'La UP sigue siendo el partido de la paz'

Aída Avella, tras 17 años en el exilio, llegó este martes para participar el viernes en el Congreso de la UP con un mensaje de respaldo a la paz.

Aída Avella en sus años de lucha política en Colombia, antes del exilio. / Archivo

Aída Avella salió de Colombia en 1996, después de sobrevivir a un atentado en la autopista Norte de Bogotá. Como presidenta de la Unión Patriótica (UP) había denunciado —junto a Manuel Cepeda y Hernán Motta— la existencia del “Plan Golpe de Gracia” para asesinar a los líderes de la UP que habían sobrevivido a previos ciclos de violencia genocida. El asesinato de Manuel Cepeda en 1994 y el atentado en contra de Avella, junto con otros cientos de asesinatos que estaban ocurriendo a lo largo del país, en particular en Urabá, demostraron que no existían las garantías para seguir aquí.

Después de 17 años viviendo en el exilio en Europa, ayer regresó al país para participar el próximo viernes en el Congreso Nacional de la UP. No sólo porque le han devuelto su personería, dice, sino porque cree que sigue siendo el partido de la paz, porque estamos en un momento crucial para seguir con sus postulados y porque el proceso de diálogo que adelantan el gobierno Santos y las Farc en La Habana (Cuba) merece el respaldo de la población y de las personas que están fuera de Colombia.

En diálogo con El Espectador, aún desde Europa, Aída Avella habló del presente de la Unión Patriótica, del proceso de paz y el futuro del país. Creo que mi generación —que fue una espectadora pasiva del genocidio de la UP y hoy está al frente de una posibilidad real de acabar el conflicto armado con las Farc— encontrará en esta entrevista algunas herramientas para iniciar una reflexión profunda que le permita identificar su papel para romper con los ciclos de violencia que han desangrando a nuestro país.

¿Cuál es el significado histórico y político del Congreso de la UP?
Es muy importante, después de que se ha hecho un acto de reparación al devolverle la personería jurídica. Pero hay que aclarar que no es suficiente: falta mucho por reconocer, porque miles de sus dirigentes fueron asesinados y el partido fue disminuyendo a medida que avanzaba el exterminio. Creo que los postulados con que se creó la UP, de contribuir a la paz, siguen vigentes. Naturalmente, esa presencia en la política nacional tiene que contribuir a construir un gran frente, una gran unidad de los sectores que no solamente luchamos por la paz sino que luchamos para airear la clase política en Colombia. Es un momento clave para entender que por encima de lo personal está el país, está salvar una representación parlamentaria que es muy importante y está salvar las ideas frescas dentro de la política. Por eso, hay que apoyar el surgimiento de nuevos liderazgos.

¿En qué contribuye su participación en este congreso?
Los exiliados tenemos muchos sentimientos iguales a los de quienes están en Colombia. Vemos que los poquísimos cambios no son suficientes para que este país que queremos tanto pueda seguir una senda diferente. Desde el exilio se pueden analizar las cosas con más serenidad. La gente que está por fuera siente ese deseo de contribuir para que Colombia cambie, para que podamos —al menos esta generación— vislumbrar y ver la paz. Pero yo no voy sola. Se ha conformado una coordinación de la UP en Europa. Varias personas van a ir. Todos vamos con el mensaje directo de contribuir a la paz y a la unidad de los sectores que pensamos diferente, sobre todo de la izquierda colombiana. Nos anima ese deseo inmenso de contribuir a que entre todos podamos llegar a impulsar con fuerza el proceso de paz que necesita Colombia.

¿Cree que hoy existen garantías para su regreso al país?
La situación ha mejorado un poco. No lo suficiente para que podamos regresar por un tiempo muy largo. Creo que ha mejorado porque se está haciendo justicia. Hay noticias que llaman la atención, como el reconocimiento del genocidio político en el caso de la condena de Hebert Veloza, H.H. En esto hay que reconocer el papel que ha jugado Jahel Quiroga al frente de Reiniciar y de la demanda por genocidio contra el Estado colombiano ante la Comisión de Derechos Humanos de la OEA.

¿Su visita es un espaldarazo al proceso de paz?
Si esta generación logra consolidar el proceso de paz, la historia de Colombia cambiará. Por eso veo que es tan importante volver. Estamos por la paz y haremos todo lo necesario para llegar a ella.

