Una Valencia del siglo XXI

Llegó al Congreso Nacional por elección popular y se convirtió en polémica abanderada del uribismo y de la oposición al gobierno de Santos.

No la pescarán fácil en una rumba larga y ruidosa, pero en cambio puede trasnochar, sin relojes a bordo, en una buena tertulia política salpicada con literatura y poesía donde pueda debatir a sus anchas ideas y opiniones. Porque Paloma tiene ideas y opiniones sobre todo. Y cuando digo sobre todo, no hay exageración. Por el contrario, quizás me quede corto. Paloma ha pensado en los temas del universo, en los del mundo, en los de Colombia y en los de Bogotá, Ibagué o la costa caucana. Paloma ha pensado en los temas de Santos y en los de Obama. En los de Mario Benedetti y en los de Armando Benedetti. En los de la economía, la seguridad, la movilidad y la paz. En los del macrocosmos y en los del microcosmos, con escalas en París, Jamundí, Chaparral, o en su perra Weimarainer. En fin.

Por eso, antes de ser congresista ya había estudiado las carreras de derecho y filosofía después de terminar su bachillerato en Popayán y ya había sacado su maestría en escritura creativa en la Universidad de Nueva York y ya había terminado su libro de cuentos Sobre la violencia y otras culpas y ya había publicado sus entrevistas en El Nuevo Siglo, y sus columnas en El País y El Espectador, y ya había hablado a diario desde los micrófonos de Mañanas Blu y en emisora local con el agudo sirirí, Mario Fernando Prado, en Oye, Cali y en la tribuna vallenata de Radio Guatapurí. Y claro está, en la fogosa tribuna radical de Fernando Londoño, su mentor. Y lo hace sin melosería de ninguna clase. Paloma es amable, respetuosa en su trato, pero no anda por ahí regalando sonrisas, ni pretendiendo, ahora que le dicen “honorable senadora”, emular a los campeones de la simpatía. Imagino yo que le tocó proceder así para que no anduvieran creyendo que era una niñita favorecida del destino a quien todo le caía gratis en la vida por ser hija, nieta y bisnieta de sus padres, abuelos y bisabuelos. Quizás por eso parece que quisiera cambiar de tema cuando le preguntan más de la cuenta por sus ilustres ancestros, cuyo legado asume con dignidad y sintiéndose orgullosa de sus aportes al país, pero entendiendo que en la Colombia de hoy ya no se encuentran las llaves del éxito en el baúl de los recuerdos. Ni siquiera en ese contingente prodigioso para Paloma, que entrecruza a sus abuelos, el gran Mario Laserna y el expresidente Guillermo León Valencia.

En medio de la multicolor familia Valencia de Popayán, en la que crecieron un expresidente conservador, un activista comunista (su tío Álvaro Pío) y una líder rojaspinillista, revela una particular devoción por su tía Pepa Valencia, doña Josefina Valencia de Hubbach, promotora del derecho al voto de las mujeres, la primera gobernadora mujer del Cauca, la primera ministra. Pareciera que Paloma quisiera ser una especie de Josefina del siglo XXI de la mano de Álvaro Uribe. Como cree en su proyecto político y en sus ideas, y como no le tiene miedo a nada, y como no la descresta el poder ni la atemoriza el desierto, Paloma habla duro, sin contemplaciones, no titubea, compara a Uribe con Bolívar sin importarle que los santistas y antiuribistas la tilden de fanática radical, sin amedrentarse.

* Excongresista y analista de Blu Radio.