Un cara a cara entre santismo y uribismo

Los senadores Roy Barreras, del Partido de la U y Paloma Valencia, del Centro Democrático, exponen sus argumentos tras la confrontación política desatada tras la captura de Santiago Uribe, hermano del expresidente Álvaro Uribe.

La decisión de la Fiscalía de dictar orden de captura contra Santiago Uribe, hermano menor del expresidente Álvaro Uribe, generó una tormenta política cuyas consecuencias aún son impredecibles. Desde el Centro Democrático, el partido del exmandatario, arremetieron contra el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, con manifestación incluida de sus congresistas frente a la Casa de Nariño y arengas pidiendo su renuncia, hablando de “dictadura” y acusándolo de crear un “régimen de terror” en alianza con el fiscal general Eduardo Montealegre.

Del lado del Gobierno, varios ministros y legisladores de la coalición de la Unidad Nacional cerraron filas en defensa del jefe de Estado. En las redes sociales hubo mensajes de todo tipo. Y para este domingo se espera un pronunciamiento oficial del mismo expresidente Uribe, quien dijo en Twitter que se tomaría varios días para procesar su tristeza. La confrontación se mantiene al rojo vivo y así queda demostrado en estas entrevistas con El Espectador a dos de los más firmes escuderos de uno y otro bando: los senadores Paloma Valencia, del Centro Democrático y Roy Barreras, del Partido de la U.

“Pedir la renuncia de Santos es un acto democrático”: Paloma Valencia

¿Usted no cree que es muy extremo pedir la renuncia del presidente Juan Manuel Santos?

Pedir la renuncia es un acto democrático, aquí nadie está optando por vías de hecho. Pedir la renuncia es un derecho de los ciudadanos cuando consideran que el gobernante no está cumpliendo ni con sus obligaciones ni con las condiciones éticas que se requieren para dirigir el Estado.

Y cuando invitan a los colombiano a la rebelión, ¿a qué se refieren?

A salir a la calle, a protestar, a no quedarnos callados cuando los niños de mueren de hambre en la Guajira y en otros rincones del país mientras los ministros tienen a sus esposas con contratos de $5.000 millones; cuando el sistema de salud afronta una terrible crisis mientras se reparten millones y millones en mermelada; cuando la gente sufre el incremento de la inflación que les impide comprar su canasta básica y mientras tanto el Gobierno dilapida recursos en contratos a sus amigos con el tal Fondo para la Paz. Aquí el tema fundamental es que no hay gobierno.

¿Por qué dicen que el gobierno Santos es una dictadura?

Porque está rompiendo la división de los poderes. Es un gobierno que no respeta la oposición; que pide facultades extraordinarias para poder expedir leyes a favor de las Farc; que destruye el Congreso creando un congresito en el cual, junto con la guerrilla, seguramente van a poder reformar nuestra constitución violentando el orden jurídico. Es una dictadura porque destruyen la figura del plebiscito bajando el umbral del 50 al 15%, financiando solo la campaña por el sí y dejando sin garantía al no. Es un gobierno que está destruyendo la democracia.

¿Qué argumento tiene el Centro Democrático para asegurar que la detención de Santiago Uribe, hermano del expresidente Álvaro Uribe, es una persecución política?

Este no es el primer uribista detenido. Son más de 18 los perseguidos por la justicia y privados de la libertad sin pruebas, muchos sin condenas y, cuando las hay, son muy cuestionables. Pero sobre todo porque mientras les levantan las órdenes de captura a los terroristas de las Farc, contra nosotros la persecución de la Fiscalía se aplica con saña. Ya vimos la flagrancia de la violación de las leyes en el corregimiento de Conejo en La Guajira, y no pasa nada. Basta recordar lo que fue el escándalo del hacker, donde el fiscal, con intenciones evidentemente electorales, actuó en beneficio de la reelección de Santos.

Claro que varias de esas sanciones contra el uribismo han sido de la Procuraduría…

Lo disciplinario no se puede confundir con lo penal. Una sanción disciplinaria, de acuerdo a los códigos actuales, es fácil de que se le aplique a cualquier funcionario público. Otra cosa muy distinta es la prueba del dolo, que supone un delito penal y la privación de la libertad.

Hay quienes dicen que el uribismo está pagando lo que hizo cuando estaba en el poder y a la oposición se le calificaba hasta de terroristas vestidos de civil…

Si el uribismo tuviera que pagar lo que hizo estando en el poder entonces tendrían que celebrar al presidente Uribe en todos los municipios del país. Lo que hay en Colombia por el expresidente es gratitud y enorme reconocimiento. A la gente le puede gustar o no Uribe, pero nadie puede negar que el país pasó a ser distinto después de su gobierno, donde los ciudadanos volvieron a creer en el futuro y el Estado recobró una legitimidad perdida.

