Una mirada al discurso de Duque a 25 días de su posesión

Legalidad, emprendimiento, equidad, sostenibilidad ambiental e innovación son los pilares, por ahora teóricos, de su futuro mandato, que, insiste el presidente electo, será sin odios y para todos los colombianos.

El presidente electo, Iván Duque, en su discurso del martes pasado en Medellín. Archivo particular

Iván Duque no ha comenzado a gobernar y ya ha tenido que salir a responderle a la oposición, que no se ahorra en críticas frente a uno que otro anuncio hecho y a los nombramientos que viene haciendo a cuentagotas de quienes lo acompañarán en su equipo ministerial. Y es que desde ya se vienen preparando movilizaciones por todo el país para el próximo 7 de agosto, día de la posesión presidencial, según el excandidato Gustavo Petro, para “alzar la voz en defensa de la paz y la libertad”.

“Este país no se merece que en este momento donde estamos en una gran transición generacional, dejemos que se nos infunda odio y fractura, y se nos invite a la movilización popular simplemente por inercia, porque lo que quiero ser es un generador de unidad, de diálogo, donde no medie en la forma en la que nos entendemos ninguna distancia por consideraciones ideológicas”, dijo Duque el martes pasado en Medellín, durante la imposición del Escudo de Antioquia en la Categoría Oro y la presentación del libro ‘Arqueología de mi padre’.

Fue un discurso en el que el mandatario electo dejó entrever, esta vez con más certeza, las líneas de lo que será su mandato: “Este es el momento de unir a Colombia, por eso no reconozco contendores y voy a gobernar por el futuro de todos los colombianos”. Y un discurso en el que también mostró las enseñanzas que le dejó su padre (Iván Duque Escobar, fallecido hace dos años) y que marcan su trasegar por la vida y la política: “Mi padre era un pedagogo, nos enseñó a nosotros que en la vida uno no se puede sentir más que nadie ni menos que nadie, y ese es el verdadero sentido de la equidad”.

Se refirió entonces a las cuatro ‘C’ que este le enseño para ser un líder, aunque en realidad nombró solo tres: coherencia (ser coherente es mantener el mismo discurso, sin importar las adversidades y no acomodarlos de acuerdo al oído del auditorio), congruencia (que las obras que se adelantan sean realmente la encarnación de lo que se predica, porque es lo único que se puede valorar del hombre público, que no sea como aquellos que simplemente predican y después en el espacio privado son todo lo contrario), y competencia (estar formándose todos los días para aprender algo nuevo).

Quizás con indirectas: “Nos inculcó que el servicio público no se ejerce con vanidades, ni en busca de reconocimientos, ni en busca de premios, ni en busca de tener esos deseos megalómanos de pasar a la historia, porque solamente pasan a la historia los que no tienen esa obsesión y se dedican a trabajar todos los días al servicio de la gente (…) Y nos inculcó el trabajo en equipo”, manifestó Duque, para volver al mensaje que se ha vuelto reiterativo frente a sus críticos: “La política no se ejerce con odios (…) para mi padre no existía diferencia entre el ser humano, a todo ser humano se trata con respeto, con hidalguía y con caballerosidad”.

Y subrayó: “Yo no quiero un país perdido en odios, para mí la contienda electoral terminó el 17 de junio, y a partir de ese día soy el presidente de todos los colombianos. No podemos dejarnos arrebatar una oportunidad de una nueva generación que viene a gobernar con todos y para todos, y que lo que más anhelamos en este momento es pasar las páginas de las confrontaciones de la vieja política, empoderar los deseos de una nueva generación para soñar ese país, y soñar ese país, como lo dije en Madrid hace dos días, significa ser capaces de corregir el pasado para crear el futuro”.

