Elecciones 2018: Colombia elige presidente

hace 14 horas

La zancadilla a Vargas Lleras

Comisión Primera del Senado acogió la propuesta de Álvaro Uribe de que la inhabilidad para aspirar a la Presidencia comience a correr un año antes.

Vargas Lleras ha visitado más de 300 municipios en los ocho meses que lleva en la Vicepresidencia. /Vicepresidencia

Desde el 24 de febrero de 2014, cuando el presidente Juan Manuel Santos anunció la designación de Germán Vargas Lleras como su fórmula vicepresidencial, se comenzaron a hacer conjeturas sobre un supuesto “pacto político” que buscaba darle un impulso a la aspiración reeleccionista del primer mandatario y a la vez posicionar a quien había sido su ministro estrella —en Interior y Vivienda— en el primer lugar de la línea de partida hacia la Presidencia de 2018. Más aún cuando se le asignó la misión de liderar la ejecución en materia de infraestructura, agua potable y vivienda, lo cual le ha permitido recorrer el país y estar en contacto con la gente, algo que ha sido visto por la oposición e incluso por algunos sectores de la Unidad Nacional como una ventaja esa futura carrera por la primera magistratura del Estado.

De ahí el afán de ponerle palos en la rueda, cambiándole las reglas del juego, pues hoy en día el vicepresidente ni siquiera está incluido en el régimen de inhabilidades para aspirar a la Presidencia. Ahora bien, que el proyecto político de Vargas Lleras apunta a llegar a la Casa de Nariño es algo que nunca ha ocultado y que todo el país conoce. Sin embargo, él mismo prefiere definirse como un “soldado” de Santos y se rehúsa a hablar del asunto, así sus acérrimos contradictores —que son muchos— quieran empujarlo a ese terreno. “Siempre surgirán voces críticas (...) mi responsabilidad es cumplir a cabalidad con las competencias y funciones que me delegó el presidente, que constitucionalmente podía hacerlo y que están plasmadas en un decreto”, manifestó en una reciente entrevista con El Espectador.

Lo cierto es que su labor de ejecución en la Vicepresidencia incomoda a más de uno. Por algo hace unas semanas el senador liberal Horacio Serpa anunció que su partido iría con candidato propio a las presidenciales de 2018, lo que fue visto como una “notificación” a Vargas Lleras, y ahora llega la andanada de propuestas para tratar de inhabilitarlo o al menos obligarlo a dejar el cargo si quiere aspirar. Propuestas en las que, por cierto, coinciden fuerzas políticas tan disímiles como el Polo Democrático, el uribismo, la Alianza Verde y un sector de la U liderado por el senador Armando Benedetti. La idea es incluir en el proyecto de reforma de equilibrio de poderes, que cursa su quinto debate en el Congreso, un artículo que impida que el vicepresidente pueda ser candidato o, si lo va a ser, que tenga que apartarse necesariamente del cargo.

En septiembre de 2014 se estableció que esa inhabilidad comenzara a correr un año antes. El martes pasado se habló de que tendría que esperar cuatro años para presentar su aspiración, y ayer el presidente del Senado, José David Name, planteó la posibilidad de establecer la inhabilidad por un período de dos años para que deje el cargo y se presente como candidato. Sea como sea, el objetivo es atajar a Vargas Lleras y obligarlo a destapar sus cartas. Todos sus opositores ven en los recorridos que viene adelantando por el país, con el anuncio de inversiones y la inauguración de obras, una plataforma electoral con miras a 2018, que tiene a su favor nada más ni nada menos que el presupuesto de la Nación. Además, la favorabilidad que le muestran las encuestas, por encima de Santos y Álvaro Uribe, causa más roncha.

Ante la arremetida, el Gobierno se vio obligado a mover todas sus fichas para evitar que en la Comisión Primera del Senado, donde se discute actualmente el equilibrio de poderes, se decida colgar algún impedimento perjudicial para su vicepresidente. De hecho, el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, calificó las propuestas como “poco serias y con afán politiquero”. Con defensa de por medio a Vargas Lleras: “Lo único que hace el vicepresidente es cumplir con las funciones que le entregó el primer mandatario, y eso no tiene nada que ver con propósitos electorales”, enfatizó, advirtiendo que es necesario blindar la reforma para evitar que se incluyan artículos que no han sido discutidos desde el comienzo y que podrían generar su inexequibilidad.

Lo curioso es que fue el expresidente Uribe, hoy senador del Centro Democrático y enconado rival político de Vargas Lleras, quien le lanzó el salvavidas: le pidió a su bancada retirar la proposición de establecer que el vicepresidente sólo se pueda presentar a la Presidencia cuatro años después de haber salido del cargo, pidiendo que la inhabilidad comience a correr un año antes, como sucede con otros altos funcionarios del Estado: “Para nadie es un secreto que soy opositor y crítico de este gobierno, y que he hecho varias denuncias contra Germán Vargas Lleras, pero me parece un error seguir tocando la Constitución por coyunturas políticas”. Según dijo, sería una “afrenta a la democracia” que se derrote al hoy vicepresidente a través de una reforma constitucional. “La competencia hay que hacerla sin utilizar o apelar a la Constitución”, concluyó.

La petición de Uribe fue acogida. Benedetti y Alexánder López, senador del Polo, quienes pujaban por la inhabilidad de cuatro años, tuvieron que aceptar la derrota. “No tengo nada personal contra Vargas Lleras, me cae bien, me parece un berraco político y me gusta su forma de trabajar, pero no me gusta que exista un colombiano que tenga casi un 95% de probabilidades de ganar contra otro que apenas llega al 2%”, señaló Benedetti. Y no faltó quien, en voz baja, insistiera en que sigue siendo un error permitir que una persona sea elegida para un cargo y no termine su labor por buscar otros rumbos electorales. Otros creen que lo más lógico en una democracia es que el vicepresidente aspire a suceder a su jefe. El debate tiene tanto de largo como de ancho. Eso sí, queda la certeza de que Germán Vargas Lleras, así por ahora no se meta en esos vericuetos, estará en el juego presidencial de 2018.

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Fin del “roscograma” y la judicatura
 
Durante el quinto de ocho debates a la reforma de equilibrio de poderes, también fueron aprobados la eliminación  del Consejo Superior de la Judicatura, el fin del “roscograma” en las altas cortes y un artículo que les permite a los congresistas renunciar sin inhabilidad para ser ministros o candidatos a alcaldías y gobernaciones, el cual entraría en vigencia en 2018. Los magistrados de la Corte Suprema y el Consejo de Estado serán elegidos por cada corporación de una lista integrada tras un concurso de méritos.