Así funciona la carrera contra el tiempo de la vacuna contra el Covid-19

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La OMS cuenta actualmente con 21 vacunas candidatas que se están evaluando en ensayos clínicos con seres humanos. Un tercio de estas pruebas hacen parte de grupos científicos de China, país donde inició el brote de SARS-Cov-2.

Siete meses han pasado desde que se registró el primer caso de coronavirus en el mundo, un virus que hasta la fecha ha dejado más de 12 millones de infectados y cerca de 564.000 muertos. En medio del descubrimiento de síntomas, canales de contagio y población en riesgo la ciencia también ha tenido que emprender una carrera contra el tiempo para avanzar en una vacuna contra el Covid-19, la enfermedad producto del SARS-Cov-2.

Aunque hay varios tipos de vacunas, todas se basan en el mismo principio: exponer al organismo a dosis seguras del virus para que el sistema inmune lo reconozca y desarrolle un mecanismo de defensa ante un posible contagio. El desarrollo de una vacuna dura entre 10 y 15 años normalmente, pero la emergencia sanitaria causada por el coronavirus obligó a que los principales grupos de investigación, monitoreados por la Organización Mundial de Salud (OMS), se pusieran una meta récord de 18 meses para tener el resultado final.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU. (CDC) o el Proyecto para el Conocimiento de Vacunas de la Universidad de Oxford en Reino Unido señalan que hay varias fases que debe superar una vacuna antes de ser usada por la población en general. En la primera fase, denominada fase cero o preclínica, se deben realizar pruebas en laboratorios (In vitro) y en animales y al comprobar su efectividad se pasa a la parte más importante del ensayo clínico: la prueba en seres humanos.

Estas pruebas en humanos deben pasar a su vez por tres fases: una primera en la que se prueba en grupos de entre 20 y 100 personas. El estudio se centra en confirmar que no represente una amenaza para la salud y en identificar posibles efectos secundarios; La segunda etapa se debe realizar a mayor escala, por eso participan cientos de personas y los efectos secundarios se analizan a mediano plazo; Finalmente, la tercera fase consisten en un ensayo mucho más grande y se compara la evolución de las personas que fueron vacunadas respecto a las que no.

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La OMS cuenta actualmente con 21 vacunas candidatas que se están evaluando en ensayos clínicos con seres humanos. Un tercio de estas pruebas hacen parte de grupos científicos de China, país donde inició el brote de SARS-Cov-2, y la mayoría se encuentra hasta ahora en la fase uno, es decir, cuando se prueba su seguridad. Además de los ensayos que ya se han iniciado, la OMS cuenta 139 proyectos de vacunas candidatas que están en fase preclínica.

Para la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) es claro que, aunque se está avanzado en tiempo récord en la búsqueda de la vacuna aún se deberá esperar, en el menor de los escenarios, al menos hasta principios de 2021 para que una vacuna contra el covid-19 esté lista para ser aprobada y disponible en cantidades suficientes para su uso mundial.

“Para autorizar una vacuna contra la covid-19 los ensayos clínicos tendrán que dar pruebas suficientes sobre su seguridad, eficacia y calidad. Pues ir demasiado rápido puede generar problemas en materia de seguridad”, advirtió la EMA.

El aporte de Argentina en el desarrollo de la vacuna

El pasado 10 de julio las farmacéuticas Pfizer y Biopharmaceutical New Technologies (BioNTech) anunciaron que Argentina fue elegida como una de las sedes de los estudios clínicos que se realizarán para probar su vacuna contra COVID-19. En el país latinoamericano se llevará acabo la fase 2 y 3 de la vacuna con tecnología ARNm contra el virus SARS-CoV-2.

Según explicaron, el país suramericano fue seleccionado en base a diversos factores, entre ellos, la experiencia científica y las capacidades operativas del equipo de investigación principal, la epidemiología de la enfermedad, así como la experiencia previa de Argentina en la realización de estudios clínicos.

El inicio del estudio clínico en Argentina está planificado para inicios de agosto y estará sujeto a la aprobación del organismo regulador local, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) de Argentina. “Estamos orgullosos de que la comunidad científica en Argentina tenga un papel clave en los esfuerzos de investigación global y en la lucha contra COVID-19. Nos tomamos esta responsabilidad muy seriamente y confiamos en que la ciencia ganará”, señaló a la Agencia EFE Fernando Polack, director científico de la Fundación Infant e investigador principal del estudio.

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