Una campaña sin precedentes

Con el cierre oficial de la contienda acaban meses de incertidumbre en una ciudad en crisis. ¿Qué hace tan especiales estas elecciones?

Hace diez meses, el alcalde Samuel Moreno anunciaba en Bogotá que gran parte de las obras de la ciudad estaban próximas a entregarse, el expresidente Álvaro Uribe se reunía para diseñar su estrategia de apoyo a candidatos en el país y Antanas Mockus insistía en ser precandidato por el Partido Verde. Hoy, Moreno está preso, Uribe monta en bicicleta al lado de Peñalosa y Mockus está lejos del Partido Verde. Las cosas han cambiado. Y mucho.

Desde hace dos décadas, cuando el alcalde Juan Martín Caicedo Ferrer fue puesto en prisión por el escándalo de los auxilios a los concejales, la ciudad no tenía una sensación de desamparo tan profunda. Más de la mitad de los ciudadanos piensan que las cosas están empeorando, mientras que una alcaldesa encargada hace enormes esfuerzos por levantar del piso la reputación de su partido.

En este contexto, nueve candidatos aspiran hoy a la Alcaldía de la ciudad. Ha sido una campaña inusual por muchos motivos, que la convertirán en una de las más emocionantes de las que se tenga memoria.

¿Servirá la maquinaria de la U?

Es la gran incógnita. Cuando Enrique Peñalosa escogió aliarse con el expresidente Uribe y dejar ir del Partido Verde a Antanas Mockus, lo hizo con la convicción de que la simpatía despertada por el expresidente en la ciudad, sumado a la maquinaria del Partido de la U, sería la mejor manera de ampliar su ventaja electoral. Sin embargo, en la mayoría de encuestas, Peñalosa vio reducida su intención de voto luego de comenzar en forma a caminar las calles de Bogotá con su nuevo aliado. “Si nos fijamos en las encuestas, es claro que la alianza no salió como la esperaban”, opina César Caballero, director de la firma encuestadora Cifras y Conceptos.

Los gladiadores del Polo

Cuando todas las fichas del Polo Democrático estaban a punto de venirse abajo por cuenta del escándalo del cartel de la contratación, dos jugadas estratégicas del partido evadieron un golpe mortal que se creía inevitable.

Por un lado, Clara López, presidenta del Partido, asumió las riendas de la ciudad tras la salida de Samuel Moreno. En cuestión de semanas los índices de aprobación de la alcaldesa llegaron al 65%.

Entre tanto, el académico y dirigente del Moir, Aurelio Suárez, aceptó ser el candidato del partido a la Alcaldía. Tarea titánica que, independientemente del castigo político al Polo en las urnas, le permitió al partido dar a conocer a un hombre que se destacó por su gran conocimiento de la ciudad y su capacidad de fogueo en los debates.

Los novelones de la campaña

Alianzas frustradas, peleas bajo la mesa y varios coqueteos fracasados fueron recurrentes en la campaña.

La pugna por el aval de ASI fue la primera novela de la serie: aunque inicialmente el exconcejal caldense Luis Fernando Rosas era el candidato, fue el liberal Jaime Castro quien se quedó con el respaldo. Los más jóvenes se coqueteaeron sin cesar, pero Gina Parody, Carlos Fernando Galán y David Luna no lograron concretar la alianza. Al contrario, fueron evidentes las diferencias entre Parody y Galán. Tampoco llegaron a un acuerdo el exalcalde Antanas Mockus y Gustavo Petro, aunque su alianza fue dada como un hecho. Finalmente, la saga la cerró Dionisio Araújo, al renunciar a su candidatura por el Partido Conservador y llevarle la contraria al directoria nacional —que adhirió a Enrique Peñalosa— apoyando a Gina Parody.

Más personalidad, menos programa

La campaña adoleció de una contradicción: estuvo plagada de foros y debates, y, sin embargo, los candidatos no lograron diferenciarse unos de otros.

Los programas de los candidatos se mimetizaron. La falta de diferencias sustanciales, sumado a la abundancia de opciones, “produjo que el electorado dejara de fijarse en las propuestas” y comenzaran a “dejarse llevar por los sentimientos”, asegura César Caballero, de Cifras y Conceptos.

Para el analista Enrique Serrano, este hecho es un síntoma de involución en el electorado bogotano.

“La campaña ha sido la más rústica en mucho tiempo”, asegura, y “en los años de Jaime Castro, las propuestas se presentaban en un modo sistemático. Hoy no se ve un buen debate y en cambio sí mucha dispersión”.

Un Concejo por el suelo

Como si no bastara con el hecho de ver a un alcalde, un contralor y funcionarios de la administración tras las rejas, el anuncio esta semana de que una tercera parte del Concejo de Bogotá será llamado a interrogatorio por parte de la Fiscalía, no hizo sino agravar la percepción de la grave crisis ética y política de la ciudad. Con la vinculación de los concejales al proceso perdió Enrique Peñalosa, ya que nueve de ellos pertenecen al Partido de la U, que lo acompaña. Pero también perdieron otros partidos y, sobre todo, la corporación en su totalidad.

“El escándalo reducirá con seguridad la votación del Concejo, una institución que ya de por sí es desconocida para la gran mayoría de población”, asegura Alexandra Rodríguez, coordinadora de “Concejo cómo Vamos”.

Tras las rejas

Hace poco menos de 20 años la ciudad tuvo que elegir a su alcalde, mientras veía a su antecesor irse para la cárcel junto a 16 concejales. Los bogotanos tuvieron que repetir la experiencia este año: en medio de la campaña, el alcalde Samuel Moreno, el contralor Miguel Ángel Moralesrussi e Inocencio Meléndez, director jurídico del Instituto de Desarrollo Urbano, fueron enviados a prisión preventiva. Liliana Pardo, exdirectora del IDU, salió libre pero sigue siendo investigada.

Con este panorama, sumado al estancamiento de las obras de infraestructura vial y la percepción negativa frente a la seguridad en la ciudad, no sorprende que hoy el 53% de la población de la ciudad considere que las cosas están empeorando (hace cuatro, años el 57%, según Napoleón Franco, pensaba lo contrario).

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