a través de la Unidad Nacional de Protección y la Unidad de Víctimas, está pensando en un programa complejo que le dé todas las garantías de seguridad y de reserva a quienes participen de las visitas a La Habana. Saben que a su llegada a Colombia, o incluso antes, habrá sectores que querrán amedrentarles o conocer a través de ellos detalles de las negociaciones que ni las Farc, ni el Gobierno, quieren hacer públicos hasta tanto se concrete un acuerdo definitivo en este punto.

 

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@CamiloSeguraA

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