Turismo parlamentario, un mal crónico

Un proyecto de ley que buscaba meter en cintura los viajes injustificados de los congresistas al exterior se hundió esta semana en el Senado.

El presidente de la Cámara, Fabio Amín, se fue a ver la Copa América. / El Tiempo

Ha sido la ausencia de la mesa directiva de la Cámara de Representantes, que preside Fabio Amín, en la última sesión de la actual legislatura, la que ha abierto, por enésima vez, la discusión sobre el llamado “turismo parlamentario”. Cómo no recordar el episodio de octubre de 2014, cuando ocho senadores —con todos los gastos pagos— se fueron por una semana hasta Ginebra (Suiza) sólo para entregar una comunicación del presidente Santos en el Foro Mundial de Congresistas. Sin duda, un mal crónico de la clase política colombiana que se ha extendido a otras ramas del Poder Público, como la Judicial, sin que existan procesos de rendición de cuentas ni mucho menos controles éticos.

Porque si bien es cierto que cuando se habla de turismo parlamentario se trata de los viajes en comisión al exterior que hacen senadores y representantes, pagados con recursos públicos asignados al presupuesto de cada corporación, el meollo del asunto tiene que ver ahora con las ausencias y, por tanto, el incumplimiento de sus obligaciones, así los viajes sean pagados de sus bolsillos. “Algunos se fueron a Chile a ver el partido Colombia-Brasil, se fueron a pasear en pleno cierre legislativo. ¿Entonces para qué se hacen elegir?”, dice el representante Germán Navas, del Polo Democrático Alternativo.

De hecho, el presidente del Senado, José David Name, enfatizó que esa corporación no le dio permiso a nadie para ausentarse y mucho menos para ir a la Copa América: “El congresista que se haya ido es responsable de sus propios actos. Mientras haya sesiones, ellos tienen que pedir permiso. Yo lo único que hago es administrar el Congreso y en eso estoy, así que cada quien es responsable de lo que hace y si se fueron, tendrán que asumir las consecuencias”, dijo.

¿Cuáles consecuencias? Cuando se van en misión oficial —algo que debe ser aprobado por las dos terceras partes de la cámara respectiva— a su regreso, los congresistas tienen que presentar a las mesas directivas un informe de la gestión realizada, lo cual rara vez se cumple. Y en las pocas veces que se presentan dichos informes, por lo general se radican ante las secretarías generales, bien sea del Senado o de la Cámara, sin someterse a discusión en la plenaria. Pero si se trata de viajes personales, sin permiso, si mucho se les descuenta de su salario los días de ausencia.

Según señaló el mismo Navas Talero, Fabio Amín se fue a Chile invitado por una empresa y no le importó que el Congreso estuviera en su última semana, en momentos de decisiones claves. En el Senado, se conoce que Alberto Castilla (Polo Democrático) se encuentra en Luxemburgo por una invitación y que Iván Cepeda, miembro de esa misma colectividad, hizo dos viajes al exterior: del 5 al 8 y del 10 al 13 de junio. Precisamente, el uribismo denunció que había ido clandestinamente a La Habana, pero la mesa directiva de la corporación aclaró que contaba con todos los permisos legales pertinentes.

Por otra parte, el senador Ángel Custodio Cabrera, del Partido de la U, pidió licencia desde el 12 de junio hasta el 15 julio para ir a ver la Copa América en Chile. De Bernardo Miguel Elías, otro de la U, dicen que también anda viendo fútbol por el sur del continente y Jaime Durán, del Partido Liberal, pidió licencia del 19 al 30 de junio. Otro miembro de esa colectividad, Juan Manuel Galán, se encuentra en Miami dictando unas conferencias. Y aunque el Congreso se encuentra en receso hasta el 20 de julio, hay legisladores que ya comunicaron su salida del país, casos: María del Rosario Guerra, Iván Duque, Susana Correa, Paola Holguín y Álvaro Uribe (todos del Centro Democrático), Antonio Navarro (de la Alianza Verde) y Teresita García (de Opción Ciudadana).

Por cierto, en diciembre del año pasado, el mismo Bernardo Miguel Elías, a quien llaman el Noño, presentó un proyecto de ley encaminado a acabar con los traslados injustificados al extranjero por parte de los congresistas. La idea era que sólo pudiesen ser financiados con dineros públicos, los viajes plenamente justificados por corresponder a gestiones oficiales inherentes a la función legislativa y por generar impacto en la labor parlamentaria. Después de varios meses, de tener ponencia para primer debate y de estar en más de una ocasión en la orden del día de la Comisión Primera del Senado, la iniciativa nunca se discutió y fue archivada esta semana. No se sabe si Elías insistirá y la volverá a presentar en la próxima legislatura.

En la exposición de motivos de ese proyecto, se hablaba de la necesidad de tener transparencia y propender por la buena imagen del Congreso de la República. Sin embargo, es claro que el turismo parlamentario se ha convertido en un “vicio”. Y aunque algunos viajes son justificados, pues se tratan de visitas para adelantar acuerdos comerciales o intercambios de cooperación legislativa y judicial, sin duda hay abusos que son innegables y que demuestran una total falta de conciencia política.

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