Otros tratamientos en estudio

Anticuerpos, una nueva apuesta mientras se encuentra una vacuna para el COVID-19

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Las terapias con anticuerpos cada vez toman más fuerza como una alternativa temporal para proteger a las personas del COVID-19. La farmacéutica Eli Lilly inició esta semana la fase 3 de un ensayo en el que participarán 2.400 personas, en su mayoría adultos mayores, en el que esperan que su anticuerpo desarrollado LY-CoV555 pueda servir como tratamiento y prevención del nuevo coronavirus.

Aunque la carrera para encontrar una vacuna contra el COVID-19 ha sido maratónica, y se ha hecho a velocidades sin precedentes, su desarrollo sigue siendo muy complejo y aún falta un largo camino antes de encontrar una medicina que finalmente tenga éxito, sea segura, tenga eficacia real, que provoque una respuesta inmune y que se pueda producir en las cantidades que necesita el mundo. Superar todas esas pruebas es fundamental por diversos motivos, pero, principalmente, porque está fabricada para ser entregada a personas sanas. Por más que se hayan superado todas las etapas y fases de los estudios clínicos debe garantizarse que “la cura no sea más grave que la enfermedad”. (Le recomendamos: Vacuna para COVID-19: una promesa a medio camino)

Ante ese panorama, cada vez toma más fuerza la idea de que las terapias con anticuerpos sean una posible alternativa temporal para proteger a las personas del COVID-19. Una de las más conocidas hasta ahora es el tratamiento con plasma de pacientes recuperados de la enfermedad.

En junio, farmacéutica norteamericana Eli Lilly se convirtió en la primera compañía en Estados Unidos en comenzar a probar una terapia de anticuerpos en humanos. Esta semana anunció la fase 3 de su investigación con anticuerpos con la esperanza de que pueda funcionar como solución provisional para pacientes con COVID-19 y población en riesgo mientras se encuentra una vacuna. BLAZE-2 fue el nombre que le dieron al ensayo en fase 3 que comienza.

Según indican, es el primer estudio de este tipo que contará con la participación de hasta 2.400 personas y se llevará a cabo con el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID). Principalmente estará centrado en residentes y personal de centros de atención a largo plazo (es decir, centros de enfermería especializada, comúnmente denominados hogares de ancianos) en Estados Unidos, ya que más del 40% de las muertes por COVID-19 en el país se han vinculado a estos lugares.

Los científicos de Lilly desarrollaron el anticuerpo LY-CoV555 tres meses después de que la empresa de biotecnología canadiense AbCellera y el NIAID identificaran anticuerpos potentes contra el nuevo virus a partir de una muestra de sangre tomada a uno de los primeros pacientes recuperados de COVID-19 en EE. UU.

El LY-CoV555, un anticuerpo natural fabricado a mayor escala, es un anticuerpo monoclonal neutralizante contra el SARS-CoV-2 que -según señaló la compañía- podría tener potencial tanto para la prevención como para el tratamiento de COVID-19. Asimismo, podría ser particularmente importante para los grupos más afectados por la enfermedad, como los ancianos y personas con sistemas inmunes deprimidos a quienes no se les puede aplicar una vacuna.

"El COVID-19 ha tenido un impacto devastador en los residentes de hogares de ancianos. Estamos trabajando lo más rápido posible para crear medicamentos que puedan detener la propagación del virus a estas personas vulnerables. Si bien no es fácil realizar ensayos clínicos en este entorno, estamos asumiendo el desafío en un esfuerzo por ayudar a quienes más nos necesitan ", aseguró Daniel Skovronsky, MD, Ph.D., director científico de Lilly y presidente de Lilly Research Laboratories.

¿Cómo funciona?

Los anticuerpos son unas proteínas inmunes en forma de Y que se adhieren a la superficie del virus. En este caso, al igual que los anticuerpos naturales, el anticuerpo LY-CoV555 producido por Lilly debería adherirse a la proteína S, o Spike protein del SARS-CoV-2, que es la que permite que el virus ingrese a las células humanas y bloquear el virus, potencialmente previniendo y tratando la enfermedad y produciendo inmunidad.

“Los tratamientos con anticuerpos similares demostraron ser efectivos en el tratamiento de la enfermedad del Ébola, pero el objetivo aquí es prevenir la infección al administrar los medicamentos antes. Se sabe que la prevención con anticuerpos funciona”, reseña el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) en su página web sobre este ensayo.

Inmunidad pasiva, el “plan B” para responder a la pandemia

Un informe del American Biodefense Institute, publicado esta semana, refleja el auge que están teniendo los tratamientos con anticuerpos. Según indican, la inmunidad pasiva podría ser la “próxima generación de respuesta pandémica”, y los tratamientos con anticuerpos podrían llegar al mercado antes que una vacuna, permitiendo la protección de trabajadores de la salud y personas vulnerables.

La inmunización activa, cuya técnica más común son las vacunas, le da al cuerpo la capacidad de producir anticuerpos para contrarrestar un patógeno o una toxina que causa enfermedades. Por eso, por ejemplo, cuando con una vacuna se introduce un microorganismo o un virus en estado debilitado, el cuerpo desencadena una inmunidad adaptativa que le permite responder rápidamente ante un próximo encuentro con el mismo patógeno.

La inmunización pasiva, por su parte, es un proceso de introducción de anticuerpos en el cuerpo de manera directa, en lugar de impartir al cuerpo la capacidad de producirlos. Sin embargo, como esta inmunidad no es causada por el sistema inmune del cuerpo, solo durará mientras los anticuerpos introducidos estén presentes en el organismo. Es decir, será de manera transitoria. Sin embargo, ante los retos que representa la producción de una vacuna para enfrentar la pandemia, la inmunización pasiva ha ido ganando fuerza como una posible solución que permita obtener protección inmediata, de corta duración, contra la infección.

En este caso, el ensayo BLAZE-2 evaluará la eficacia y la seguridad de LY-CoV555 para la prevención de la infección por SARS-CoV-2, y su enfermedad, COVID-29. ¿Cómo? A diferencia de una vacuna, que estimula al cuerpo para producir anticuerpos, esta terapia estudiará si una dosis única de este anticuerpo proporcionado reduce la tasa de infección por SARS-CoV-2 durante cuatro semanas, así como complicaciones de COVID-19 en hasta 8 semanas.

La compañía, que tiene otros dos ensayos en curso en EE. UU. con el mismo anticuerpo, asegura que el tratamiento hasta ahora ha sido “bien tolerado” por los pacientes, sin eventos adversos graves relacionados con el medicamento. Sin embargo, hasta ahora no se ha determinado completamente qué tan bien funcionan estas terapias.

Para abordar los aspectos desafiantes de llevar a cabo un ensayo clínico en un centro de personas mayores durante una pandemia, Lilly creó unidades de investigación móviles personalizadas para respaldar el estudio in situ. Estas unidades incluyen un vehículo recreativo (RV) adaptado para soportar laboratorios móviles y preparación de material de prueba clínica, junto con un camión de remolque que entregará todos los suministros de prueba clínica necesarios para crear una clínica de infusión en el sitio. Para minimizar aún más la carga en estas instalaciones que normalmente no realizan ensayos clínicos, habrá personal adicional para ayudar con las operaciones del estudio.

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