"Votar por Peñalosa es un error histórico"

El hoy gerente de la campaña reeleccionista en Bogotá se defiende de las críticas y dice que los verdes se entregaron al progresismo.

Para Prada, el gobierno de Santos es el de la paz y el progreso. / Cristian Garavito

Que la política es dinámica, dicen. Y eso sí que aplica en el caso de Alfonso Prada, representante a la Cámara elegido por el Partido Verde —hoy en coalición con el movimiento Progresistas y convertido en la Alianza Verde—, un peñalosista ‘purasangre’ que hoy es el director de la campaña reeleccionista del presidente Juan Manuel Santos en Bogotá. Una postura que ha dado para que le lluevan críticas e incluso le tramiten demandas buscando que se le apliquen sanciones por una supuesta doble militancia.

En diálogo con El Espectador, Prada defiende su posición ahora de santista, dice que el transfuguismo fue de la Alianza Verde, que se fue para el Progresismo; habla de Enrique Peñalosa, insinuando la posibilidad de que por debajo de la mesa esté hablando con el expresidente Álvaro Uribe; y dice que en la administración de Gustavo Petro en Bogotá hubo ineficiencia y anarquía.

¿No es preocupante que la campaña presidencial nada que despega?

Pero en todas las encuestas gana Santos y eso es estimulante. Para nosotros no es extraño el costo que tiene que pagar el presidente por dos hechos en particular: el haber acatado la decisión del procurador sobre Petro, lo cual victimizó al alcalde destituido, y el proceso de paz. Es común que los colombianos sientan la necesidad de que haya avances pronto y los enemigos de la paz siguen ahí aprovechando esa ansiedad. Pero le garantizo que en los próximos meses la gente va a escoger la posibilidad de cambiar definitivamente el rumbo del país, hacia la paz y la prosperidad.

Pero Peñalosa aparece ganando la segunda vuelta...

El repunte de Peñalosa era previsible. La forma como logra la candidatura, en una consulta popular en la que intervinieron personas de todos los partidos, lo catapulta. Pero ya pasará. Clara López, Oscar Iván Zuluaga y Marta Lucía Ramírez son competencias que le permiten a él destacarse.

Usted fue gran defensor de Peñalosa en 2011, cuando fue candidato a la Alcaldía, ¿por qué ahora está con Santos?

Peñalosa sigue siendo mi gran amigo, pero creo que él sería el mejor alcalde que puede tener Bogotá. No solo en las elecciones de 2015, en las de ya, en las atípicas. Creo que debería reconsiderar el momento para lanzarse, pues dentro de poco vamos a estar al 60% de una paz firmada y quien debe comandar el barco es quien lo ha comandado bien. Santos ha hecho un buen gobierno, con resultados y con la perspectiva de acabar con el conflicto. Votar por Peñalosa es un error histórico. En la actual coyuntura, Santos es el indicado.

¿Qué les responde a quienes lo tachan de ‘transfuguista’?

El Partido Verde ingresó a la coalición de gobierno hace tres años, con Lucho Garzón y, desde entonces, la bancada le fue fiel al presidente Santos. Pero todo cambió dos meses antes de que comenzara la campaña electoral: de repente decidieron que les encantaba Gustavo Petro y defender la Bogotá Humana se convirtió en el objetivo del partido. Ese no es el proyecto por el que a mí me eligieron. Los que se fueron del verde fueron ellos, que se entregaron al progresismo.

¿Y si en ese partido no tiene espacio, para dónde va a coger?

Yo estoy en el Partido Verde, pero no en la Alianza. Soy un verde popularmente elegido que no aceptó las reglas de juego por la cual se vincularon a esa Alianza. No creo en que hayan ganado limpiamente. Lo normal es que las personas se vayan de los partidos, esta vez el partido se fue hacia una persona: Petro. Cuando fui presidente no expulsé a Angela María Robledo y a John Sudarsky por no apoyar la candidatura de Enrique Peñalosa. Ahora, me quieren sacar a mí por no estar de acuerdo con ellos. Me quieren castigar por pensar diferente. Mis electores no votaron por mí para defender a Petro.

¿Tienen razón quienes creen que la Unidad Nacional quiere sacar réditos electorales de la crisis institucional que vive Bogotá?

No. Lo que pasó fue que recibimos una ciudad paralizada. El presidente había ofrecido apoyo previamente y no se lo recibieron. Con la llegada de Pardo logramos mostrar que con decisión y responsabilidad política crecen los recursos para Bogotá, la eficiencia del gobierno y las buenas relaciones con la Nación. Ojalá eso continúe pero ya tendrán que decidirlo los bogotanos en las urnas. Santos no es quien destituye, que la gente lo tenga claro. Hubo ineficiencia y anarquía en los proyectos de Petro durante estos años. Su gobierno se imaginó cinco o siete proyectos para la misma vía, la Séptima. Esa ineficiencia no permitió que llegaran los recursos de la Nación.

¿El billón ofrecido para grandes obras no tiene propósitos políticos?

