Acciones clave para enfrentar la pandemia por COVID-19 en la región amazónica

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Por Pablo Montoya*

Según fuentes oficiales, la tasa de incidencia por COVID-19 el pasado 29 de abril para el departamento de Amazonas fue de 13,16 casos por cada millón de habitantes, lo que la hace cuatro veces superior al departamento que le sigue (Meta) y 11 veces mayor que la nacional. En solo 12 días (17-29 abril) los casos diagnosticados pasaron de 1 a 104 y se reportaron dos muertes, lo que indica que el virus está circulando en el territorio desde inicios de marzo y que el número de personas infectadas es mucho más alto. Los territorios colindantes en la triple frontera con Brasil y Perú tienen la primera y quinta tasas de incidencia en sus respectivos países y son muchas las comunidades afectadas alrededor del Trapecio y cerca de la frontera, por los ríos Putumayo, Caquetá, Tiquié y Vaupés, entre otros afluentes del río Amazonas.

Con 40% del territorio nacional, una gran dispersión poblacional y la mayor diversidad étnica y cultural, la vulnerabilidad de la región amazónica es muy elevada. Los servicios de salud son de difícil acceso, se concentran en las cabeceras municipales y su capacidad es limitada. Según cifras del Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Salud, cuatro de los seis departamentos de la región carecen de cuidados intensivos y tres de ellos de cuidados intermedios. Las camas de UCI de la región (30) pueden atender 0.8% de los casos más severos proyectados para el pico de la infección (3 551).

En muchas zonas de este territorio, el acceso a las comunidades es principalmente fluvial o aéreo y los medios de comunicación limitados o inexistentes, lo que dificulta saber cuál es la situación actual y poder enviar información necesaria para que las comunidades sepan identificar situaciones que los pueden poner en riesgo (como la misma llegada de ayuda humanitaria) y cómo prevenir y manejar la enfermedad.

Como ha sido demostrado en diferentes lugares, esta situación penosa se puede mitigar, para lo cual se deben implementar simultáneamente medidas de prevención como el distanciamiento social y el lavado de manos, el diagnóstico oportuno que incluya la identificación de las personas asintomáticas, la vigilancia de casos con rastreo de los contactos, y el aislamiento y manejo de las personas enfermas. Sin estas acciones no es fácil controlar la epidemia y las que aún no están en curso se deben implementar lo más rápido posible. Desde Sinergias, ONG dedicada a temas de salud pública en la región, consideramos fundamentales las siguientes medidas.

En términos de prevención, hay que poner en práctica disposiciones estrictas que garanticen el distanciamiento social en la región, concertando siempre con las autoridades indígenas. Además, medidas que atenúen la inminente situación de inseguridad alimentaria que se prevé, como la provisión de anzuelos, nylon y herramientas, además de elementos de protección e higiene personal como jabón, alcohol y tapabocas. Estos últimos están siendo manufacturados por grupos locales de mujeres indígenas en algunos lugares, lo que además de garantizar oferta local puede generar ingresos; estrategia que se puede llevar a otros territorios. Igualmente, es necesario desarrollar y apoyar estrategias de comunicación con mensajes adecuados en términos de contenido, imagen e idiomas locales, en los canales pertinentes (radiofonía, emisoras locales, y redes sociales donde sea posible). Temas críticos para adecuar al contexto y diseminar incluyen las medidas de prevención, notificación de casos, posibilidades de aislamiento domiciliario en la selva, restricciones de eventos que convoquen a los colectivos, el manejo de cadáveres, etc.

Es indispensable reforzar la capacidad diagnóstica y de vigilancia epidemiológica para lograr la identificación oportuna, seguimiento y aislamiento de las personas con infección por SARS-CoV-2, así como el rastreo y seguimiento de sus contactos. Para ello se requieren recursos humanos y logísticos suficientes y capacitados para el abordaje comunitario. Se debe mejorar la capacidad diagnóstica para identificación los casos oportunamente, a una escala proporcional al problema, diseñando estrategias específicas de tamizaje a todas las personas en las comunidades afectadas y las contiguas, según los estudios de contactos y el mapa de relaciones de parentesco e intercambio entre las mismas. La estrategia institucional debe estar respaldada por procesos de inteligencia epidemiológica comunitaria bajo la tutela y liderazgo de las Asociaciones de Autoridades Tradicionales Indígenas (AATI), autoridades legítimas de estos territorios, cuyo papel es indispensable para generar soluciones realistas, adecuadas socioculturalmente y operativamente viables.

Es urgente mejorar la capacidad del sistema de salud localmente para la atención de casos, todos los departamentos deben tener cuidados intermedios y una mínima capacidad de cuidados intensivos. Ante la inminencia del pico de la infección y la brecha existente, las personas con casos severos excepcionalmente podrán manejarse en estos territorios. Es fundamental garantizar un sistema de referencia y contrarreferencia óptimo para las personas que lo requieran —bajo criterios claros de severidad y riesgo de complicaciones—. Dado que el transporte debe hacerse por vía aérea en la mayoría de los casos hay que afianzar los acuerdos con la Fuerza Aérea y generar los necesarios con aerolíneas y ambulancias aéreas. No sobra mencionar que se deben garantizar los insumos necesarios para tratar los pacientes, así como los elementos de protección personal que requieren los equipos de salud. Paralelamente, es necesario desarrollar modelos alternativos de salud para la atención extramural y domiciliaria en el contexto actual, que generen alternativas adecuadas y que respondan al clamor histórico de las comunidades indígenas.

Para tomar decisiones oportunas se debe contar con información estratégica en el menor plazo posible: 1) Mapa de las capacidades en salud más allá de los cascos urbanos para establecer puntos estratégicos para ubicar al personal de salud, quienes además de realizar acciones de promoción y prevención, sirvan como nodos de vigilancia y manejen los casos leves y otros problemas de salud. 2) Redes, medios y nodos de comunicación; es crítico restablecer la red de radiocomunicaciones, otrora funcional. 3) Monitoreo de situaciones de inseguridad alimentaria y problemas de salud mental para generar una respuesta oportuna. Ello requiere un observatorio de COVID-19 con enfoque regional que debería llegar al nivel de cada uno de los asentamientos.

Dado que se trata de una situación que involucra múltiples fronteras debe haber una verdadera coordinación internacional con los países vecinos, aunando esfuerzos para fortalecer los espacios existentes como el comité trifronterizo de salud o comisión de vecindad en Amazonas, y hacer lo propio en el resto de áreas limítrofes. También se requiere un alto grado de coordinación entre los niveles nacional y locales, involucrando a las AATIs, ocasión para fortalecer los espacios existentes de “concertación permanente” entre autoridades indígenas, gobernaciones y alcaldías.

Gracias a quienes están al frente de la respuesta en los territorios; la mayoría hace lo mejor posible con recursos limitados. Si bien el COVID-19 es coyuntural y requiere gran parte de nuestra atención en este momento, hay muchos otros problemas de salud que enfrentan las comunidades permanentemente y algunos de ellos se pueden desbordar si se descuidan. Que este sea el momento para empezar a corregir las inequidades y los problemas estructurales históricos en esta región y para fortalecer los sistemas de salud locales de una manera sostenible y articulada con los pueblos indígenas.

*Director de Sinergias Alianzas Estratégicas para la Salud y el Desarrollo Social

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