¿Y por qué no se ha podido hacer la paz con el ELN?

Colombia lleva casi tres décadas de intentos frustrados de negociación con esa guerrilla. El politólogo Luis Eduardo Celis analiza el tema en “Una paz sin dolientes Diálogos Gobierno- ELN 1982-2019”, que lanza el sábado 4 de mayo en la Feria del Libro de Bogotá. El Espectador reproduce un capítulo de la obra.

El autor analiza los diálogos que ha tenido la guerrilla del Eln desde 1982 hasta la fecha.EFE

En su libro de memorias, Santos describe así su periplo de paz: “Como en un círculo mágico, la vida me deparó ser protagonista del comienzo y el final de este proceso: cuando empezamos a repensar la paz en 1996 y cuando firmamos la paz con las FARC, veinte años después en 2016”. El gran trabajo de Santos lo realizó al liderar un acuerdo de paz con las FARC. Con el ELN trazó una estrategia equivocada y no logró mayores avances.

Como presidente electo, Santos definió en solitario una estrategia para el tema de paz. Tenía la convicción íntima y profunda de que eran posibles unas negociaciones con las FARC, a las que tanto había combatido como ministro de la Defensa del presidente Álvaro Uribe Vélez entre el 2006 y el 2009. Gracias a la comunidad de inteligencia, que él fortaleció de manera formidable, conoció en detalle los debates internos de las FARC y cómo fueron madurando una decisión de tomar de manera seria y decidida el camino de la solución negociada.

Como presidente electo, Santos traza en solitario la estrategia: va a intentar un proceso de diálogos y negociaciones con las FARC y luego buscará al ELN. Así lo hizo, pero fue un grave error dejar atrás al ELN.

El lunes 31 de mayo del 2010, un día después de ganar las elecciones presidenciales, Juan Manuel Santos llamó al Alto Comisionado de Paz, Frank Pearl, para que le informara sobre sus gestiones con las FARC y el ELN. Pearl consulta con el presidente Uribe y éste le responde que le detalle sus gestiones.

En la reunión con Santos, Pearl le informa sobre su trabajo desde marzo del 2009 y su labor por retomar un proceso con el ELN, frustrado luego de la crisis entre  los presidentes Uribe y Chávez al final del 2007. De todos modos, existe un canal confiable y de peso político en el ELN, como Juan Carlos Cuéllar, quien está recluido en la cárcel de Bellavista, con medios de comunicación autorizados.

El Alto Comisionado informa al presidente electo sobre los intentos recientes de concertar una reunión con las FARC en Brasil, que se frustra por filtración de la información y por posibles saboteos. Entre los informes que recibe el presidente electo está la insistencia del gobierno noruego por contribuir a llevar adelante diálogos y negociaciones. Son de destacar el profesionalismo y la gran discreción de su enviado especial, Dag Halvor Nylander, quien tiene contacto con Juan Carlos Cuéllar del ELN y participante en los diálogos entre 2005-2007 con el gobierno Uribe. Le informa de la importancia del presidente Hugo Chávez para cualquier proceso de diálogos y negociaciones con el ELN y las FARC.

Juan Manuel Santos no cree que el ELN esté maduro para una negociación viable. Lo ve ensimismado, viviendo en otra realidad y sabe muy bien que es una fuerza disminuida. De hecho, durante los ocho años del presidente Uribe y gracias a su propia experiencia como ministro de Defensa, el ELN no figura entre las prioridades estatales. En su Ministerio nunca se ocupó de él. No estaba en ninguna agenda de la política de seguridad y defensa y se lo veía como una fuerza tremendamente debilitada, cuya dirigencia vivía en Venezuela.

Santos elaboró la siguiente estrategia: diseñó un proceso de diálogos y negociaciones con las FARC y cuando tuviera eso seguro, buscaría al ELN. Siendo una fuerza menor y debilitada, concurre a una mesa, que constituye una gran equivocación. Santos tenía la misma convicción de su hermano Enrique: “El ELN enreda hasta un aplauso” y en consecuencia actuó.

