'Voto por la diversidad'

En el Salón Rojo del Hotel Tequendama el alcalde electo celebró su triunfo con un discurso de talante nacional.

Decían que los votantes no le perdonarían haber sido guerrillero ni su pasado reciente en el Polo Democrático. Decían también que su poca experiencia como administrador no era garantía y que su apoyo al procurador general, Alejandro Ordóñez, alejaría a varios de sus seguidores. Ayer, apenas dos horas después de que se cerraran las urnas, los resultados demostraron lo contrario: Gustavo Petro, el rebelde, el denunciante, el considerado por muchos como un populista, es el alcalde de Bogotá.

Entre gritos, abrazos y sonidos de acordeón, en un auditorio vestido de blanco, el nuevo mandatario, acompañado por su esposa, Verónica Alcocer; sus padres y cinco de sus hijos, celebró con su equipo de trabajo y decenas de seguidores en el Salón Rojo del Hotel Tequendama.

La efervescencia de la victoria no logró, sin embargo, que Petro dejara a un lado sus formas metódicas y sus frases pausadas. En un discurso de 20 minutos, ante la sonrisa estampada en el rostro de su esposa, el alcalde electo dejó clara la importancia histórica de su victoria: “La paz es posible en Colombia, la reconciliación es posible en Colombia”, dijo en reiteradas ocasiones, así como exclamó: “Este día de triunfo significa que Bogotá ha decidido votar por un hijo del proceso de paz, un hijo de la Constitución del 1991, Bogotá votó por la diversidad”.

Unas horas antes, pasadas las 9:00 de la mañana, había llegado también de la mano de su esposa, sin premura alguna, al colegio Mario Antonio Carreño, en el barrio La Asunción en Puente Aranda, el mismo lugar en el que vota desde 1991 y donde vivió por varios años. Con una mirada tranquila que delataba el sentimiento de gloria, saludó a varios vecinos que desde esa hora ya lo ovacionaban como el nuevo mandatario.

Lo habían anunciado las encuestas, en las que sólo una vez Petro perdió el liderazgo aventajado por Enrique Peñalosa. Gustavo Petro, el ex guerrillero del M-19, representante a la Cámara en dos ocasiones, uno de los senadores más recalcitrantes en denuncias al paramilitarismo, el mismo que no dudó en renunciar al Polo Democrático después de haber sido uno de sus fundadores y que ya había perdido una vez su carrera por la Alcaldía, llegó al segundo cargo más importante del país.

Hace algunos meses, cuando apenas estaba comenzando su campaña, cuando El Espectador le preguntó por qué se consideran tan peligrosos los pensadores, el nuevo alcalde no dudó en contestar que los pensadores, por muy abstractos que parezcan son los que permiten grandes cambios en el mundo. Hoy, los 721.000 bogotanos que le depositaron su confianza en las urnas esperan que tenga razón.