Las verdades para encarar a las víctimas

El optimismo frente al proceso de paz de la campaña reeleccionista hace pensar que se avecina un acuerdo.

El presidente Juan Manuel Santos reunido con víctimas del conflicto armado. / SIG

A siete semanas de las elecciones presidenciales, huele a un nuevo acuerdo en las conversaciones de paz entre el gobierno Santos y las Farc en La Habana. Este viernes comenzó la vigésimo tercera ronda de diálogos, que busca desempantanar la discusión sobre el problema de las drogas ilícitas y, por las declaraciones de los delegados de las partes, se advierte que se perfilan “avances sustanciales”. Pero más allá de que se logre a corto plazo un tercer acuerdo en el proceso de paz, un aspecto inesperado le ha dado confianza a la mesa: la aceptación de que la verdad histórica sea su componente fundamental.

Casi desde el inicio de las negociaciones en Cuba surgió la necesidad de una Comisión de la Verdad. No obstante, esa urgencia llegó acompañada de una discrepancia entre Gobierno y guerrilla en torno a cuál debe ser el período que abarque esa instancia. Esta semana se dieron pasos importantes en este aspecto. Primero fue el jefe de la delegación del Gobierno, Humberto de la Calle, quien después de admitir que “no puede haber fin del conflicto sin verdad”, aceptó que esa comisión exista, pero una vez se firme el acuerdo final que concluya la guerra, es decir, cuando se evacuen los seis puntos de la agenda de diálogos.

Su argumento quedó sustentado en una frase: “El Gobierno concibe la verdad como un instrumento real para la paz y no como una herramienta táctica para las negociaciones”. De paso, De la Calle insistió en que el Ejecutivo ha hecho sucesivos reconocimientos de responsabilidad por violaciones cometidas por agentes del Estado y ha asumido las reparaciones correspondientes. Este viernes fue el jefe de la delegación de las Farc, Iván Márquez, quien abordó el mismo tema, pero con una variable: no habló directamente de la comisión de la verdad, sino de una comisión de esclarecimiento de las causas y responsabilidades del conflicto.

Iván Márquez resaltó que no es la verdad que propone el Gobierno para después de la firma del acuerdo de paz, sino que para poder abordar el siguiente punto de discusión en La Habana, una vez concluya el debate sobre las drogas ilícitas, es indispensable esa comisión de esclarecimiento. En otras palabras, que para entrar al “decisivo asunto de las víctimas y máximos responsables, es urgente que se determine cómo se dieron los hechos de violencia que derivaron en seis décadas de conflicto armado”. El comandante guerrillero lo calificó como una “alerta temprana”, para superar los obstáculos del presente.

En el fondo, la delegación de la guerrilla sabe que el ambiente político del país no es favorable a sus pretensiones, y que la forma de preservar los diálogos en estos días de extrema sensibilidad electoral, es demostrar voluntad de paz. Además, el Gobierno le ha dejado claro a la guerrilla que no tiene mucho margen de maniobra en estos momentos, si no se dan resultados convincentes en La Habana. Por eso, la premisa es clara: avanzar hacia un acuerdo. En respuesta, las Farc saben perfectamente que después del debate sobre drogas ilícitas viene uno de los temas más espinosos: las víctimas del conflicto armado.

Es en este contexto en el que surge otro escenario clave para que esa transición hacia el debate de las víctimas se dé en un ambiente más amplio que la propia mesa de diálogos: el Consejo Nacional de Paz. Su reactivación se dio esta misma semana y, aunque la manera como será conformado seguramente va a generar una discusión paralela de insospechados efectos, lo cierto es que su anunciado coordinador, el exalcalde de Bogotá Luis Eduardo Garzón —hoy en la campaña reeleccionista como director para la paz y la reconciliación— ya empezó a moverse con su acostumbrado estilo de frases efectistas.

