Uribe también intentó acuerdo con la Otan

La historia de cómo en 2006, Colombia intentó ser ‘miembro extra’ de la OTAN, en un contexto similar al que vive hoy el país con sus vecinos.

Si bien la tormenta se calmó con la aclaración por parte del Gobierno colombiano de que no se está buscando ser miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) –algo que ya se sabe ni siquiera puede ser posible-- sino un acuerdo de cooperación, en el ambiente quedó la sensación de que el presidente Juan Manuel Santos sigue queriendo tomar distancia del llamado ‘bloque chavista’ en la región, léase Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

Ya se sabe que todos pegaron el grito en el cielo. Daniel Ortega, el presidente nicaragüense, calificó el anuncio como “una puñalada”; el mandatario boliviano Evo Morales como “una provocación” y el jefe de Estado venezolano Nicolás Maduro como “una aberración”. Incluso se propuso convocar una reunión de emergencia de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que cuenta con un Consejo Suramericano de Defensa, para tratar el tema.

Sin embargo, aquella premisa de que somos un pueblo sin memoria podría aplicar perfectamente a la actual situación que se ha dado entre Colombia y sus vecinos. En 2006, siendo presidente Álvaro Uribe y su canciller Carolina Barco, ya Colombia había insinuado la posibilidad de ser “miembro extra” de la OTAN, supuestamente por sugerencia de algunas autoridades de la primera potencia mundial, dentro de un plan que buscaba explorar la conformación de un grupo de países latinoamericanos “amigos” de la organización.

“¿El Gobierno de Estados Unidos, formal o informalmente, ha comentado la posibilidad de que Colombia ingrese como miembro en alguna circunstancia de la OTAN?”, le preguntaron a la canciller Barco durante una entrevista radial en mayo de 2006. Su respuesta fue concisa pero directa: “Estados Unidos ha propuesto que miremos toda nuestra relación y lo que tiene que ver con los distintos aspectos. Esta es una de las posibilidades que se ha planteado, pero no es la única (…) en este momento no hay ninguna decisión”.

Entonces no hubo mayor escándalo, aunque algunos analistas plantearon en ese entonces sus dudas sobre la conveniencia de esa decisión. “Entrar a la OTAN sería el segundo error estratégico de este Gobierno con Venezuela. El primero fue el intento de comprar unos tanques de guerra viejos a España”, dijo Rafael Pardo, en ese entonces senador liberal y hoy ministro de Trabajo del Gobierno Santos. A su vez, la excanciller María Ema Mejía señaló: “Creo que la OTAN no está mirando a este lado, pero la idea no solo es peligrosa sino indeseable para Colombia”.

Pero para algunos sectores del Ejército colombiano, el tema fue mirado con simpatía. También en ese momento, la politóloga Laura Gil comentó una anécdota como profesora de alumnos militares. Reveló que se mostraron entusiasmados cuando escucharon la propuesta de hacer un acuerdo con la OTAN y que cuando les dijo que Colombia ya no tenía necesidad de hacer parte de la TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), “uno de ellos me dijo que sí lo era porque ahora existe un comunismo disfrazado”.

Puede que mucha agua haya corrido desde ese entonces, pero la actual coyuntura es bastante similar con respecto a las discrepancias que se están viviendo con Venezuela. En un análisis hecho por la página en internet contexto.org, organización privada de evaluación de la política exterior peruana, se propuso en ese momento un escenario que perfectamente cabe hoy en día, no sólo en lo que tiene que ver en las relaciones con la región sino con el proceso de paz que se adelanta en La Habana con las Farc.

Decía, por ejemplo, que la vinculación de Colombia a la OTAN complicaría la relación con un gobierno antioccidental como el venezolano, incrementaría la exposición del escenario amazónico a un número de potencias extraregionales (en probable contraposición con el interés brasileño) y escalaría eventualmente la beligerancia de las fuerzas subversivas activas en Colombia.

Pero a la vez, se daban respuestas a cada uno de esos argumentos: “Venezuela podría atenuar su hostilidad frente a un vecino eslabonado con la primera alianza del mundo, Brasil podría estar interesado en la cooperación de seguridad con ese régimen de seguridad siempre que se respete su soberanía amazónica y las fuerzas subversivas podrían inclinarse más rápidamente por la negociación si comprenden que no estarían enfrentando sólo al gobierno del presidente Uribe sino a la mayor institución de seguridad de Occidente”.

Volviendo al presente y el anuncio del presidente Juan Manuel Santos que generó tanto revuelo, Rubén Sánchez, politólogo especialista en seguridad y democracia del Instituto de Ciencias Políticas de París, considera que, efectivamente, la decisión “contribuye a ahondar la brecha” entre los países con gobiernos de izquierda integrados en la llamada Alternativa Bolivariana para Nuestra América (ALBA) y Estados Unidos y sus aliados. “Colombia busca estrechar las relaciones con Estados Unidos, ser uno de sus aliados preferenciales en América Latina, pero pierde lo que se había ganado con la diplomacia”, explicó Sánchez, quien cree que la ayuda estadounidense del Plan Colombia se ha reducido y se va a reducir aún más, por lo que Colombia estaría buscando “compensación en otra parte”.

Para Vicente Torrijos, profesor de estudios políticos en la Universidad del Rosario, la ventaja de un acuerdo con la OTAN sería la de darle “mayor legitimidad” a las acciones que se emprendan. “Estados Unidos sabe que puede cooperar con Colombia en cualquier momento, pero tendría mayor legitimidad en el marco de una gran alianza y no unilateralmente”, dijo. “Colombia no tiene recursos para embarcarse en una carrera armamentista, ni tampoco la quiere. La OTAN es un modelo social y económico afín al de la democracia liberal colombiana, y representa una manera de estar a salvo de las aventuras militaristas en la región”, agregó.

¿Qué busca el presidente Santos con anuncios cómo el de hacer acuerdo con la OTAN o acercarse al líder opositor venezolano Henrique Capriles? Son las preguntas que hoy están sobre la mesa. Dicen que Colombia estaría buscando ser “aliado extra” de la Organización, como lo fue Argentina en 1997. O que la otra opción sería ser ‘partnership for peace’', es decir, del grupo de países que no tienen el estatus de miembro pleno de la OTAN, pero que se dedican a reforzar las operaciones de paz. Una alternativa posible de cara a la negociación con las Farc en Cuba y que encuadra en algo que hasta ahora esa guerrilla ha negado: la búsqueda de acercamientos para que el proceso de paz sea más sólido y la extradición deje de ser una sombra sobre los jefes guerrilleros.
 

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