Tres ases para un año político

Angelino Garzón en lo social, Germán Vargas Lleras en lo político y Óscar Naranjo en la consolidación de la paz, alfiles del gobierno Santos en la recta final de su mandato.

Hay quienes ven al ministro Germán Vargas Lleras como fórmula vicepresidencial de Santos.
Hay quienes ven al ministro Germán Vargas Lleras como fórmula vicepresidencial de Santos. Presidencia

A un año de las elecciones para Congreso de la República y en momentos en que las encuestas empiezan a hacer de las suyas en el escenario político, los cálculos del Gobierno pasan por una estrategia a tres bandas: atención prioritaria a la agenda social, alterada en los últimos días por paros y protestas; el ajedrez político en el que el uribismo se proyecta como la fuerza electoral a confrontar y vencer; y el proceso de paz con las Farc en La Habana, cuyo éxito marca el rumbo del santismo y de la reelección presidencial.

En la toma de definiciones para los tres frentes está involucrado el equipo de Gobierno, con planos de responsabilidad complementaria entre quienes se perfilan como eventuales integrantes de listas al Legislativo, en defensa de la Unidad Nacional de Santos. Pero más allá de sus ejecutorias o de la consolidación de bancadas afines, son tres los alfiles del Ejecutivo para encarar los retos que se aproximan: el vicepresidente Angelino Garzón, el ministro Germán Vargas Lleras y el exdirector de la Policía Óscar Naranjo.

Con una favorabilidad del 74%, según la más reciente encuesta de Gallup, el vicepresidente Angelino Garzón es hoy una carta clave para recobrar la alicaída imagen del Gobierno. Si bien en la primera fase del cuatrienio 2010-2014 Garzón estuvo relegado, lo cual dio lugar a especulaciones de confrontación con el presidente Santos o demasiada cercanía con el expresidente Álvaro Uribe, hoy es claro que su liderazgo es útil en el escenario social, donde por sus antecedentes como sindicalista brilla con luz propia.

La prueba más evidente fue su gestión como mediador en el reciente paro cafetero, sin olvidar sus intervenciones en los debates por el salario mínimo o la discusión con el DANE por la medición de la pobreza. De alguna manera, ese perfil político fue determinante para que en 2010 Santos lo escogiera como su fórmula vicepresidencial. La pregunta obligada ahora es indagar si en una eventual reelección presidencial Garzón repetiría su papel. Él ha dicho que no, pero todo depende del protagonismo que le permitan.

A pesar de sus quebrantos de salud, Angelino Garzón demostró que tiene cuerda para rato y que sabe moverse en los círculos políticos. De hecho, ya tiene heredera para sus votos: su propia hija Ángela, recién nombrada secretaria social y de participación del Partido Liberal y seguramente candidata al Congreso en 2014, salvo que por inhabilidades respecto a las aspiraciones de su padre, tenga que aplazar su intención. En ese orden de ideas, del ostracismo el vicepresidente apunta a ser una voz esencial en el plano social.

En cuanto a Germán Vargas Lleras, ya está claro que no vuelve al Congreso, pero la duda es si deja el Gobierno antes de mayo para no inhabilitarse como posible candidato presidencial. Con una favorabilidad del 62%, según la encuesta de Gallup, y un electorado cautivo con su propio partido a bordo, Cambio Radical, tiene vuelo propio y hoy su rol es trascendental para los propósitos de la Unidad Nacional. Si Santos va por la reelección, Vargas Lleras se proyecta como su punta de lanza y, por qué no, como eventual fórmula vicepresidencial.

Por ahora, Vargas Lleras está en lo suyo: formalizando la entrega de casas gratis, puntal del gobierno Santos en el área social. Sin embargo, sabe muy bien que el uribismo ‘purasangre’ lo tiene rotulado como su contradictor en primera fila. Tarde o temprano, bien sea que regrese a la arena política para buscar su propio gobierno en 2014 o que acompañe a Santos en un segundo mandato, Vargas Lleras será el rival del expresidente Uribe en la pelea por los votos, es decir, la carta política de la Unidad Nacional.

El tercer as, al mismo tiempo el ‘gallo tapado’, es el general (r) Óscar Naranjo. Desde que dejó la dirección de la Policía, su favorabilidad entre la opinión pública es alta. De hecho, nunca ha bajado del 65%. Aunque él ha manifestado en privado que no tiene intenciones de meterse a la arena político-electoral y se siente cómodo como asesor en seguridad —con credibilidad en Washington, México y otros escenarios internacionales—, hay quienes creen que pueden convencerlo para que se deje contar electoralmente.

