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Violencia y conflicto, al pie de la letra

¿Qué dicen los múltiples ensayos de la Comisión Histórica del Conflicto y la Violencia (CHCV)? Un análisis de estadística textual ofrece luces sobre las diversas lecturas realizadas por los comisionados.

María Emma Wills, Daniel Pécaut, Francisco Gutiérrez Sanín, Jorge Giraldo, Alfredo Molano Bravo, Vicente Torrijos y Sergio de Zubiría. / El Espectador y revista Semana
Durante ocho años el uribismo invisibilizó la intelectualidad colombiana estudiosa de la violencia, asegurando que en Colombia no existía un conflicto armado. Por primera vez, seis intelectuales propuestos por las Farc y seis por el Gobierno conformaron la Comisión Histórica del Conflicto y la Violencia (CHCV) creada durante el actual proceso de negociación. Allí expusieron en un extenso estudio su visión sobre los orígenes, las causas y las consecuencias de la violencia del país durante sus últimos cinco lustros.
 
Los autores plantean los múltiples factores que han dado origen a la confrontación liberal-conservadora, al período de Gaitán, al Frente Nacional, al nacimiento de las guerrillas, los vientos de las revoluciones cubana y sandinista, la supremacía de los Estados Unidos, el capitalismo y el neoliberalismo, la economía de la droga y el paramilitarismo.
¿Cómo analizar cerca de 900 páginas con informaciones tan variadas? ¿Cómo interpretar hechos históricos y planteamientos teóricos tan disímiles como los que van desde los años 20 con el nacimiento de las autodefensas campesinas a las teorías contra el terrorismo surgidas a partir del 11 de septiembre de 2001? ¿Podemos caracterizar el lenguaje utilizado por cada uno de los autores?
 
Un análisis de estadística textual nos ofrece luces sobre las múltiples lecturas de los comisionados. En primer lugar, se deduce claramente que el país vive un conflicto armado, de carácter político y social y que ha perdurado en el tiempo. Los sustantivos más utilizados lo demuestran: Colombia, conflicto, Estado, política, guerra, violencia años, social, país, nacional. Están también los diferentes actores: Estados Unidos, guerrillas, paramilitares, élites, víctimas, Ejército. Finalmente las principales causas: tierras, economía, recursos, lucha, propiedad, seguridad, narcotráfico y secuestro.
 
El estudio presenta las diferentes calificaciones de los autores a un mismo fenómeno. Mientras Daniel Pécaut habla de conflicto armado, Francisco Gutiérrez prefiere referirse al “conflicto colombiano” y Sergio de Zubiría habla de “conflicto interno”. Si Vicente Torrijos hace referencia a “un conflicto irregular” o “un conflicto polimétrico”, Darío Fajardo y Sergio de Zubiría mencionan más el “conflicto social y armado”. Por su parte, Jorge Giraldo habla de un conflicto bélico y María Emma Wills subraya la caracterización del conflicto de dimensiones nacionales y naturaleza política.
 
En segundo lugar, el análisis estadístico nos permite constatar que mientras los comisionados propuestos por el Gobierno tienen un vocabulario más homogéneo, los comisionados propuestos por las Farc tienen uno bastante diferente entre sí. En el grupo más homogéneo se encuentran Gutiérrez, Pécaut, Giraldo y Wills. En sus documentos se pueden destacar múltiples temas que han incidido en el desarrollo de la violencia: el problema agrario, la debilidad institucional, las profundas desigualdades, el uso de las armas y la participación en las urnas y la debilidad del Estado. Los temas centrales de este grupo son: violencia, grupos armados, Farc, Frente Nacional, guerrillas, izquierdas, los años ochenta, paramilitares, desigualdad y víctimas.
 
De manera general, los comisionados consideran que el narcotráfico es uno de los grandes elementos que refuerzan a los grupos armados y la persistencia del conflicto. Gustavo Duncan es quien más trabaja conceptos como el narcotráfico, el secuestro, las élites, la insurgencia y la criminalidad.
 
¿Cómo interpretar la lejanía de los comisionados de las Farc? La lectura indica que autores como Renán Vega, Sergio de Zubiría o Alfredo Molano estudiaron prioritariamente un tema para aprehender el conflicto en toda su complejidad. Vega estudia cuidadosamente la injerencia de los Estados Unidos y el surgimiento de la contrainsurgencia, Molano destaca los orígenes del problema agrario y Zubiría plantea los efectos negativos del aplazamiento de las reformas sociales y las consecuencias negativas del neoliberalismo.
 
Aunque Fajardo y Molano consideran que la tierra es el corazón del conflicto social y armado, utilizan un vocabulario diferente. Fajardo se ocupa de la desigualdad en el campo a través de la mala distribución de la tierra, la concentración de la gran propiedad y las limitaciones del desarrollo económico. Las palabras mayormente utilizadas son: tierra, pobreza, la propiedad, baldíos, agricultura, económico, desarrollo, presiones, las haciendas, trabajadores y distribución.
 
Molano, por su parte, expone un relato histórico rico en referencias a los orígenes y a los actores de la época. Allí toman vida el mítico Marulanda, los partidos Liberal y Conservador, los expresidentes López Pumarejo, Ospina Pérez o Laureano Gómez. Pero también otros actores como el Ejército, la Policía, los colonos, los campesinos y los arrendatarios. Asimismo describe las zonas donde surgió la rebeldía: Sumapaz, Tolima, Cauca, Valle, Cundinamarca, Puerto Berrío, Puerto Wilches.
 
En el caso de Vega se encuentra un vocabulario sobre el papel de Estados Unidos en el conflicto: “asistencia militar, Colombia, militares, mercenarios, inteligencia, anticomunismo, antiterrorista, Plan Colombia, DAS, Washington”. Vega demuestra que los orígenes de la contrainsurgencia son anteriores a la creación de los movimientos guerrilleros. Recuerda que en 1936 el diario El Colombiano aseguraba: “El triunfo del partido Liberal se convirtió en una victoria comunista (…) Por todas partes se ve, se siente la garra marxista”. Frases tan vigentes hoy con la calificación del uribismo al supuesto “castro chavismo santista”.
 
De todos los comisionados, Torrijos es el único con una acentuada retórica uribista: terrorismo, terroristas, autoritarismo marxista, autoritarismo subversivo, bandas criminales (bacrim), la revolución bolivariana, amenaza, Venezuela y seguridad democrática. Las oposiciones entre los comisionados no se deben solamente al vocabulario, sino a los puntos de vista. Mientras para Torrijos la Seguridad Democrática fue exitosa, Molano expone los grandes reveses de esta política: “En términos de percepción pública de la época, la Seguridad Democrática, política de Álvaro Uribe, fue un éxito. El Gobierno dio cifras sobre la disminución de homicidios y secuestros, pero Naciones Unidas mostró el aumento de las desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y desplazamiento”.
 
El estudio cuantitativo de estadística textual nos muestra la presencia o ausencia de conceptos. Queda claro que una de las claves en el proceso de La Habana será la de acercar ideologías opuestas que se escudan en visiones dogmáticas tanto en la izquierda como en la derecha.
 
 
*PhD en ciencia política. Universidad de la Sorbona. Institut des Amériques-París.