¡Y se politizó la visita del Papa Francisco!

El anunciado viaje del Sumo Pontífice a Colombia, el próximo año, ya dio para la controversia entre santismo y uribismo.

La confrontación del expresidente Álvaro Uribe Vélez con su sucesor, Juan Manuel Santos, no da para treguas. Y cuando se trata de cuestionar al jefe del Estado, los motivos pululan. Esta vez se trata de la anunciada visita del Papa Francisco a Colombia, en el primer semestre del próximo año, que ha sido calificada como un “espaldarazo” al proceso de paz que se adelanta con las Farc en La Habana (Cuba).
 
Y es que según Santos, “El Papa ha venido apoyando las negociaciones desde el principio, desde cuando lo visité por primera vez. Él me dijo: ‘Manténgase ahí y no vaya a flaquear’. Y cada vez me manda mensajes con los embajadores, con el Nuncio: ‘Perseveré, siga adelante, no vaya a tirar la toalla’”. Además, contó el presidente, en la carta en la que confirma su visita al país, el Sumo Pontífice le expone “unos puntos muy importantes sobre lo que significa la paz, por qué hay que hacer la paz y cómo hay que hacer la paz”.
 
“Esta carta, si uno la lee en detalle, es una carta que a uno lo llena de estímulo para seguir adelante. Él es muy consciente de las dificultades que existen en todo proceso de paz, no solamente en el colombiano, pero ve que aquí hay la posibilidad de llegar a un final exitoso. Por eso su apoyo y sus palabras son tan estimulantes”, expresó el primer mandatario, en declaraciones al programa ‘Agenda Colombia’ de la Presidencia de la República. 
 
Palabras que provocaron la reacción de su gran contradictor, el expresidente Uribe, quien ve en ellas una clara intención de “politizar” la visita del máximo jerarca de la Iglesia Católica en el mundo. En su cuenta en Twitter, el exmandatario y hoy senador del Centro Democrático escribió: “Con Papa Francisco en visita pastoral a Colombia, no política. Mensajero de paz sin impunidad”.
 
En esa misma red social, Uribe remitió a algunas columnas de opinión sobre la anunciada presencia de Francisco I en tierras colombianas, como la de Alfonso Monsalve, escrita en el periódico digital ‘Debate’, de línea uribista, que advierte que “la visita puede ser usada como arma arrojadiza contra la oposición, a la que se intentará acorralar de todas las maneras posibles, acusándola de enemiga de una paz en la que está de acuerdo el Sumo Pontífice, tratando de poner a los colombianos en contra de las tesis que aquella defiende”. 
 
Y agrega: “En realidad, esta andanada ya comenzó: Inmediatamente después del anuncio, el presidente Santos salió a instrumentalizar la visita y a sacarle partido, argumentando que es un espaldarazo al proceso que lleva en La Habana con las Farc”. Aclarando, sin embargo, que el mismo Papa “ha dicho hasta ahora que su visita no es política” y que incluso “considera que hay que arriesgarse a cimentar la paz desde las víctimas, con un compromiso permanente para que se restaure su dignidad, se reconozca su dolor y se repare el daño sufrido”.
 
El Twitter de Uribe también redirecciona hacia una columna de Fernando Londoño Hoyos, titulada “Se pidieron al Papa”, en la que su exministro arranca diciendo: “Este Juanpa es capaz de dividirnos con todo y por todo. Lo que le faltaba era conseguir al Papa para su equipo. O simular que lo ha fichado –como en fútbol se dice-- para la próxima temporada. Ya quedamos en que los enemigos de la paz, como nos llama, terminaremos siendo también enemigos del Papa Francisco”.
 
Un escrito con una alta carga de ‘veneno’ contra los mismos representantes del Sumo Pontífice en el país: “Este era un país eminentemente católico, apostólico y romano, que fue enfriando su fe en la medida en que muchos de sus pastores abandonaron el redil para dedicarse a la política. El crecimiento fenomenal de las confesiones cristianas, no católicas, tiene que ver con la sed de millones de feligreses que quieren oír hablar de Dios, de la Biblia, del Amor, de la Caridad, de las virtudes teologales, de las obra de misericordia, del valor de la familia, del sufrimiento, de la pobreza. Que les molesta ver a sus obispos con botas de guerrilleros y los fatiga la prédica de la reconciliación, sin que se les diga con quiénes, del perdón para los que no lo piden, de la verdad cuando la oscurecen tan a propósito”.
 
La columna de Londoño augura además que al Papa “lo traen para hablar a favor de Timochenko y lo que Timochenko representa”, por lo que “no viene a unirnos, porque lo traen a echarle sal a la herida de nuestros sufrimientos. Porque lo han invitado para que bendiga a los peores delincuentes de la historia de América, a los más desalmados, a los más crueles”. Y concluye: “No le hagan tanto daño a Colombia, señor cardenal, señores obispos de Tunja y de Cali. No acaben de dividirnos, de humillarnos, de quitarnos el consuelo de la Iglesia amada. Hemos sufrido ya lo suficiente, para que nos traigan más dolor. Dejen a Francisco que nos hable de Dios, de su hijo Jesucristo, de María y del camino del cielo. ¿Será mucho pedir?”.
 
Mientras tanto, el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Luis Augusto Castro, le ha salido al paso a las críticas aclarando que la invitación al Papa Francisco para que visitara a Colombia fue hecha por muchas personas y que se necesitaba una solicitud oficial como la del presidente Juan Manuel Santos. Con una aclaración: “Todos esperamos la paz, la polarización no es por la paz, sino por los medios de alcanzarla, lo importante es que la visita del Santo Padre no se convierta en un asunto politiquero”.
 
Lo cierto es que aunque el uribismo pide que la visita no se politice a favor del proceso de paz con las Farc, en las mismas declaraciones que vienen haciendo, ellos mismos están alimentando esa postura: “No es sano utilizar sus devotas intenciones con proceso de La Habana”, dijo, por ejemplo, el senador del Centro Democrático Ernesto Macías. “Las Farc predican todo lo contrario a lo que predicó Jesús de Nazareth: soberbia, mentira, muerte (…) No podemos permitir que la visita del Santo Padre se utilice políticamente. Respeto por favor”, señaló por su parte Thania Vega, también senadora uribista. 
 
Todo esto lo que prueba es que la polarización política en el país está llegando a niveles extremos, que no existe el más mínimo espacio para la concertación o para deponer la belicosidad y la prueba es que hasta la visita del Papa Francisco, el máximo jerarca de la Iglesia católica, que debería ser motivo de unión y de reconciliación en un país tan católico como Colombia, es motivo para que los líderes políticos traten de sacarle provecho, para uno u otro lado, y dividan más a la ciudadanía. 
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