Con un alcalde que recibe y atiende al presidente sí es posible tomar decisiones. Pero le cuento algo, si se tratara de ganarse el electorado, pues no es cierto, lo cierto es que las encuestas demuestran que la gente nos cobró la salida de Petro.

Pero la Unidad Nacional sí ha criticado a los de la U que se han declarado uribistas...

A ellos no los han sacado a sombrerazos, ni les han quitado la voz. Este país tiene leyes tan absurdas como que personas como Juan Lozano, Miguel Gómez, Juan Carlos Vélez o yo, o incluso Iván Cepeda que preferiría estar en la Marcha Patriótica, estamos presos en partidos. Las personas tienen que decidir libremente en qué partido deben militar. Lo que debe haber es una norma que permita moverse sin transfuguismo vulgar como hicieron en el Partido Verde, que está lleno de gente del Polo, Marcha, UP, Partido Comunista, progresismo, petrismo.

¿No habría sido más democrático dejar que la gente eligiera en las urnas si Petro se quedaba o se iba?

Sí, si se tratara de cálculos electorales. Pero el presidente tuvo que blindar las instituciones y el Estado, no actuó como candidato, actuó como jefe de Estado.

¿Los resultados del 9 de marzo se van a replicar en las presidenciales?

Sí se van a reflejar. Vamos a ganar.

¿Qué tanto tuvo que ver la tal ‘mermelada’ en esos resultados?

Los auxilios parlamentarios han sido criticados históricamente. En cada gobierno se han designado presupuestos para las regiones, gestionado a través de autoridades locales y sus parlamentarios. En mi caso, el presupuesto que gestionamos fue para el metro, pero usted no me ve sacando provecho político de ello. Si peleo en el Congreso por ese presupuesto, la oposición dice que es mermelada y que me están comprando.

Entonces, según usted, no es cierto que esos “auxilios”, sirvan para formar clientelas políticas o comprar votos….

Si critico que los recursos que se irriguen a las regiones terminen beneficiando a grupos de contratistas determinados. Eso sí, el Gobierno se opone frontalmente a que se usen para fines que no tienen que ver con el interés común.

¿No le parece raro que senadores electos de la Unidad Nacional, con cerca de $50 mil millones asignados en esos “cupos”, sean los más votados en las regiones?

Si alguien tiene evidencia de fraude que lo denuncie. Es una invitación formal a que no dejen que los delitos electorales queden en la impunidad. Nuestro deber, como en el caso Petro, será acatar cualquier fallo judicial.

¿Es cierto que eso de que en la Unidad Nacional hay dudas frente a mantener el proceso de paz durante las elecciones?

Lo que tengo claro es que el proceso de paz es independiente a las coyunturas del país. Aunque puede que la discreción y el método con el que se han llevado las conversaciones termine generando incertidumbre en la gente y eso se vea en las encuestas, los avances son ciertos y habrá más en el corto y mediano plazo. Nuestras promesas de campaña son la desmovilización de las Farc, llevar al país a una comisión de la verdad, reparar y reconocer a las víctimas desde ambos bandos, que haya justicia que le adjudique consecuencias a los actores armados y que no haya repetición. Y eso lo vamos a refrendar popularmente.

¿El Consejo Nacional de Paz, que va reactivar el presidente Santos, es la puerta de entrada hacia una constituyente?

No, es una forma de que haya una representación efectiva de la sociedad colombiana con miras al posconflicto. El desarrollo de la refrendación de la paz se tiene que dar de múltiples formas. Tenemos que utilizar todos los mecanismos de participación. Eso compromete a todos los actores de la sociedad y de la guerra.

Pero buena parte de esos actores reclaman la constituyente como la forma de alcanzar la paz…

La paz no es un instrumento jurídico como la constituyente. Se trata de que haya justicia social. La idea de una paz estable y duradera se trata de garantizar que no vuelva a haber condiciones para que surja una guerrilla. Salud, empleo, remuneraciones dignas, campo productivo, campesinos con dignidad. Son muchos cambios que no son la firma de una constituyente

Pero adversarios políticos como Uribe y Petro, y por supuesto las Farc, sí están defendiendo la idea de una constituyente para lograr la paz, ¿no les quieren quitar esas banderas?

Ellos pueden proponer lo que prefieran. Pero el Gobierno no cree que ese sea el camino. Una constituyente se hace para refundar la República, para darle espacio a un nuevo proceso histórico. Aquí lo que queremos es que, en el marco de la Constitución, pasemos de un estado de confrontación a un estado de paz.

¿El uribismo debe hacer parte del proceso de paz?

Lamento que se hayan radicalizado. Eso no es bueno para el país, aunque sí creo que puede ser rentable para una aspiración electoral, lo cual es mezquino con el país.

En sus cálculos electorales, ¿Uribe tiene una sola apuesta presidencial?

Pregúnteles a ellos, pero conociéndolos, seguro tienen más de una estrategia.

¿A qué se refiere?

Peñalosa y Uribe se aprecian. Seguro no han dejado de hablarse sobre el futuro. Todo eso se puede estar moviendo, pero cada uno es responsable de sus decisiones.