¿Una pausa necesaria u obligada?

Se haría con fechas precisas y con el compromiso de la guerrilla de entregar campos minados y cultivos ilícitos.

El presidente Juan Manuel Santos aseguró ayer que no les dará ventajas militares o territoriales a las Farc. / Presidencia

La posibilidad de hacer una pausa en los diálogos de paz que adelantan el Gobierno y las Farc en La Habana (Cuba) sigue abriéndose paso. En su edición del pasado 25 de septiembre, El Espectador reveló que se estaba considerando esa opción para evitar el colapso de la mesa, que casi un año después de su instalación no ha logrado acuerdos sustanciales o definitivos. En ese momento se hablaba de crisis en el proceso y se conoció una carta de Timochenko, máximo líder de la guerrilla, dirigida al presidente Juan Manuel Santos, en la que lo trataba de “arrogante” y “mezquino”.

Hoy, la postura de las Farc ha cambiado. Ahora creen que el país necesita el “discurso social y moderno” del primer mandatario y hasta hay quienes dicen que ya se subieron en el bus de su reelección, cuando Andrés París, uno de sus negociadores, reconoció en entrevista para el portal La Silla Vacía que ven “con esperanza la posibilidad de que se reelija con las banderas de la paz”, que la construcción del edificio de la paz necesariamente “será obra de dos gobiernos”, que “hay que juntar el esfuerzo de este presidente con el que viene”, pero que “si es Santos, mejor, porque continuaríamos sin inconvenientes”.

La pausa tendría lugar mientras se surte el proceso electoral, tanto para el Congreso como la Presidencia. Es claro que las partes son conscientes de que el tema de la paz será eje del debate proselitista y, como lo dijo el mismo jefe de Estado, “el peor enemigo del proceso es el escepticismo, es su falta de legitimación, su falta de credibilidad. La gente va preguntando: ¿por qué no avanza, por qué no llegan acuerdos?”. Mejor dicho, el Gobierno no quiere que las hasta ahora inciertas negociaciones jueguen en su contra, y el objetivo debe ser capitalizar a su favor el anhelo de la mayoría de los colombianos de llegar al fin del conflicto, en aras de la continuidad a sus políticas.

El guiño de las Farc a un alto en el camino llegó ayer. “Si se requiere una pausa estaríamos dispuestos, pero no como una acción unilateral”, dijo Andrés París al ser consultado sobre el tema. Según el jefe guerrillero, ello deberá ser “consensuado” y “condicionado a los intereses supremos de la paz”, lo que implica que se presente la idea previamente a la delegación de las Farc en la mesa de La Habana. De paso, París enfatizó que la guerrilla sigue “atornillada hasta que firmemos un acuerdo del fin del conflicto”.

Planteada la pausa, llegan las interpretaciones. Según el exministro y exgobernador Antonio Navarro Wolff —con supuestas intenciones de ser candidato presidencial—, queda claro que para el Gobierno la reelección y la paz son una misma cosa. “El presidente Santos tiene que entender que la paz no es un tema de él sino del país. Antes que pensar en recesos, una salida más fácil sería que anunciara que no va por la reelección y siga trabajando por el fin del conflicto hasta agosto de 2014. Entre otras cosas, porque la suspensión de la que se habla tendría que ser hasta mediados del próximo año y no sé si la opinión pública aguante eso”, señaló.

A su vez, Óscar Iván Zuluaga, precandidato presidencial del Centro Democrático, plantea varios interrogantes: “Lo más indicado es terminar de una vez un proceso que no está bien planteado para los colombianos. ¿Qué pausa se va a hacer? ¿Qué va a pasar con los cabecillas de las Farc durante la pretendida pausa? ¿Se quedan nueve meses paseando en La Habana? ¿O vuelven a Colombia a delinquir? En su concepto, el presidente Santos se jugó toda su agenda política buscando un acuerdo con las Farc, pero el tiempo no le dio y ahora debería dejar que el próximo gobierno defina su propio camino hacia la paz”, expresó. Una opinión que comparte su jefe político, el expresidente Álvaro Uribe, quien en Twitter escribió: “Presidente Santos no suspende diálogo por acciones terroristas, pero sí por cálculo electoral, y esconden pactos secretos”.

Fuentes cercanas a la mesa de negociación dicen que para poder hacer ese receso es necesario concretar acuerdos, al menos parciales. El presidente Santos ya dijo que espera que el próximo 18 de noviembre, cuando se cumple un año de la iniciación formal de los diálogos, se vean resultados. Petición que también tuvo su respuesta en las Farc: “Ojalá pudiéramos para esta fecha cerrar el punto de participación política o, si se quiere, todos los puntos de la agenda”, expresó Andrés París, aclarando que, definitivamente, los tiempos de negociación no son los mismos entre Gobierno y guerrilla.

Por cierto, para las Farc la propuesta de hacer una pausa debe ir ligada a la de una tregua bilateral y no debe tener fechas precisas. La idea es enviarle un mensaje de confianza y credibilidad al pueblo colombiano y ambientar el tema de convivir pacíficamente durante un tiempo prudencial. Pero el Gobierno tampoco quiere que sea un salto al vacío y pondría reglas como, por ejemplo, que la guerrilla asuma el compromiso de entregar campos minados, zonas de cultivos ilícitos y ubicación de laboratorios y rutas de salida de narcóticos.

Sólo que la idea de la tregua bilateral no le cala al presidente Santos. “Un cese al fuego lo que hace es motivar que se prolonguen las conversaciones indefinidamente, porque las Farc estarían en el mejor de los mundos, conversando pero armados, y eso es inaceptable”, declaró ayer el jefe de Estado en la base militar de Larandia (Caquetá), donde dio la orden de una ofensiva contra los bloques Sur y Oriental de las Farc. Su postura envía el mensaje a la guerrilla de que la paz es su único camino, con pausa o sin pausa.