¿Y los diálogos con el Eln qué?

El editor del libro ‘¿Por qué negociar con el Eln?’, explica por qué es urgente concretar la mesa de encuentro con la segunda guerrilla más antigua del país.

El Eln, más que una guerrilla es una confederación de proyectos que trata de reconocer a las Colombias. / Archivo - El Espectador

Defender un proceso de negociación con el Eln parte de reconocer que dicha insurgencia tiene un proyecto político, sin entrar a discutir si es equivocado o no. Porque reconocemos tal proyecto y porque consideramos aceptada la afirmación de que en Colombia se vive un “empate negativo”, creemos que con el Eln se debe abrir un proceso de paz.

Reducir el Eln a su dinámica militar es negar una de sus mayores diferencias con las Farc, parte de su estrategia para la negociación y su forma de relacionarse con la comunidad. Me refiero al intento del Eln por renunciar a ciertos vanguardismos y su preocupación por incluir a la sociedad (que no es exactamente la sociedad civil) en las negociaciones. El Eln es lo que algunos llaman una guerrilla societal, una especie de movimiento social armado.

A diferencia de otras experiencias, el Eln no quiere negociar sobre el país, sino con el país, lo que hace pensar que será un proceso más complejo pero a la vez más útil para la frágil democracia que tiene Colombia, si aprovecha la oportunidad para repensarse.

Abrir la caja de Pandora a un diálogo nacional no es necesariamente un acto de refundación del país, ni tampoco un ritual vacío; será lo que el país quiera que sea, en parte lo que la guerrilla logre ganar en la mesa y lo que el poder de las élites se aguante.

El Eln ha bebido del marxismo, de la Revolución Cubana, del humanismo camilista y de la Teología de la Liberación: cuatro fuentes que dan para moverse desde el idealismo más puro hasta el dogma más brutal, pero con problemas para hacer una parada en la estación del pragmatismo. No en vano, alguien decía que el Eln enreda hasta un aplauso. La apuesta del Eln por la paz no nació ayer, es casi una constante desde los años ochenta, pero no ha aceptado ni aceptará que se le mida solo en términos de su capacidad militar, no querrá un diálogo de segunda, ni renunciará a una mesa con participación de la sociedad, lo que no es una fatalidad.

Es muy promisorio que el primer comunicado conjunto del Eln y el Gobierno, del 10 de junio de 2014, empezara con el tema de víctimas. Estas aparecen en los proceso de paz en los años noventa (Ruanda y Sudáfrica) y por ello es un gran avance su reconocimiento en el proceso de La Habana; así que un reconocimiento de ellas como punto de partida, es una excelente noticia.

Una negociación con las Farc y sin el Eln es una negociación incompleta, pero el Eln no será solo los cinco centavos que el falten al proceso con las Farc; ni está ni se siente derrotado. Es obvio que en algunos temas confluirán con el proceso de La Habana (justicia transicional, víctimas, cultivos ilícitos), pero eso no es suficiente para el Eln, lo que no quiere decir que una paz con estos últimos se opondría al proceso con las Farc, sino que más bien se complementarían. Como decía un líder nariñense, “negociar con el Eln para enderezar el proceso de La Habana”. Al final los dos procesos confluirán, pero eso es un punto de llegada y no un punto de partida que se deba forzar. Al presidente Santos le puede bastar la paz con las Farc, al país no.

Es de esperar que lo minero-energético sea puesto sobre la mesa por el Eln. Este tema es tan de la impronta genética del Eln, como lo agrario de la agenda de las Farc. La inclusión (o no) de este tema en la agenda será (incluso) una prueba de la autonomía real que tiene el país para discutir sobre dichos temas o el grado de dependencia política a las empresas transnacionales.

El Eln llegará a la negociación tan unido como pueda, pero no con consensos absolutos, pues su naturaleza es más federal que nacional. Sostuve, más como metáfora que como descripción literal, que el Eln más que una guerrilla era una confederación de proyectos que trata de reconocer a las Colombias (como diría el poeta Aurelio Arturo).

Si la paz cae en la esquizofrenia de la formulación nacional, por un lado, y de su implementación regional, por el otro, los enemigos de la paz y la frustración nacional tendrán su espacio. Debates como la distribución político-administrativa (por ejemplo, la creación del departamento del Magdalena Medio), la disposición de recursos para las regiones (la Ley de Regalías) y el modelo mismo de descentralización no deberían ser temas vetados si de verdad se quiere que las regiones tengan herramientas para implementar la paz firmada. Preparar a las regiones para la paz del mañana empieza por fortalecerlas hoy.

En los territorios, como se ha visto en muchos foros, la paz no se ve para nada como la simple dejación de armas por parte de los grupos insurgentes, es fundamental para los líderes regionales que la paz esté ligada a la justicia social. En foros recientes la noción de paz prioriza: la identidad campesina, las discusiones sobre el estado social, la economía rural, las semillas transgénicas, el acceso a la salud y a la educación, etc. Tanto el proceso con las Farc como con el Eln requieren de una izquierda posible, ya que una repetición del genocidio de la Unión Patriótica sería regresar varias décadas.

El Gobierno debería negociar por lo que el Eln representa, dejando a un lado el debate sobre el método de la lucha y (por un momento) manteniéndose al margen de los crímenes de guerra que hayan cometido. La agenda que levantan no es propiedad del Eln, es del país. Negociar con el Eln es avanzar hacia la construcción de lo que John Rawls llama una sociedad decente.

Esa construcción tiene un reto inmenso: tocar la cultura política colombiana, contaminada de clientelismo, prácticas mafiosas, burocracias inmanejables, santanderismo exacerbado, partidos políticos que rayan en empresas familiares, memoria selectiva, entre otras. El deseo de construir una forma de hacer política decente justificaría que el tema de la corrupción estuviera en un proceso de paz de cara al país, no solo de cara a los combatientes.

Hay muchos rumores en el correo de las brujas sobre la negociación preliminar, pero sobresale la unidad del Eln en su propuesta, la convicción de su decisión y la necesidad de resolver el conflicto. Por eso se debe intentar negociar con el Eln.

 

 


* PhD, experto en conflictos armados y columnista de El Espectador.