¿Una Procuraduría al servicio del gobierno Nacional?

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El próximo 16 de enero se posesionará Margarita Cabello como Procuradora General. Su cercanía al Presidente Duque y su paso reciente por el Ministerio de Justicia ponen en duda su independencia y objetividad. ¿Podrá apartarse de sus sentimientos políticos para ejercer su cargo?

La Procuraduría General de la Nación es una de las más poderosas entidades del país, pues no solo ejerce las funciones de Ministerio Público sino que también ostenta la potestad disciplinaria para investigar y sancionar a buena parte de los funcionarios públicos. Este poder se ha llegado a utilizar en la historia reciente para destituir alcaldes en cuyos casos han intervenido tribunales internacionales, evidenciando que es una entidad que puede utilizarse como una herramienta con fines esencialmente políticos.

Por lo mismo, el inicio del periodo de una nueva Procuradora General no es un tema menor. De ella depende qué rol se le quiere dar a una entidad que bajo el mandato del Procurador saliente ha configurado un fuerte contrapeso al Gobierno Nacional. Desde esta entidad se puede decidir qué se investiga y qué no, teniendo la posibilidad de hacer persecuciones politiqueras o haciéndose la de la vista gorda frente a otros temas de la administración pública. Por lo mismo, lo que está en debate en este momento es si la Procuraduría será o no una entidad que ejerza un poder independiente y objetivo.

Esta preocupación no se fundamenta en quién es Margarita Cabello sino en lo que representa políticamente hablando. La nueva Procuradora tiene todas las credenciales para ocupar este cargo, dado que ha hecho una carrera en el sector público que le otorga no solo experiencia sino conocimiento sobre la labor que va a asumir. Se puede resaltar de manera especial el ejercicio de la magistratura, dado que representa una de las más importantes dignidades del país y que contribuye en gran medida a materializar los postulados de la Constitución Política de 1991.

Sin embargo, la cercanía con el actual gobierno es la que cuestiona su independencia y objetividad para ejercer las funciones de la entidad. Luego de fungir como magistrada asumió el rol de Ministra de Justicia, lo cual la compromete claramente con las banderas del actual Presidente de la República. Cabello pasará de trabajar para la garantía de los intereses del ejecutivo a ejercer una función que exige la garantía del equilibrio de poderes. Por lo mismo, no es muy claro si logrará apartarse de su rol político para ejercer las funciones que ahora le fueron encomendadas.

El país merece una Procuraduría General de la Nación empoderada, que no le tenga que pedir permiso al Gobierno Nacional para ejercer sus funciones. El Ministerio Público debe ejercerse para responder a los intereses de la sociedad y no a las necesidades de una clase política en particular. Y lo que es más relevante, el poder disciplinario debe asegurar el cumplimiento de los fines del Estado de manera ponderada, sancionando a quien lo merece y superando las lógicas tradicionales de repartir cargos entre quienes votaron a favor de quien ganó la elección para ser la cabeza de la entidad.

Hasta el momento hay todo tipo de especulaciones sobre lo que será esta nueva era de la Procuraduría General de la Nación. Y si bien no hay que anticiparse con visiones fatalistas ni tampoco positivamente utópicas, sí hay que estar atentos sobre lo que sucederá con esta importante entidad. Colombia necesita de una Procuraduría que aporte decididamente a superar los flagelos que impiden alcanzar las aspiraciones constitucionales, por lo cual se espera que con independencia y objetividad la nueva Procuradora General de la Nación trabaje decididamente en este sentido.

* Director maestría en Derecho y Administración de Justicia de la Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá

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