Uribe ataca a Santos pero no responde sobre supuestos nexos de su hermano con 'paras'

Santos había pedido "no defender con consignas facilistas lo que deberían defender en los juzgados". El uribismo se sintió aludido y respondió a través del expresidente y hoy senador.

Archivo El Espectador

La distancia política entre el presidente Juan Manuel Santos y el senador Álvaro Uribe Vélez es cada vez más grande. Lejos, muy lejos quedaron ya las épocas de las correrías políticas en compañía y la unión de fuerzas para arremeter contra quienes cuestionaran las políticas del gobierno de Uribe (2002-2010) y cada vez son más comunes los agravios, desplantes, mensajes a través de terceros y hasta los amagos de presentar reclamos ante las autoridades por supuesta persecución o tergiversación de ideario político de uno y ortro. 

El ejemplo más reciente ocurrió este viernes cuando, desde su finca en Rionegro, Antioquia, y con toda la ceremonia que caracteriza sus apariciones públicas, Uribe Vélez salió a responder una declaración en la que Santos había arremetido -sin nombrarlos- contra los miembros del Centro Democrático que aseguraban que la captura de Santiago Uribe era consecuencia de una persecución oficial contra el expresidente y su familia. (Lea No sigan defendiendo con consignas facilistas lo que deberían defender en los juzgados: Santos)

Las protestas de los uribistas, que incluyeron marchas de congresistas con pancartas pidiendo la renuncia de Santos, jornadas de trinos (varios de ellos desobligantes) contra el Ejecutivo y hasta el retiro de la bancada del Centro Democrático en pleno debate a la Ley que permitirá la concentración de los guerrilleros de las Farc que se van a desmovilizar, apuntaban incluso a que era el propio Santos el que quería ver tras las rejas a los Uribe. (Lea: 'To-con-Ur', la estrategia del Gobierno con los ministros contra el Centro Democrático)

Por supuesto que dichas protestas hallaron pronta respuesta en la bancada gobiernista del Congreso y en el mismo gabinete ministerial, desde donde el uribismo recibió fuertes críticas porque sus ataques al santismo no solo fueron considerados sin fundamento sino también irrespetuosos. 

Fue en este contexto en el que Uribe decidió intervenir ayer y lo hizo con un documento en el que, al mejor estilo de los más sonados casos de su Gobierno se las arregla para enfatizar en los señalamientos sin argumentarlos. Así, por ejemplo, mencionó que la intención de la administración Santos es conceder impunidad a la guerrilla de las Farc, que hay una supuesta injerencia del presidente en los órganos de control (Contraloría y Procuraduría) y que incluso hay presión al Congreso a través del dinero. 

Dijo que "Santos coordina e impone la impunidad al narco terrorismo, para lo cual nada ahorra en aquello de someter a las instituciones y de coaccionar a los disidentes". Lo que no hizo fue recordar que cuando él como presidente promovió la desmovilización de los paramilitares su bancada en el Congreso fue implacable para hacerle sentir a la oposición el poder de las mayorías. Ni que incluso él mismo tildaba de promotores del terrorismo a algunos de sus contradictores políticos.

También habló sobre supuestas violaciones a la Constitución por parte de Santos y de maniobras extrañas para tratar de reformarla. Eso sí, no aludió a las maniobras practicadas durante su Gobierno para modificar la misma Carta Política que defiende ahora, logrando incluso que se le permitiera ser presidente dos veces, tal y como lo logró gracias a la compra del voto de la entonces congresista Yidis Medina, como ella misma confesó ante la justicia. 

En la época en la que Uribe era presidente se hizo célebre por su vehemencia en el ataque pero también por su tendencia a eludir las preguntas difíciles con una expresión que rápidamente se hizo popular entre los periodistas que cubrían la Casa de Nariño: "Siguiente pregunta". De vez en cuando, también en medio de cuestionamientos complejos acudía a una estrategia igualmente ingeniosa que consistía en hablar de un tema distinto a aquel sobre el cual se le estaba indagando. Eso es, palabras más palabras menos, lo que hizo este viernes. Se limitó a atacar a Santos pero nunca refutó los argumentos concretos de la Fiscalía contra su hermano. De hecho, siendo que la controversia es por el envió a prisión de Santiago Uribe, nisiquiera lo mencionó a él, ni dijo una palabra sobre el grupo paramilitar de los "12 apóstoles", aquel al que, según el ente investigador, habría pertenecido el hermano del hoy expresidente y senador. 

La pelea va para largo y lo peor para el país es que ambos (Santos y Uribe) tienen un importante caudal electoral y en un momento tan decisivo como el de la inminente suscripción del acuerdo de paz con las Farc lo deseable sería que en vez de estar agraviándose a través de los micrófonos contribuyeran para que cese la polarización política y la discusión pueda darse con cabeza fría, sea cual sea el escenario. Esto no signifca que tengan que estar necesariamente de acuerdo ni que sea necesario un apoyo unánime a las propuestas del Ejecutivo, de lo que se trata es de asegurar que la suscripción de acuerdos políticos con los armados no derive en nuevos desacuerdos con otros actores de la política ni sirva de excusa para que más adelante se presenten dificultades que se pueden evitar en la fase de implementación, ya de por sí compleja. 

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