¿No es contradictorio exigir justicia sin impunidad para el proceso de paz y al mismo tiempo querer desconocer la justicia en el caso de Santiago Uribe?

No estamos desconociendo la justicia, lo que estamos pidiendo es que Santiago Uribe, como es su derecho, se pueda defender en libertad. Lleva un proceso de 22 años al cual ha comparecido puntualmente y ha atendido los requerimientos de la justicia. Lo que decimos es que la decisión que toma la Fiscalía no hace parte de los lineamientos que ordena la ley sino de los intereses políticos del Gobierno y su fiscal.

¿Qué argumentos tienen para afirmar que el fiscal Eduardo Montealegre es un corrupto?

El vínculo del Gobierno con el fiscal es evidente. Montealegre se salió de la vigilancia de la contralora, cuando decidió perseguirla él mismo para evitar que le investigaran varios cuantiosos contratos. Y ha actuado a favor del presidente Santos, violando la Constitución y la ley. Está el escándalo del hacker o el hecho de que dos de los ministros sean absueltos en tan solo dos días del mayor escándalo de corrupción de Colombia que es Reficar. Ni hablar de los multimillonarios contratos que repartió a dedo a sus amigos y el escándalo de Saludcoop. Es que Eduardo Montealegre renunció a ser presidente de la Corte Constitucional, que es máximo honor que puede tener un jurista, para volverse el defensor del mayor desfalco en la salud de los colombianos.

¿Por qué dice que lo que quieren es obligarlos a aceptar el Tribunal de Paz y las negociaciones con las Farc?

Me ha llamado mucho la atención que digan en los medios que ahora sí el uribismo se puede acoger al Tribunal de Paz de las Farc, porque estos son delitos relacionados con el conflicto. Quieren meter a Diego Palacios, a Sabas Pretelt y tantos otros uribistas. Aquí lo que hay es el anhelo de realizar el sueño de las Farc: decir que todos los colombianos somos culpables, que este es un país de criminales y por lo tanto los crímenes que ellos cometieron se justifican. Por eso crearon la famosa Jurisdicción de Paz, con el ánimo de perseguir a los colombianos. Ahí los criminales no tienen ningún problema de ir a confesar los delitos que ya todos les conocemos, y para ellos habrá absoluta impunidad porque no pagarán un solo día de cárcel. Pero a muchos colombianos de bien, incluyendo los militares, los van a poner ahí a confesar unos delitos, así no los hayan cometidos, o van a tener 20 años de cárcel. Lo que se viene es un desfile de falsos testigos frente a unos jueces que serán elegidos entre el santismo y las Farc.

Dicen que para hacer la paz en Colombia hay que arrimar al uribismo, ¿es eso posible o con todo esto ya es un imposible?

Ese es un discurso que se echan mientras por el otro lado lo que hacen es perseguirnos judicialmente y maltratarnos con sus ministros y sus trinos. Hasta el presidente Santos nos ha llamado fascistas y nazis. Ese hostigamiento se siente en las regiones, donde cualquier funcionario que sea uribista le advierten que no le van a dar recursos. Este es un gobierno totalitario que condiciona la utilización del presupuesto nacional no a los intereses de la nación sino a sus intereses partidistas y particulares.

“La actitud de uribismo es irresponsable”: Roy Barreras

¿Qué responderle al uribismo cuando pide la renuncia del presidente Juan Manuel Santos?

Si se refiere a los siete u ocho gatos maullando frente a la Casa de Nariño, me parece que es dramática la pérdida de convocatoria de los sectores de la extrema derecha. No hay que pararle bolas a ese tipo de expresiones delirantes.

Expresiones que dicen además que estamos en una dictadura…

En una carta inédita, los presidentes de todos los partidos del país que estamos vinculados a la búsqueda de la paz, incluyendo los de los sectores de la izquierda independientes, le respondimos al Centro Democrático, el partido de la extrema derecha radical, pidiéndole que atempere el lenguaje pues esas voces incendiarias pueden generar hechos violentos. Uno espera de un partido político serio que sea factor de convivencia, de oposición democrática, sin falacias y sin incitaciones a la rebelión. Me parece que pasaron los límites y han asumido una actitud irresponsable. Además, el uribismo lleva más de tres años pidiendo justicia y paz sin impunidad, pero ahora quieren desconocer la justicia, quieren rebelión y quieren impunidad cuando se trata de la actuación judicial de un individuo, que nadie sabe, y eso lo determinará la justicia, si es culpable o inocente. Esa no puede ser una causa nacional.

Precisamente en esa carta, ustedes dicen que la paz está cerca y piden moderar los ánimos y no ser incendiarios, ¿pero no cree que al uribismo le asisten razones para hablar de persecución?

