Una nueva oposición

Con la derrota del candidato del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, la naciente colectividad se convierte en la principal crítica del gobierno de Juan Manuel Santos en el Congreso.

El expresidente Álvaro Uribe Vélez, ahora con su investidura de senador, encabezará las críticas de la bancada del Centro Democrático contra el Gobierno. / Gustavo Torrijos - El Espectador

La suerte está echada. Los colombianos en las urnas hicieron la apuesta por la reelección del presidente Juan Manuel Santos y su propuesta de lograr una salida negociada al conflicto con las Farc y con el Eln. Son esos diálogos los que enfrentan a la coalición del Gobierno, representada en la Unidad Nacional, con el ahora principal movimiento de oposición política, el Centro Democrático, en cabeza del exmandatario Álvaro Uribe Vélez y el derrotado candidato Óscar Iván Zuluaga.

Un cambio radical en el escenario político, porque durante los últimos 12 años los dos gobiernos de Uribe y el de Santos, la principal oposición al Gobierno la había encarnado la izquierda a través del Polo Democrático Alternativo, que ahora, fracturada entre el apoyo a la paz y la decisión de mantenerse como una fuerza crítica al Ejecutivo, ha reducido la distancia frente a Santos. Mientras la excandidata a la Presidencia Clara López se la jugó por el reelecto presidente y hasta hizo comerciales con él, su senador más representativo, Jorge Enrique Robledo, considera, por el contrario, que este es un gobierno de poco fiar.

Diferente es el caso del Centro Democrático, que empezó su cruzada el 5 de julio de 2012 cuando en un evento, con lo más connotado del uribismo, realizaron un homenaje al exministro Fernando Londoño luego del atentado del que fue víctima, en el cual lanzaron la plataforma política que hoy es la principal fuerza opositora del país.

El primer paso fue el de las elecciones al Congreso, donde el Centro Democrático, en contra de los pronósticos y catapultado por la imagen del expresidente Álvaro Uribe Vélez, sacó 19 senadores y 20 representantes a la Cámara, que hoy son la principal fuerza de oposición y seguramente la principal talanquera para la reglamentación de los acuerdos de paz que logren el Gobierno y las Farc en La Habana (Cuba).

Nuevamente para las elecciones a la Presidencia, en primera vuelta, el Centro Democrático pisó duro, su candidato Óscar Iván Zuluaga logró casi 3,8 millones de votos y le cogió casi 500 mil a Juan Manuel Santos. Esa derrota fue la que puso en alerta a la campaña reeleccionista y con cambios de fondo en la estrategia política y electoral logró el pasaporte para continuar cuatro años más en la Casa de Nariño, poniendo, de paso, al uribismo en la oposición.

La derrota no es de poca monta. El expresidente Álvaro Uribe Vélez se había convertido en gran elector del último siglo y ayer las urnas le dieron la espalda. Con ese resultado también se desmarca el reelecto presidente Juan Manuel Santos que hasta el momento le debía su capital político a Uribe.

Desde el próximo 20 de julio el exmandatario con su investidura de senador y como jefe de la bancada del Centro Democrático encarnará la oposición al Gobierno. Seguramente la colectividad hará un seguimiento constante al desarrollo de las negociaciones en La Habana, seguirá sus férreas críticas al supuesto deterioro de la seguridad democrática y la pérdida de la confianza inversionista.

Un escenario nada fácil para el exmandatario, quien hasta hace unos años hacía gala de manejar la voluntad del Congreso con la que entonces se llamó la “aplanadora uribista”, que sacaba adelante todas las reformas que presentaba. Ahora el escenario político dio la vuelta y Uribe tendrá que nadar contra la corriente.

En este nuevo escenario de la oposición de derecha existe una duda: el rol que asuma el Partido Conservador, que en su mayoría se habían alejado de la coalición de gobierno y se sumaron a la aspiración presidencial de Zuluaga. La excandidata azul Marta Lucía Ramírez ratifica su distancia crítica con el gobierno Santos, pero otra puede ser la posición que asuman los parlamentarios que se han reconocido por estar más cerca de la burocracia gubernamental.