El día de su posesión Santos dijo: “La puerta del diálogo no está cerrada con llave. Yo aspiro, durante mi gobierno, a sembrar las bases de una verdadera reconciliación entre los colombianos”. Y afirmó: “Tenemos que asimilar las lecciones del pasado y aprender de los errores cometidos en esta brega por superar una confrontación que hace demasiado tiempo nos desgarra”. Infortunadamente no aprendió del pasado. El motor de una negociación viable con el ELN es la participación de la sociedad. El ELN lo ha dicho en todos los tonos y de muchas formas, desde cuando Francisco Galán y Felipe Torres, en 1996, construyeron la propuesta de Convención Nacional y se la propusieron al Coce. Ese era el camino para un acuerdo de paz, la participación de la sociedad, pero no hay una fuerza social plural, diversa y con poder que trabaje por construir este acuerdo que involucre al ELN. Esta ha sido una paz sin dolientes. La persistencia del ELN en la repudiada práctica del secuestro aleja a los pocos que se acercan y sume a estas negociaciones en una sin salida, como en la que estamos hoy.

Santos y el ELN estaban lejos de llevar a cabo un proceso exitoso, porque el formato rígido e inflexible del ELN los alejaba. Este nunca ha querido abandonar el secuestro, aunque el secuestro no pesa en sus finanzas. Tampoco ha estado dispuesto a decidir un cese unilateral y allí chocaron el ELN y Santos, quien el 7 de agosto dijo: “A los grupos armados ilegales que invocan razones políticas y hoy hablan otra vez de diálogo y negociación les digo que mi gobierno estará abierto a cualquier conversación que busque la erradicación de la violencia y la construcción de una sociedad más próspera, equitativa y justa. Eso sí –insisto– sobre premisas inalterables: la renuncia a las armas, al secuestro, al narcotráfico, a la extorsión, a la intimidación”.

Por supuesto que el ELN no era el 7 de agosto de 2010 ni lo es ahora una organización madura para un acuerdo de paz viable, pero el presidente tenía el capital político y los recursos para hacerlo madurar, tarea nada fácil porque el ELN es una fuerza que desconfía de la posibilidad de salir de su proyecto de resistencia armada, donde, insisto, cada día que sale el sol y están vivos se sienten triunfadores.

Mensajes del ELN a Santos

En octubre, el ELN envía sus primeros mensajes al gobierno de Santos y lo hace por medio de su primer comandante, Nicolás Rodríguez Bautista, mediante un video que comienza haciendo un recuento de los múltiples intentos de diálogos y negociaciones en los que se ha involucrado el ELN. Dice: “A la propuesta del nuevo presidente Santos, de acuerdo nacional, las mayorías debemos superar las limitaciones de este acuerdo burgués, levantando la iniciativa de un acuerdo nacional por la paz, que haga viables transformaciones estructurales a los problemas que han sido causas originarias del conflicto interno, pues mientras ellas vivan la insurgencia seguirá existiendo. Dentro de este espíritu amplio, democrático y pluralista, el ELN quiere retomar la construcción de un camino de paz con la participación de todos los colombianos. Seguimos viendo válido el proceso de Convención Nacional, ya que nos permitirá convocarnos a todos los colombianos a discutir los problemas, recrear y discutir democracia participativa y además diseñar caminos de futuro. Todo este proceso podría concluir con una Asamblea Nacional Constituyente”.

En esta comunicación, Rodríguez Bautista saluda a la Iglesia Católica, a las comisiones facilitadoras y les dice que hay que seguir buscando caminos y termina con un mensaje para el presidente Santos: “Al Gobierno Nacional le decimos que tiene el reto de ofertar al país un camino hacia la paz, pues el mandato constitucional así lo establece”. Santos sí tenía una oferta de diálogos y negociaciones, pero solo para las FARC, por ahora.

En octubre, Santos tiene ya una línea de comunicación con Pablo Catatumbo, del secretariado de las FARC, y pese a que el ejército eliminó el miércoles 22 de septiembre a su primer comandante militar, el histórico Jorge Briceño, las FARC mantienen su compromiso de tener un encuentro directo con el gobierno. Para ello, el presidente Santos designa a Alejandro Eder y a Jaime Avendaño, un funcionario que ha permanecido durante varios gobiernos en programas de la Presidencia de la República.

