Uribe y el efecto del gobierno paralelo

La presencia del expresidente en la tragedia de salgar muestra, de nuevo, la habilidad de la oposición para insertarse en la agenda nacional.

EFEÁlvaro Uribe Vélez, expresidente colombiano.
La presencia simultánea del presidente Juan Manuel Santos y del senador y expresidente Álvaro Uribe en Salgar (Antioquia) a pocas horas de ocurrida la avalancha que acabó con la vida de más de 60 personas fue un signo alentador para muchos. El hecho de que ambos líderes pudieran solidarizarse con la tragedia más allá de sus diferencias políticas fue visto como un símbolo de unión nacional ante la adversidad. 
 
 Sin embargo, para otros, fue un signo de oportunismo político de parte del expresidente Uribe, más allá de que Salgar fue la población donde creció y cuna de su familia materna.  En las redes sociales, algunos antioqueños convocaron al envío de ayudas a los salgareños a través de las oficinas de campaña de Liliana Rendón, aspirante por el uribista Centro Democrático a la gobernación de Antioquia,  y otros más advirtieron que se estaba empleando la tragedia para posicionar electoralmente a la candidata y a su partido. 
 
Pero más allá del debate sobre las motivaciones reales del expresidente para visitar Salgar, su presencia en esa población es el último de los episodios en los que su agenda eclipsa la del Gobierno. Las cámaras y los micrófonos, que en estas circunstancias parecen reservadas para las respuestas de los jefes de Estado a las emergencias, no tuvieron más camino que posarse sobre Uribe y sus mensajes de afecto a las víctimas de la tragedia. 
 
No es nuevo el debate sobre la habilidad del líder del Centro Democrático para poner al Gobierno, en el juego de la política mediática, a responder a sus movimientos. Por ejemplo, hace más de un mes, cuando las Farc atacaron al Ejército en Buenos Aires (Cauca) y 11 uniformados murieron, Uribe fue invitado por el padre de uno de los caídos al funeral. El exmandatario asistió al velorio en Carmen de Bolívar y puso los reflectores sobre sí cuando Santos lideraba un acto simbólico en Bogotá en honor a los militares muertos. 
 
En ocasiones la efectividad de Uribe también está en el escenario en el que se desenvuelve. Por ejemplo, la semana pasada, Sergio Jaramillo, el alto comisionado para la paz, concedió una entrevista a la BBC y allí habló de la posibilidad de que Ricardo Palmera, alias Simón Trinidad, miembro de las Farc detenido en Estados Unidos, volviera a Colombia como resultado de las negociaciones que actualmente se desarrollan con esa guerrilla en La Habana, Cuba. 
 
Uribe, en paralelo, se encontraba en Estados Unidos siendo homenajeado por congresistas latinos con arraigo en las huestes conservadoras de ese país y allí se opuso frontalmente a la posibilidad de que la justicia norteamericana conceda eventualmente la libertad de Trinidad.  Cuando apenas el Gobierno reactivaba la posibilidad en el plano internacional, el líder del Centro Democrático logró hacer eco de sus posiciones en la audiencia republicana estadounidense.
 
Estos son apenas tres episodios que evidencian capacidades del senador para posicionarse en la agenda mediática provocando un efecto que bien podría ser denominado de ‘gobierno paralelo’. La capacidad efectista de estar en el lugar donde las emociones de la opinión pública lucen más agitadas y de incidir en los debates y en las agendas mediáticas al mismo nivel del Presidente parece ser una lección aprendida por la oposición.  
 
Mientras tanto, en el Gobierno, cada evento resulta siendo una prueba para asumir posiciones propositivas y no reaccionar a voluntad del líder del Centro Democrático.  El poder Ejecutivo ha optado por hacer sus tareas y debatir públicamente solo en contadas ocasiones. Aunque sus actuaciones no resulten tan carismáticas como las de la oposición, por lo menos en el último episodio, el de Salgar, Juan Manuel Santos, de cara al público, obvió la presencia de Uribe y se concentró, precisamente, en ejecutar.