Un mandato para la paz

Primera derrota del uribismo en 12 años. Uribe y Zuluaga anuncian la reorganización del Centro Democrático para hacer oposición. La izquierda cobra protagonismo por un mandato social. Emerge una nueva generación de líderes políticos.

El reelegido presidente Juan Manuel Santos y el vicepresidente electo Germán Vargas Lleras celebran con sus familias y con la palabra paz escrita en la palma de sus manos. / Gustavo Torrijos - El Espectador

Las alianzas funcionaron y Juan Manuel Santos logró voltear las cifras electorales de la primera vuelta, para convertirse en el presidente elegido para el cuatrienio 2014-2018. Su triunfo en las urnas constituye la primera derrota del expresidente Álvaro Uribe en lo que va corrido del siglo y, de paso, políticamente deslinda a Santos de manera definitiva de cualquier influencia de quien fuera su mentor para llegar a la primera magistratura del Estado en 2010. Con su victoria, ahora tendrá que asumir un nuevo mandato enfocado en el logro de la paz con los grupos guerrilleros, que fue la esencia de su propuesta política de campaña.

Los resultados electorales muestran una amplia mayoría en la región Caribe y la Costa Pacífica del reelecto presidente Santos, como había sucedido el 25 de mayo en la primera vuelta, y un notorio repunte en los Santanderes y la capital de la República, que al final le permitieron superar al candidato del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga. A su vez, el aspirante del uribismo revalidó sus mayorías en Antioquia, el Eje Cafetero y varios departamentos del centro del país y de los Llanos Orientales. Sin embargo, no logró conservar su ventaja en Bogotá, que había sido su baluarte en primera vuelta.

La ventaja de Juan Manuel Santos tuvo un factor determinante que tendrá que ser tenido en cuenta en las decisiones de Estado que se aproximan. El apoyo de la izquierda democrática y de varios sectores de opinión de diversas tendencias políticas, como los verdes, con un solo propósito: respaldar el proceso de paz que adelanta su gobierno con las Farc en La Habana (Cuba), y ahora el desarrollo de la fase exploratoria para emprender diálogos con el Ejército de Liberación Nacional (Eln). De paso, esta alianza obliga a Santos a desarrollar un mandato social, como lo recalcó la excandidata presidencial del Polo Democrático Clara López.

Esa franja de opinión en favor de la paz y en contra de la ortodoxia uribista, representada en su candidato Óscar Iván Zuluaga, explica en parte la forma como decreció el abstencionismo electoral. En la primera vuelta del 25 de mayo, más del 60% de los colombianos no participaron en los comicios. En esta oportunidad la abstención quedó cerca del 50%, que de todas maneras sigue siendo muy alta en Colombia. El voto en blanco, que en algún momento se perfiló como una opción de protesta entre quienes estaban en desacuerdo con los candidatos del actual debate electoral, siguió siendo muy bajo y apenas alcanzó el 4%, es decir, un poco más de medio millón de votos.

La otra realidad política del triunfo santista es la victoria de la convergencia de partidos de origen liberal. Con Santos llega también a la Casa de Nariño, en calidad de vicepresidente electo, Germán Vargas Lleras, quien a pesar de que es la cabeza visible de Cambio Radical, es claro su origen en las toldas rojas. De igual modo, el apoyo suministrado por el oficialismo liberal, manifiesto en el expresidente César Gaviria y su hijo Simón Gaviria, el senador saliente Juan Fernando Cristo o el propio expresidente Ernesto Samper, seguramente se verá reflejado en la composición del nuevo gobierno a partir del próximo 7 de agosto.

En contraste, por el lado del conservatismo, las cosas no quedaron muy claras. La división que empezó en su convención nacional de enero pasado se mantuvo hasta el final del proceso electoral. Su candidata, Marta Lucía Ramírez, terminó en las toldas del uribista Centro Democrático, mientras que buena parte de sus congresistas apoyaron al presidente Santos en su campaña reeleccionista. Ahora tendrá que decantarse esta división de pareceres y, sin duda, el escenario en el que se despejará el camino será el Congreso de la República.

Por lo pronto, anoche en su discurso de victoria, el presidente Santos anunció que su intención para los próximos cuatro años será formar una “selección nacional de gobierno”, reconociendo que llega con mas experiencia y con tareas pendientes. “Que en cuatro años nadie se arrepienta de haber votado por nosotros (...) gobernaré con el mayor respeto por mis adversarios políticos. De eso se trata la paz. No reconozco enemigos, no guardamos rencor y propongo que desterremos para siempre el odio y la violencia de nuestra democracia”, dijo, a la vez que mandó un mensaje directo a las Farc y al Eln, instándoles a llegar al fin del conflicto con “seriedad y decisión”.

Una postura que choca con la del expresidente Uribe, quien hizo un duro pronunciamiento público, acusando a Santos de haber impulsado, en nombre de la paz, “la mayor corrupción de la historia, caracterizada por abuso de poder, entrega de sumas de dinero a parlamentarios para compra de votos, propaganda ilegal y violación de la Ley de Garantías”. De paso, el exmandatario anunció que el Centro Democrático seguirá su tarea y reanudará el trabajo para cumplir con su agenda legislativa. “Debemos levantarnos en contra de la pedagogía del miedo convertida en política (...) seremos fieles a nuestras convicciones de patria, no a la trampa vencedora”, concluyó Uribe.

Por su parte, Óscar Iván Zuluaga, al reconocer su derrota, reiteró los mismos propósitos: “La lucha continúa”, fue su mensaje central, al tiempo que anunció que desde hoy mismo se dedicará a la organización del Centro Democrático que, después del proceso electoral que finalizó ayer, “es la nueva alternativa política para los colombianos”. Una visión compartida por su fórmula vicepresidencial, Carlos Holmes Trujillo, quien también se declaró “en pie de lucha”.

Lo claro es que este panorama empezará a advertirse a partir del próximo 20 de julio con la instalación del nuevo Legislativo, donde la Unidad Nacional de Santos tendrá las mayorías.
La victoria reeleccionista de Santos deja ver también el protagonismo de una nueva generación de líderes que acompañaron su proyecto político reeleccionista. Carlos Fernando Galán, Gina Parody o David Luna, entre otros, quienes fueron decisivos para revertir en favor de su candidato los resultados en Bogotá. No sólo fue un aporte de las franjas de opinión o de la izquierda democrática. Además, de las filas del liberalismo, Cambio Radical y la U, especialmente, surgieron importantes figuras que se perfilan claves para la transición hacia una nueva política, enfocada hacia la paz.

En síntesis, el pulso político entre el uribismo y el santismo se saldó en favor del segundo, aunque con toda seguridad a partir de hoy empezará un nuevo debate. En poco más de un año habrá elecciones a alcaldías y gobernaciones, y seguramente la Unidad Nacional y el Centro Democrático volverán a verse las caras. Lo mismo que en el Congreso, la discusión vuelve a ser la misma antes de que se iniciara la campaña política: el proceso de paz en La Habana, ahora con el respaldo de casi ocho millones de colombianos que se la jugaron por un mandato de reconciliación y de búsqueda del fin del conflicto.