Así frenó Colorado el embarazo adolescente

Un programa piloto en EE.UU., en el que se ofreció acceso a métodos anticonceptivos como la T de cobre e implantes hormonales, logró un gran éxito: reducir en 40% el embarazo adolescente.

De 2008 a 2013 han nacido, cada año, en Colombia unos 159.656 bebés de madres entre 10 y 19 años. /AFP.

 

Greta Klingler, la supervisora de Planificación Familiar para el Departamento de Salud Pública de Colorado (EE.UU.), asegura que en la historia reciente de Estados Unidos, una política enfocada en la reducción del embarazo adolescente nunca había sido tan exitosa como la que se emprendió hace cinco años. Colorado logró que la tasa de natalidad en adolescentes de todo el estado se desplomara en un 40% (desde 2009 hasta 2013) y que su tasa de abortos se redujera en un 42%.

¿Cómo lo lograron? La Iniciativa de Planificación Familiar de Colorado, financiada durante cinco años por un donante anónimo, ofreció dispositivos intrauterinos e implantes hormonales a mujeres de bajos recursos en 68 clínicas de planificación familiar.

La estrategia, enfocada en la promoción e instalación de 30.000 dispositivos de acción prolongada (implantes anticonceptivos que se insertan en los brazo y dispositivos intrauterinos, DIU), ha entregado resultados papables: la tasa de nacimientos en madres adolescentes ha caído de 37 nacimientos por cada 1.000 chicas en 2009 a 22 en 2013, mientras la proporción para Estados Unidos se mantiene en 29,4%.

De manera voluntaria miles de mujeres decidieron formar parte del programa. Las solicitudes para acceder a los implantes y a los dispositivos intrauterinos se multiplicaron por cuatro y el sistema de salud se ahorró US$42,5 millones en los gastos de atención de salud asociados con los partos que se evitaron.

Para los promotores de este programa, el éxito de la iniciativa consiste en demostrarles a las mujeres que sí pueden elegir en qué momento de sus vidas quieren ser madres, así que ahora dedican su tiempo a estudiar y a encontrar posibilidades de empleo, antes que enfocarse en un embarazo inesperado.

La oposición de los líderes conservadores, que durante estos años alegaron que impulsar el uso de estos métodos anticonceptivos ayuda a promover el desenfreno sexual, no logró afectar la aceptación de la iniciativa que ahora tiene a los gobernantes de Colorado buscando recursos para mantenerla.

¿Pero si es tan efectiva, porque no aplicarla en algún país de Latinoamérica, donde las tasas de embarazo adolescente están entre las más altas del mundo?

Según un estudio del Banco Mundial, de 2013, durante 2010 la región registró 72 nacimientos por cada 1.000 mujeres de 15 a 19 años de edad (casi el doble de la tasa que mostraba Colorado cuando se inició el programa).

Aunque la situación en Colombia preocupa, sus tasas de embarazo adolescente están lejos de parecerse a las de países como Nicaragua, República Dominicana, Guatemala y Honduras.

Hoy, según datos entregados en 2014 por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), 19,5% de las adolescentes colombianas están o han estado embarazadas. De ese total, el 64% eran embarazos no planeados.

El Observatorio del Bienestar de la Niñez del ICBF indica que sólo de 2008 a 2013 han nacido cada año, en promedio, 159.656 niñas y niños de madres entre 10 y 19 años.

En los últimos años, partiendo de la premisa de que las adolescentes que reciben buena educación tienen menos riesgo de quedar embarazadas, las políticas públicas de reducción del embarazo adolescente en Colombia han estado enfocadas principalmente en la educación sexual y en la promoción del uso del condón.

Esta estrategia ha desacelerado el avance de los embarazos tempranos en el país sin que se haya convertido en un camino completamente efectivo para ponerle freno a la situación.

En 2012 comenzó a ejecutarse la estrategia pública más reciente (Conpes 147), con la que se implementaron “servicios amigables en salud” en 192 municipios del país. La idea intentó romper el hielo entre médicos y adolescentes para que los chicos se sintieran en confianza a la hora de pedir asesorías en temas de sexualidad. Esto unido a la recomendación del uso del condón.

“Al evaluar la efectividad de esta estrategia encontramos que en niños de 10 a 14 años hay que trabajar más, porque los índices de embarazo han aumentado. Una de las barreras que hubo en esta población son los padres, que aún no se han hecho a la idea de que sus hijos son seres humanos sexuados: ellos deben abordar el tema de la sexualidad desde la cotidianidad del hogar. ¿Por qué? Porque es importante que una niña, de 6 o 14 años, sepa cuáles son los lugares en los que no se le puede tocar”, dice un vocero de la Alta Consejería para la Mujer.

Sin embargo, Diva Moreno, de la Dirección de Promoción y Prevención del Ministerio de Salud, recuerda que Colombia es el país que más consume métodos de planificación de acción prolongada en América Latina.

“Los implantes subdérmicos están incluidos en el POS desde 2008, es decir, son gratis. Con sólo presentar el carné de salud en la EPS en Bogotá, en Montería o en Leticia, tienen acceso a ellos. Además, todas las entidades prestadoras de salud están llevando a cabo acciones para que las mujeres tengan acceso a estos métodos anticonceptivos”, dice Moreno.

La última encuesta de demografía y salud le da la razón a la experta. En 2005 la prevalencia de uso del implante era de menos del 1%, y para 2010 aumentó en 3%. Adolescentes fue el grupo poblacional donde más se incrementó: entre 7 y 8%. “Esperamos que en la encuesta de este año ese porcentaje sea del 15%, pues respecto al condón, sólo el 50% de las mujeres que lo usan al principio de año lo siguen utilizando al final. Lo mismo pasa con las píldoras y la inyección”.

Sin embargo, dice Moreno, hay que encontrar la manera para que crezca el número de mujeres que utilizan los implantes o los dispositivos intrauterinos. “Este porcentaje no tiene avances tan rápidos como los de Colorado, porque en Colombia se mantienen barreras que van desde la educación hasta la falta de información. Existen mitos sobre los métodos hormonales. Pero todos están revaluados con evidencia científica. Además, hay barreras culturales. Algunas mujeres creen que estos métodos engordan, producen sangrados o que si son mayores no se debe usar... Nos falta más educación”.