¿Comparte la decisión del presidente Santos de no hacer una pausa por las elecciones?
Las negociaciones tienen que seguir. Las partes no se pueden levantar. Hay que hacer una inmensa reflexión también con quienes no están de acuerdo con el proceso de paz. Hay grandes problemas que debemos tratar de resolver entre todos, como por ejemplo la corrupción. No hay institución que se salve en estos momentos, lo que no quiere decir que dentro de las instituciones no haya personas que estén haciendo bien su trabajo.

¿Cree que hay voluntad política para acabar con el conflicto?
Hay que valorar muy positivamente lo que ha hecho este gobierno al llamar al diálogo. Pero este proceso tiene grandes enemigos, que son quienes se han lucrado de la guerra. Por ejemplo, partes del estamento militar. Cada vez que sale un proceso de paz, dicen estar hastiados de la guerra, pero veo que no están tan hastiados. Nadie es enemigo de las Fuerzas Armadas, todos los países las tienen, pero ellas deben ayudar a resolver los problemas del país y no a acrecentarlos.

Y por el lado de las Farc, ¿hay voluntad?
Cuando se hace una negociación de paz siempre tiene que haber un aporte de todas las partes.

Si hay voluntad de las partes, ¿por qué no se ha llegado a un acuerdo?
Es complicado ponerle tiempos a la paz. Hay procesos que han durado más de 10 años; por ejemplo, en El Salvador e Irlanda del Norte. No queremos que en Colombia sea tan largo, pero hay que dar un espacio para poder alcanzar una paz que no se limite solamente a parar las acciones militares. Sin embargo, entre las dos partes tiene que haber un dinamismo.

¿Cuáles cree que han sido los avances de esta negociación?
Tan sólo el hecho de haberse sentado a conversar en medio de las adversidades es un avance muy importante. Los acuerdos en cuanto a la tenencia de la tierra son también fundamentales, aunque pareciera que a los dueños de la tierra les hace falta un poco de generosidad. No quieren sacrificar nada y en eso hace falta avanzar. Me parece que uno podría lograr avances si estos sectores de la sociedad se sientan un día a pensar en los otros, en cómo la gran mayoría de los colombianos también tienen derecho a una vida digna.

Que el proceso de paz cumpla un año, ¿es también un avance?
Sí, esa es una de las cosas positivas. Es extraordinario estar sentados un año hablando de los problemas del país. El proceso de paz más rápido en la historia reciente es el de Nepal, que duró cuatro años.

¿Cómo abordar en La Habana el punto de las víctimas?
El Estado tiene la misión de proteger a sus ciudadanos y lo que ha pasado, por ejemplo en el caso de la UP, es todo lo contrario. El reconocimiento por parte de la justicia es importante, sin embargo, el Ejecutivo tiene que reconocer que hubo un genocidio. Ese reconocimiento sería un paso muy importante para la reparación de las víctimas por parte del Estado. Respecto a las otras víctimas, la guerrilla tendrá que reconocer que ha cometido errores. Aunque no con la misma magnitud y barbaridad que lo hicieron las fuerzas estatales.

Un acuerdo de paz perfecto no existe. ¿Lo importante sería tener un acuerdo lo más completo posible para poder transitar hacia el posconflicto?
En muchos casos, lo que cuenta para llegar a un acuerdo es la fatiga de la guerra y el deseo por parte de la población de que termine el conflicto. Eso ha sido determinante en todos los procesos. Por eso tenemos que mirar la historia y preguntarnos qué vamos a hacer si la mayoría de los procesos terminaron en amnistías, cómo lograr entonces un acuerdo de paz.

¿Qué opina de la actitud de los que se oponen a la negociación?
La actitud del procurador muestra que debemos hacer una gran reflexión con los que están a favor del proceso, para agilizarlo, y con los que están en contra, para entender qué quieren. Uribe ganó las elecciones diciendo que iba a construir la paz con los fusiles. Ocho años hizo la guerra para acabar con la guerra y no pudo. ¿Por qué no dejar que se intente otro modelo? Los que hicieron la guerra deberían estar más del lado de la paz, porque la historia demostró que no pudieron, ¿o será que necesitan otros 200 años más para acabarla? Lástima que en Colombia no tengamos una larga tradición de estadistas y en cambio tenemos una manada de oportunistas, de vividores de la guerra.

* Investigador asociado, Centro de Criminología (Universidad de Oxford), Centro de Investigación en Conflicto y Seguridad (Universidad de Sussex) y Centro Nacional de la Memoria Histórica. Miembro de Bacup y ReD.

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@AndGomezSuarez