Un modelo desde lo local

“No existe un modelo universal de reintegración de combatientes. Ese modelo debe construirse desde las particularidades del territorio en que se vive”.

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Esta fue la explicación de Esnéyder Cortés, director programático de la Agencia Colombiana de Reintegración (ACR), para ilustrar las particularidades del proceso que se ha adelantado en Risaralda. Un departamento que ha recibido 1.009 desmovilizados desde 2003, con una población de más de 734.000 habitantes. Aquí la apuesta ha sido la del fortalecimiento de capacidades laborales técnicas, dado el nivel de industrialización del departamento.

“En Pereira, por ejemplo, existen buenos niveles de vida, una oferta pública amplia en términos de educación y salud, pero también existe un desarrollo industrial importante. Eso hace que en Risaralda la agencia privilegie el fortalecimiento de las capacidades de empleabilidad de las personas en proceso de reintegración. Esa es la razón para que no se enfatice en proyectos productivos agrícolas, pues aquí hay una demanda de mano de obra en sectores industriales. Por eso les enseñamos desde hacer su hoja de vida hasta la manera de encontrar ofertas laborales. Aquí la ruta de empleabilidad tiene el apoyo de la cooperación internacional. No pasa lo mismo en el Cauca, pues allí sí se ha facilitado el desarrollo de proyectos agrícolas. Esas son dos maneras de llegar al ejercicio autónomo de la ciudadanía”, explica Cortés.

En cifras concretas, existen más retos que logros en Risaralda: de los 1.009 desmovilizados, 374 están activos en el proceso y 170 han culminado su ruta de reintegración, mientras que 66 no han accedido al programa y 184 están siendo investigados por pérdida de beneficios, al tiempo que 84 ya fueron expulsados del programa tras violar sus requisitos. También es significativa la cifra de desmovilizados muertos, que es de 66 personas. Las cifras de empleo muestran que existe un panorama más alentador, pues de los 150 entrevistados, 147 han conseguido trabajo, 27 tienen su propio negocio, 73 se vincularon a una empresa y 46 trabajan con particulares. Sin embargo, la principal dificultad sigue siendo la estigmatización de los reintegrados. Se trata de personas que muchas veces no tienen redes familiares ni sociales, que empiezan de cero, y además de las dificultades que eso significa, la misma comunidad no les ayuda en su proceso y las rechaza.

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