Venezuela, instrumento del juego político

De izquierda o derecha, todos los sectores en Colombia sientan posición sobre la crisis.

Los presidentes Nicolás Maduro y Juan Manuel Santos. /Presidencia
“Si Venezuela se resfría, Colombia estornuda, y viceversa”, es una frase que ha hecho carrera en ambos países y que describe el efecto que ha tenido para los distintos sectores de la política colombiana la crisis del vecino país. Desde el presidente Juan Manuel Santos hasta las oposiciones de izquierda y derecha, pasando por sectores independientes como el conservatismo y los verdes, los líderes colombianos tratan de capitalizar en el plano local las polémicas que envuelven al gobierno de Nicolás Maduro y construyen discursos que van del respeto a la autonomía a la condena al chavismo.
 
Como se ha vuelto costumbre desde aquel 6 de diciembre de 1998, en el que Hugo Chávez ganó las elecciones presidenciales en Venezuela, la política del vecino país se ha vuelto un tema de polarización en Colombia. No sólo por temas propios de las relaciones bilaterales como la neutralidad del gobierno bolivariano en el conflicto armado colombiano, sino también por medidas económicas y políticas propias del gobierno del “Socialismo del siglo XXI”, que son percibidas como un riesgo regional por sectores colombianos.
 
La captura del alcalde de Caracas, el opositor Antonio Ledezma, el pasado 19 de febrero, no fue la excepción y abrió el debate en los medios de comunicación colombianos sobre las garantías democráticas que tiene la oposición en Venezuela y el papel que debe asumir el Ejecutivo colombiano frente a la crisis política y económica del gobierno de Caracas.
 
El Centro Democrático encontró una oportunidad y puso las luces sobre el gobierno Santos cuando su líder, el expresidente Álvaro Uribe, dijo que “Santos, por congraciarse con las Farc, no es capaz de ponerse del lado de las víctimas del atropello de Maduro contra la democracia”, al tiempo que pidió al Gobierno llamar a la comunidad internacional para que “actúe” en Venezuela en lo que, a su juicio, “no se trataría de una intervención en contra de la soberanía, sino en favor de la democracia, como lo manda la Carta Democrática”.
 
Con la pelota en el terreno de la Unidad Nacional, este jueves, en una entrevista que concedió a la agencia Efe, Santos sentó posiciones y señaló que “el futuro se puede construir sólo si ambas partes se sientan a dialogar. De otra forma va a ser muy difícil encontrar salida a los problemas que se están viviendo en Venezuela”. Y, luego de ser cuestionado sobre su disposición para ser mediador, el presidente respondió que “si las dos partes lo solicitan, por supuesto. Sería ideal que se pusieran de acuerdo para solucionar esa situación tan difícil. Si nosotros podemos poner nuestro granito de arena, respetando la autonomía de Venezuela, ahí estaremos”.
 
Por su lado, el conservatismo entró a jugar y, en la sede de la Organización de Estados Americanos en Bogotá, algunos de sus líderes, como la excandidata presidencial Marta Lucía Ramírez y el presidente de la colectividad, el representante David Barguil, radicaron un documento en el que solicitaron “medidas cautelares que protejan los derechos políticos de líderes de la oposición como Antonio Ledezma, María Corina Machado, Henrique Capriles, Julio Borges y Leopoldo López, que hoy se ven amenazados por el régimen chavista”. “Exigimos al gobierno de Maduro que respete la Carta Democrática de la OEA y acate eventuales medidas cautelares”, añadió Barguil, quien dijo que el texto expuso específicamente violaciones de derechos y está limitado a sujetos específicos. De tal manera que “debe ser tenido en cuenta” por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). No obstante, analistas coinciden en que se trata de una denuncia con más efectos prácticos en la política local que en el Sistema Interamericano. 
 
Otros jugadores de la arena política colombiana han encontrado espacio para elaborar sus discursos. Mientras que el Polo Democrático ha llamado al no intervencionismo en la agenda interna venezolana, la Alianza Verde ha expresado “solidaridad plena con la sociedad venezolana. Avanzar en medio de la polarización es su mayor reto como país. Instamos al gobierno venezolano y a la oposición para que propicien las garantías necesarias para el ejercicio político en su país. Este sería un gesto ante el mundo que preservaría el diálogo democrático para la resolución de conflictos en Venezuela”.
 
En el fondo, la coyuntura trasciende el debate de las garantías democráticas que ofrece el chavismo a la oposición. El papel del fallecido Hugo Chávez y del actual gobierno en el proceso de paz con las Farc, la crisis social por la llegada masiva de venezolanos y dinámicas económicas como el contrabando que ya se viven en la frontera, así como los millones de colombianos que habitan del otro lado, son variables que mide milimétricamente el gobierno de Bogotá al sentar posiciones y la oposición para plantear disidencia. La regla de Santos es la diplomacia, aunque no puede escapar del debate y por eso hace equilibrio entre los que piden intervenir y quienes hablan de respeto total a la autonomía venezolana.
 
La política, del otro lado de la frontera de 2.219 kilómetros que divide a ambos países, no se hace de una forma muy diferente. Colombia ha sido instrumentalizada por el chavismo para dar cuenta de las causas de la crisis económica y democrática. “La élite bogotana”, “los medios de comunicación”, “el expresidente Uribe” y “los paramilitares que entrenan golpistas” son, de acuerdo con los propios discursos de Nicolás Maduro, amenazas constantes a la estabilidad de Venezuela. Para la oposición, los micrófonos y líderes políticos colombianos son aliados y áulicos de su discurso de cambio y sus denuncias de persecución.