En ese recorrido de anécdotas en torno a la estrecha relación con su padre, Duque reiteró los cimientos de lo que será su gobierno, tocando un tema neurálgico, el de la paz y las reformas que al Acuerdo con las FARC ha insinuado. El primer cimiento sería el de la legalidad: “Ningún país progresa donde no hay imperio de la ley (...) La legalidad no es violencia, la legalidad no es opresión, la legalidad no es autoritarismo, la legalidad es que en la sociedad se pueda caminar por las calles y que cualquier persona que intente agredir las libertades individuales sepa que efectivamente el que la hace la paga. Ese concepto de legalidad es el que nos tiene que invitar a nosotros hoy a reaccionar frente a las cosas que no marchan bien, porque mi padre me enseñó que la paz en un país es viable y solamente viable, si sabemos que hay sanciones ejemplarizantes a quienes transgreden las normas”.

Habló entonces de inversión pública en los lugares del país que se han sentido excluidos y abandonados. De esa paz que solo se podrá construir con solidez cuando se derrote al narcotráfico con la firmeza del Estado de Derecho, no por presiones de nadie (¿Estados Unidos?), sino porque es lo moralmente correcto. De derrotar la corrupción, entre otras cosas, endureciendo penas y acabando con la reducción de estas y con la casa por cárcel para los corruptos. De presupuestos transparentes. De limitar el número de periodos de los representantes en cuerpos de elección popular. De materializar la extinción de dominio ‘exprés’ a todo el patrimonio de quienes le han quitado plata al erario público.

Y habló, por supuesto, de emprendimiento, de equidad, de innovación, de la protección del medio ambiente, de justicia social y de su Economía Naranja. “Apostar por el emprendimiento significa que en esa Colombia de futuro nuestros hijos dejen de utilizar palabras como el capo, el cabecilla, el comandante de frente, y que en el territorio nacional brille en el firmamento los tecnólogos, los ingenieros, los artistas, los arquitectos, los poetas, los escritores, los pintores, los que transforman la sociedad positivamente”. También del desarrollo del campo a partir del “matrimonio” entre el desarrollo agroindustrial y el pequeño producto.

Aquí con un mensaje directo a los empresarios, con algo que enfatizó mucho en su campaña y que bien se puede relacionar con la promesa de menos impuestos: “Yo quiero que en este país el emprendimiento nos lleve a que el empresario no se sienta avasallado por normas y trámites, que sea víctima de la inseguridad jurídica. Ese país de emprendimiento tiene que ser para que de una vez por todas acabemos con esa idea donde el Estado ve al empresario como la vaca lechera que ordeña para gastar más, yo quiero que este país vea al empresario como el socio del progreso, porque el triunfo del empresario es el triunfo de Colombia y es a todo nivel”.

Al final, Duque se refirió a un asunto por el que algunos le cuestionan el no haber expresado una posición firme: los asesinatos de líderes sociales en el país. “Mi padre fue un respetuoso de los derechos humanos y de la diversidad y de las discrepancias cuando se ventilan con grandeza. Pueden tener ustedes la seguridad que no vamos a ahorrar ningún esfuerzo en nuestro gobierno para trabajar por cada rincón del territorio, por proteger la integridad y la vida de los líderes políticos, sociales, sindicales, por defender la libertad de expresión. Pueden ustedes tener la certeza que esos cinco elementos, legalidad, emprendimiento, equidad, sostenibilidad ambiental e innovación, serán esa avenida que queremos construir para todos, absolutamente todos”.

En conclusión, son algo así como las intenciones que tiene el nuevo presidente. En 25 días, Iván Duque asumirá el poder y ya las promesas tendrán que ser ejecutorias. Por lo visto, la oposición parece estar dispuesta a no dar tregua. Y bien es sabido que la popularidad de Uribe es endosable solo a la hora de los votos, pero no necesariamente en el ejercicio del poder. Además de su liderazgo, todo dependerá también de la labor del equipo que lo acompañe y de la interacción con los otros poderes público, sobre todo el Legislativo. “Mi único anhelo es que en cuatro años yo pueda seguir viniendo a esta tierra, a mi tierra y mirarlos a ustedes con la frente en alto y con el cuerpo erguido y decirles que le hemos cumplido a Colombia”, fueron las palabras con que terminó su discurso en Medellín. El tiempo dará la respuesta.