Quiero recordar que el primero que sancionó y destituyó a Bernando Moreno, a Andrés Felipe Arias y a la cúpula del uribismo fue el procurador Alejandro Ordóñez. Las investigaciones contra el empresario Santiago Uribe, que hasta donde sé no es un dirigente político, vienen de hace varios años. Todo es lamentable y en mi opinión, preferiría que eso no hubiera ocurrido. Ahora si eso hubiese sido con algún cálculo político, la noticia no se hubiera dado a pocas semanas de la firma de la paz. Pero la justicia es autónoma e independiente y por tanto es inoportuna, no tiene consideraciones políticas de ninguna naturaleza y no hay que hacer otra cosa que acatarla. No se persigue a la oposición en Colombia y lo han dicho partidos de oposición como el Polo y los verdes.

¿No cree que el hecho de que varios ministros hayan salido a atacar al uribismo en Twitter, y duro, es también un acto de provocación y les da esos argumentos?

Fue de nuestro señor Jesucristo poner la otra mejilla y es probable que en el gabinete del presidente Santos no hayan leído esa parábola y hayan salido a la defensa ante tantas calumnias. La época de la persecución a las cortes y a los medios de comunicación en Colombia ya pasó y si algo distingue el gobierno de Santos es su respeto a las instituciones. Hay una paradoja que no puede olvidarse: el Centro Democrático dice sentirse perseguido políticamente y yo recuerdo que en vísperas de la elección presidencial de 2014, el senador José Obdulio Gaviria escribió en su Twitter que esperaba ganar las elecciones para iniciar un juicio político-criminal contra Juan Manuel Santos. Era el uribismo el que tenía claramente la intención de hacer una persecución ilegal.

¿Qué tanto puede afectar a la paz esta reacción del uribismo?

Mucho y por eso le hemos hecho el llamado de moderar el lenguaje. Los lenguajes incendiarios pueden generar hechos violentos y es insólito que a puertas de firmar la paz con la guerrilla más antigua de América Latina, el nuevo factor de desestabilización sea el Centro Democrático. Eso no tiene sentido y tienen que bajarle a la irritabilidad, a las voces incendiarias y entender que su papel de oposición es muy importante pero como factor de estabilización y no de desestabilización de nuestras instituciones.

Mucho se ha hablado de tender puentes con el uribismo en aras de la paz, ¿esa posibilidad está cancelada?

Espero que no. Como muchos colombianos, yo he hecho esfuerzos por tender puentes con el presidente Uribe, a quien le tengo aprecio y afecto. Ojalá eso pueda darse en aras de la paz de Colombia, que no es de Santos ni de ningún partido sino de todos. Además, va a ser una realidad, nadie va a detenerla y necesitamos que todos nos ayuden a construirla. No es cierto que le vamos a entregar el país a las Farc. Decir eso genera miedos y odios, y lo único que busca es seguir utilizando el discurso de la guerra. Nosotros seguiremos teniendo todos los puentes necesarios. La paz va a ir más allá del gobierno Santos, se necesita una década para su consolidación y necesitamos a un Centro Democrático activo, pacífico y construyendo la paz.

Pues con tanta polarización, realmente se ve difícil lograr ese propósito…

En algunos países se logró. En Irlanda se hizo la paz con un sector radical que nunca aceptó el proceso. ¿Si es posible hacer la paz con las Farc que ha sido un grupo violento y cruel, cómo no va a ser posible hacerla con el uribismo, que es un grupo político radical de derecha, que todavía está desarmado?

Cuando ustedes dicen que nadie está por encima de la ley y que quien la violó en el marco del conflicto armado podrá acogerse a la justicia transicional, ¿es esa una invitación a quienes tienen líos judiciales en el uribismo, como Santiago Uribe?

Nosotros no hacemos invitaciones personales, pero lo que sí puedo asegurarle es que yo mismo, desde hace tres años, he visitado en las guarniciones militares a los oficiales, suboficiales y soldados condenados por delitos relacionados con el conflicto. También he conversado con todos los colombianos que pueden ser beneficiados de la justicia transicional, para explicarles que desde el Marco para la Paz y ahora con el Sistema de Justicia Especial para la Paz hay una solución para ellos. No conozco el caso de Santiago Uribe y mal podría opinar, no sé de qué lo acusan, pero mi tarea es ayudar a construir un sistema de justicia transicional. Y bienvenidos todos los que crean que Colombia puede superar la guerra y hacer la paz con ese instrumento.

Dice el uribismo que lo que quieren es obligarlos a aceptar ese Tribunal de Paz…

Los que dicen eso se equivocan porque si algo hay que reconocer en el presidente Uribe es que no se doblega nunca. Al contrario, lo que pretendemos es conversar con él en el marco del aprecio y el respeto que millones de colombianos le tienen. Es muy importante que se acerque a la paz y ayude a construirla. Sigo con la esperanza que se supere este impasse, que es un asunto personal, para que volvamos a pensar en los asuntos nacionales.