Colección ‘Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales’, para un seguidor de @elespectador

Puedes participar entre este 14 y 28 de junio.

¿Te gustaría recibir la Biblioteca Básica de Cocinas tradicionales de Colombia? Envíanos un relato de máximo 200 palabras en el que la cocina colombiana sea la protagonista. El autor del mejor texto obtendrá un ejemplar de la colección, y su relato será publicado en El Espectador.

La Biblioteca Básica de Cocinas Tradicionales es una iniciativa del Ministerio de Cultura que recoge más de 5 siglos de historia. Esta compuesta por 17 tomos con 19 títulos, 55 autores, el aporte de decenas de cocineros, 5.000 páginas, 1.300 recetas y 400 fotografías, para conocer y salvaguardar los saberes y sabores de la cocina tradicional colombiana.

Condiciones para participar:

  • Escribe tu historia, de máximo 200 palabras y envíala al correo [email protected], con el asunto: Quiero la Biblioteca de cocinas tradicionales de Colombia.
  • También puedes participar publicando tu historia en esta comunidad.
  • El texto debe ser enviado entre el 11 y 28 de junio.
  • Sólo para residentes en Colombia.

El mejor texto, a juicio de los equipos de Cultura y redes sociales de El Espectador, recibirá la colección. El usuario seleccionado será anunciado el 5 de julio. Más información sobre la colección aquí.

***Texto seleccionado***
Pique, pique, pique, ligero, entre menos tiempo pase con la cebolla, menos llanto, como con las personas. Métale otro palo y retire los que están más rojos o se derrite la papa del sancocho. Un día va a alcanzar el fogón sin ese tarro y esta cocina va a ser suya. Ese día yo estaré ya bajo tierra. Por eso tiene que hacer caso, poner cuidado a lo que se le diga, sin hacer pucheros. Oiga y calle. Cuando uno sabe cocinar encuentra lugar en cualquier parte. No hable y menos cuando tenga hambre. Si la gente hablara después de comer, la mano e’ muertos que nos hubiéramos ahorrado. No sienta pena por ser del campo, cuántas minifaldudas con zapatillas no andan por ahí sin probar bocado. Usted sabe algo que nadie le va quitar. No es que le diga que no tenga aspiraciones; yo quiero que usted salga de esta cocina y conozca el mundo que yo no vi. Pero, sepa algo, para mandar hay que saber servir primero. Sobre todo, siéntase tranquila de saber que la gente tiene hambre al menos tres veces al día. Entonces, ahí es cuando usted llega y agarra la sartén por el mango.