El dilema es para qué bando podría jugar Naranjo. Si bien fue en los tiempos de Uribe cuando llegó a la dirección de la Policía y se sumó a los grandes aciertos en la guerra contra las Farc, también ha sido aliado natural de Santos, al punto de que hace parte de la delegación del Gobierno en el proceso de paz con la guerrilla en La Habana. En los círculos políticos se le cataloga como una atractiva figura presidencial o fórmula vicepresidencial para cualquier plataforma. Pero dentro de su habitual estilo, él prefiere quedarse en su estratégico silencio.

No obstante, si las negociaciones de paz en Cuba siguen por buen camino, tarde o temprano Óscar Naranjo va a adoptar un papel determinante. Hasta hoy, los diálogos han avanzado sobre primeros acuerdos en materia de desarrollo rural y agrario, pero en la agenda de negociación hay un tema conexo que en una eventual solución del conflicto requiere voces expertas: la desactivación del narcotráfico. Un terreno en el que el exdirector de la Policía puede moverse como pez en el agua, con toda la credibilidad en su favor.

Para nadie es un secreto que, hoy por hoy, desactivar la cadena ilegal del narcotráfico significa quitarle oxígeno a la guerra y combustible a la violencia. Por eso, si bien la expectativa de acabar con el negocio ilícito puede resultar una quimera, con el apoyo de la guerrilla sí se puede reducir sustancialmente. Aunque es un tema cuya solución definitiva supera las intenciones colombiana y pasa por un acuerdo internacional, en el plano doméstico sí se puede avanzar mucho en escenarios como erradicación de cultivos ilícitos.

Es en este terreno donde la experiencia y el liderazgo de Óscar Naranjo pueden ser fundamentales. Al menos en el combate contra el tráfico de drogas, nadie ha tenido tantos éxitos como él en Colombia. La tarea sería ratificarlos ahora desde la negociación política. Y erradicar cultivos, entregar laboratorios o reducir al mínimo la cadena de producción y distribución de estupefacientes, no es una tarea fácil. De hecho, ya las bandas criminales han copado buena parte de los espacios que ha venido dejando el reciclaje de la mafia.

De esos aspectos de la guerra conoce muy bien Óscar Naranjo, y de lograr que las Farc se comprometan a sumarse a la tarea de reducir el impacto del narcotráfico, en buena medida estará garantizado parte del éxito de la negociación. Es claro que la participación en política de los miembros de la guerrilla o los aspectos pertinentes al laberinto judicial de cómo saldar sus cuentas penales serán los más difíciles de sortear, pero de nada sirve concretar acuerdos en estas áreas si no se avanza hacia la desactivación del tráfico de drogas.

En esa medida, si hay acuerdos definitivos con las Farc en La Habana antes de concluir 2013, como ya se especula, el papel de Óscar Naranjo, con su credibilidad a cuestas, aunque hoy parezca muy diluido, puede volverlo protagónico. Y es ahí en donde radica su importancia. Angelino Garzón en la agenda social, Germán Vargas Lleras en las trincheras de la política y el exdirector de la Policía, junto a los demás negociadores del Gobierno, apostándole a que las Farc hagan causa común con el Estado contra el narcotráfico.

No cabe duda de que las posibilidades de reelección de Juan Manuel Santos están ligadas a los avances en el proceso de paz con la guerrilla. Si fracasa esa iniciativa, el costo político es muy alto e improbable que el primer mandatario quiera buscar un nuevo cuatrienio. Si hay acuerdos, también prevalece una motivación para seguir adelante. No importa que hoy las encuestas castiguen al jefe de Estado con un 47% de opinión desfavorable. A la hora de sopesar entre la guerra y la paz, en los actuales tiempos posuribistas, la gente prefiere menos confrontación y más desarrollo.

Por ahora, empiezan a destaparse las cartas y cada colectividad política adelanta su propia reingeniería de cara a los retos electorales del próximo año. Pero en el escenario actual, al margen del expresidente Uribe y su inocultable fuerza electoral, los tres líderes con mayor credibilidad en las encuestas son Angelino Garzón, Germán Vargas Lleras y Óscar Naranjo. Si los tres entran a fortalecer la plataforma santista, la balanza desfavorable que hoy muestran las encuestas al primer mandatario puede inclinarse de nuevo en su proyecto de continuidad en el poder.

Cualquier cosa puede suceder en los altibajos de la política. Más aún en Colombia, donde el Poder Judicial también termina jugando con sus decisiones. Lo cierto es que el pasado viernes empezó el conteo regresivo de 12 meses antes de los comicios parlamentarios, con lo que ello significa en el pulso de los umbrales, las bancadas, los avales y demás entuertos de la política electoral. La pelea mayor estará centrada en el sí o el no de la reelección presidencial, y al menos en la Casa de Nariño ya se vislumbra un plan de segundo tiempo o de sucesión.

 

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