Al inicio del gobierno, Frank Pearl toma la decisión de estudiar en la Universidad de Harvard. El presidente Santos le pide que lo siga apoyando en un eventual proceso de paz, a lo que Frank Pearl responde que, por supuesto, que él tiene un firme compromiso con una Colombia en paz.

Pearl mantiene el contacto con Juan Carlos Cuéllar, vía correos electrónicos. Cuéllar permanece en un pabellón de la cárcel de Bellavista, pero ya no está solo. Ahora lo acompañan Efraín Guerrero, un mando medio proveniente del Catatumbo, y un gato, que llego a hacerle compañía a Juan Carlos cuando permanecía solo.

¡Juntos, pero no revueltos!

A comienzos de año, Piedad Córdoba, que ha asumido gran liderazgo desde Colombianas y Colombianos por la Paz en resolver el delicado asunto de las personas en poder de las FARC, bien sean civiles secuestrados o militares privados de la libertad, al haber sido capturados en combate, y retomar el camino de la paz negociada con las FARC y el ELN, organiza en Buenos Aires, con el apoyo discreto de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, un encuentro por la paz de Colombia. Allí el ELN hace llegar un saludo, que titula ‘Firmar y cumplir’, en el que reitera algunos mensajes: humanizar para agilizar y arraigar la solución definitiva e integral del conflicto interno; identificar los problemas esenciales para resolverlos; deshacer el problema, desandando el camino por el que se creó; no partir de inculpar a las víctimas; no aplicar dobles estándares para resolver los problemas; contar con la sociedad y la comunidad internacional; cambiar la cultura de exclusión e imposición por una de negociación; pacto y cumplimiento y firmar para cumplir. En esa comunicación, Nicolás Rodríguez Bautista expresa su protesta ante la destitución de Piedad Córdoba como senadora.

Colombianas y Colombianos por la Paz mantiene con el ELN una comunicación epistolar. En una de las primeras cartas, del año 2009, le dice al ELN: “Estamos convencidos de que el secuestro no debe ser tema de una mesa de diálogos y negociaciones de paz, sino una decisión y un compromiso unilateral de su organización insurgente”. Esta alusión al secuestro lo han reiterado muchos sectores de la sociedad colombiana desde hace décadas, pero siempre el ELN ha hecho caso omiso de las solicitudes para que suspenda esta repudiable práctica.

En el 2011, el gobierno avanza en su estrategia para abrirle camino a la solución negociada, para lo cual coloca como prioridad la promulgación de una Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, que han liderado Juan Fernando Cristo, desde el Senado, y Guillermo Rivera, desde la Cámara de Representantes. En el segundo mandato del presidente Uribe este se opuso y se hundió en su trámite parlamentario. Ahora Santos, ante la insistencia nuevamente de Cristo y Rivera, les solicita que se le permita al gobierno presentarla y colocarle mensaje de urgencia y así se hizo. Fue en junio del 2011 y conocida como la Ley 1448. Con este mensaje, Santos hacía énfasis en que reconocía que Colombia había vivido un largo conflicto armado y que ese conflicto había dejado millones de víctimas. Reafirmaba que seguía con la llave de la paz para utilizarla cuando fuera posible, pero primero lo haría con las FARC, aunque esto por supuesto no lo decía en público.

Santos constituyó un grupo de asesores internacionales, personas conocedoras de conflictos y procesos de paz. Allí estaban el británico Jonathan Powell, exjefe del gabinete del primer ministro Tony Blair y responsable del acuerdo de paz en Irlanda del Norte, y el comandante del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador, Joaquín Villalobos, negociador de su acuerdo de paz firmado en 1992 y quien se instaló en Oxford, y el excanciller israelí Shlomo Ben Ami, arquitecto de los acuerdos de Camp David entre Israel y Palestina. Con ese grupo empezó a reunirse con la mayor discreción para analizar el diseño del proceso de paz, junto con Sergio Jaramillo, a quien había nombrado Consejero de Seguridad Nacional y que estaba revisando las anteriores experiencias de negociaciones con las FARC, para lo cual había traído de la Fundación Ideas para la Paz a Gerson Arias, quien jugó un papel clave y discreto en todo este proceso. Igualmente fue convocado Frank Pearl, quien venía de Cambridge, con el mayor sigilo. Sus familiares más cercanos sabían que venía a Colombia.

