Investigadores estudian si los gérmenes pueden generar obesidad

Las bacterias que se alojan en el intestino provocan una inflamación que afecta el apetito.

Gérmenes que se alojan en el intestino podrían ayudar a causar la obesidad y una serie de síntomas peligrosos para la salud asociados con la enfermedad, reportaron investigadores.

Uno de los motivos podría ser que ciertas bacterias provocan una inflamación que afecta el apetito, al igual que condiciones relacionadas al intestino como la enfermedad de Crohn y colitis, dijeron los expertos en la revista Science.

En otras palabras, los gérmenes pueden hacer que una persona coma de forma excesiva, señaló el equipo de Andrew Gewirtz, de la Emory University, en Atlanta.

"Investigaciones previas sugirieron que las bacterias pueden influir en cómo se absorbe la energía de la comida, pero estos resultados demuestran que las bacterias intestinales pueden de hecho intervenir en el apetito", dijo Gewirtz.

"La epidemia de obesidad es impulsada por personas que comen demasiado, ¨pero por qué la gente come más?", se preguntó. Gewirtz dijo que la investigación sugiere que las bacterias podrían tener un rol, quizás una población de microorganismos que prosperan porque otros organismos en competencia fueron eliminados por antibióticos, acceso a agua potable u otros factores de la vida moderna.

Su equipo encontró los resultados por casualidad. "Estábamos estudiando a ratones con colitis", dijo Gewirtz en una entrevista telefónica.

El equipo sospechaba que algún tipo de germen era responsable, por eso transmitió embriones de ratones a madres sustitutas para evitar que fueran infectados por sus propias madres. Los bebés son colonizados por bacterias y otros microorganismos poco después de nacer y la composición de estas colonias, que persisten de por vida en la piel y los intestinos, es muy similar a la de la madre.

La colitis mejoró, pero los ratones bebés se volvieron obesos y desarrollaron el síndrome metabólico, un grupo de síntomas que incluye altos niveles de colesterol, exceso de grasa en el abdomen, elevada presión y resistencia a la insulina. Esta última deficiencia hace que el cuerpo no logre usar efectivamente la insulina para destruir la comida. Gewirtz cree que esta podría ser la clave.

"Lo que creemos es que los ratones son propensos a la inflamación intestinal", dijo Gewirtz. "Si se encuentran muchas señales inflamatorias, la insulina no va a funcionar correctamente", agregó. Semanas de terapias con antibióticos ayudaron, y lo mismo ocurrió con las dietas.

"Si limitamos el consumo de comida la mayoría está bien, dejan de ser obesos", explicó. "Sin embargo, son resistentes a la insulina", aclaró.

El equipo de Gewirtz ahora está trabajando para identificar a los microorganismos involucrados. También está examinando si las personas obesas tienen patrones únicos de bacterias intestinales.

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