Este viernes, por ejemplo, cuando los jóvenes de Buenaventura le pidieron que les dejara un mensaje, recordó sus tiempos de grafitero contra el Estado de Sitio en los años 80 y escribió en un muro blanco: “La paz ya viene”. Un abrebocas para el Consejo Nacional de Paz, cuya integración está por resolverse, pero que por estos días va a tener una plataforma adicional que también encaja con las urgencias de la mesa de diálogos en La Habana. El próximo 9 de abril se conmemora el día de las víctimas, tal y como lo estableció la Ley 1448 de 2011, y el gobierno Santos no piensa dejara pasar esta oportunidad de oro.

De hecho, esta misma semana, varias organizaciones de víctimas adhirieron a su campaña reeleccionista y, en Cali, el mandatario recordó que fue su gobierno el que logró aprobar la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras que le abrió el camino al proceso de paz. En su apoyo, la presidenta de la Asociación Nacional de Víctimas y Premio Nacional de Paz 2012, Carmen Palencia, invitó a la gente de su misma condición a apoyar a Santos para que la ley referida no quede guardada en las gavetas. Una forma de ambientar las discusiones en La Habana y al mismo tiempo ganar adeptos para la opción reeleccionista.

No es la única iniciativa de este estilo. En Santander de Quilichao (Cauca), en el marco de la instalación de la Red de Alcaldes y Gobernadores por la Paz, también esta semana, el alto comisionado, Sergio Jaramillo, habitualmente circunspecto y distante, se mostró efusivo cuando dijo: “Tenemos que prepararnos para la paz y entender cuáles son las cosas que tenemos que hacer entre todos, porque la base de la construcción de la paz es la participación de la ciudadanía y de las comunidades en los territorios”. Es decir, ganando terreno para que la paz sea el tema que decida las elecciones del 25 de mayo.

Tan claro que hasta el propio candidato a la Vicepresidencia, Germán Vargas Lleras, quien siempre ha tenido un discurso duro contra las Farc, esta semana se le oyó decir que estaba dispuesto a pasar la página de los tres atentados que sufrió por cuenta de la guerrilla. Aunque recalcó que las Fuerzas Militares no deben bajar la guardia en su defensa del país, también insistió que no guarda rencor alguno y que él, como víctima directa de la insurgencia, celebraría que se firme la paz. Una evidencia más de que el Gobierno quiere enviar mensajes claros a La Habana para que sean debidamente correspondidos.

Por su parte, la guerrilla insiste en un acuerdo para humanizar el conflicto e incluso este viernes le propuso al Gobierno hacerlo sobre el uso de explosivos en el conflicto armado. Una respuesta directa al vicepresidente Angelino Garzón, quien horas antes les había pedido a las Farc que se comprometieran a proscribir el uso de las minas antipersona. Detrás de las palabras quedaron en evidencia los reclamos de la guerrilla para que se reconozca que también la Fuerza Pública ha utilizado estos artefactos y saber hasta cuándo hace parte de la Comisión de Esclarecimiento del Conflicto Armado.

En resumidas cuentas, entre el va y viene de las declaraciones, los anuncios del presidente Santos de que si no es con él la paz se queda sin timonel y los gajes propios de la campaña electoral, todo apunta a que de La Habana van a llegar noticias en los próximos días. Los más optimistas quieren que sean el acuerdo sobre drogas ilícitas y la ñapa de un cese unilateral del fuego por parte de la insurgencia. Como están hoy las cosas, no se descarta que las Farc les cojan la caña. Eso sí, en un contexto en el que el Consejo Nacional de Paz y la Comisión de Esclarecimiento pueden ser factores decisivos.

En mayo de 2013, cuando arreciaban las críticas del uribismo incluyendo la revelación de unas coordenadas para suspender operaciones militares en una zona, hubo acuerdo agrario. En diciembre del mismo año, cuando despuntaba la campaña electoral y crecían los rumores del fin de la mesa de diálogos, se logró el acuerdo de participación en política. Ahora se acercan las justas presidenciales y se rumora que viene el tercer acuerdo, esta vez sobre las drogas ilícitas. Pero la parte gruesa del proceso de paz está por venir y el debate sobre las víctimas es el primer desafío. Con los tiempo actuales, la forma de encararlo es directamente proporcional a la búsqueda de la verdad histórica.

 

@Nenarrazola

@AlfredoMolanoJi