Durante el 2011, este grupo de asesores internacionales y el pequeño equipo designado por el presidente Juan Manuel Santos se reunieron en el mayor secreto para ver cómo evolucionaba la preparación de un eventual proceso de paz. La primera reunión se llevó a cabo a finales de marzo, luego de haberse realizado en la primera semana de ese mes el primer encuentro entre Alejandro Eder y Jaime Avendaño como delegados del presidente Santos, y Andrés París y  Rodrigo Granda, como emisarios del secretariado de las FARC. Esta reunión se realizó el 2 y el 3 de marzo, en el municipio de Tibú, en Norte de Santander, muy cerca de la frontera con Venezuela.

Aunque ya Santos tenía su estrategia de negociaciones andando y claramente definida, en las reuniones del pequeño grupo de consulta hizo las siguientes preguntas: ¿cómo adelantamos este proceso de diálogos y negociaciones: una mesa conjunta con FARC y ELN? ¿Dos mesas separadas de forma simultánea? ¿O iniciamos con las FARC y luego con el ELN? Por supuesto que Santos ya tenía una decisión tomada y sobre ella trabajaba, pero quería escuchar las valoraciones de sus asesores y del equipo de expertos internacionales.

Unánimemente, funcionarios nacionales y expertos internacionales, dieron un rotundo y contundente NO a una mesa conjunta. En eso coincidían con las FARC y el ELN, que tampoco estaban interesados en una mesa conjunta. La experiencia de Caracas y Tlaxcala durante el gobierno del presidente Gaviria les había dejado muy claro a las partes que juntos, pero no revueltos.

La inmensa mayoría estuvo a favor de la línea que ya había asumido el presidente Santos, fuera por convicción o por no llevarle la contraria. Todos los que estaban presentes eran “viejos zorros”, experimentados en muchos escenarios y procesos. Ya sabían que lo primero era concretar un proceso con las FARC, con el mayor sigilo, y luego sí buscar al ELN. Se exponían las siguientes razones: las FARC eran el actor central del conflicto armado, mientras el ELN era una fuerza debilitada. Las FARC estaban maduras para una negociación viable, en tanto el ELN aún no había tomado la decisión, pues seguía afincado en su proyecto armado. Entonces la idea no era desgastarse con ellos, mientras otros sostenían que una mesa simultánea podía enredar la negociación con las FARC. El único que defendió la idea de un proceso simultáneo en dos mesas fue Frank Pearl, pero estaba en una posición minoritaria y la decisión ya estaba tomada.

Aumentan las distancias

Entre el 22 y el 23 de enero, en la casa de Ramón Rodríguez Chacín, designado por el presidente Hugo Chávez para la intervención de Venezuela en el proceso de paz de Colombia, se realizó la reunión para ver los detalles del encuentro de los dos equipos de negociadores, el del gobierno colombiano y el de las FARC. Ya se había definido que este encuentro se llevaría a cabo en La Habana en el más estricto secreto.

En la reunión nuevamente participaron Alejandro Eder y Jaime Avendaño, con Andrés París y Rodrigo Granda. Asistieron igualmente los delegados de Cuba, Abel García, y de Noruega, Dag Nylander, y el anfitrión, en su casa en los llanos de Barinas. La fase exploratoria, llevada a cabo en secreto, se realizó entre el 24 de febrero y el 26 de agosto, cuando se firmó el ‘Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera’. En las primeras semanas de trabajo en La Habana, la delegación de las FARC preguntó a la delegación del gobierno por el ELN. Se les respondió que ese no era tema de esta mesa. Las FARC insistieron en preguntar en marzo y se les dio la misma respuesta, lo mismo que en abril.

 

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Luis Eduardo Celis

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