Las batallas de una paciente

La titánica lucha de Eva Ardila, esposa de Rodolfo Palomino, actual director de la Policía Nacional, y su valiente actitud frente a un mal que la aqueja desde hace más de un año.

Eva Ardila de Palomino. / Andrés Torres - El Espectador

Desde hace más de un año la familia del director de la Policía Nacional, el general Rodolfo Palomino, vive su propio drama. Su esposa Eva, con quien se casó hace 30 años, padece cáncer de seno. Las cosas no han sido fáciles, pero la alegría, el coraje y la fe han permitido sobrellevar con valor la dura enfermedad. La primera dama de la Policía contó en detalles su caso, un testimonio de fortaleza, paciencia, optimismo y ayuda a los demás.

¿Por qué hizo pública su situación de salud, si para muchas personas es objeto de vergüenza o rechazo?

Soy una persona de bajo perfil. No me gusta la notoriedad pública, pero pensé que si esto servía para ayudar a otras personas a afrontar su enfermedad y darles ánimo, valía la pena. Cuando uno asume su enfermedad es más llevadera. Esto hace que uno pueda asimilarla de mejor manera, combatirla y dar testimonio de un milagro de Dios a través del esfuerzo que hacen los médicos.

¿Cómo ha asumido el caso su esposo, el general Palomino?

Al principio fue bastante duro para él. La que tenía un poco más de fuerza era yo. Él se congestionó bastante porque por su trabajo podía permanecer poco en casa. Pero pidió vacaciones, es un apoyo inmenso junto con mis hijos y mi familia, que me permitieron dar este testimonio.

¿Por qué incluso se conoció que el general Palomino pensó en renunciar para estar con usted?

La verdad, sí pensó en renunciar, pese a que para él ser policía es su pasión, su vida, su otra familia. Cuando me dijo que ya era la hora de irse de la Policía le expresé que debía seguir y demostrar fortaleza para decir que a pesar de que estaba en esa situación, él seguía prestándoles un servicio al país y a la comunidad. Le dije: no voy a ser un obstáculo y truncar su carrera. Él aceptó y asumí mi enfermedad como una forma de seguir ayudando a la gente en situaciones difíciles.

¿Cómo fueron los momentos previos a que le diagnosticaran el cáncer?

Fue hace más de un año, supe que tenía cáncer por el examen de patología que me entregaron. Llamé a mi médico y le dije: tengo cáncer. Allí empezó la carrera, las citas médicas, hasta llegar a la cirugía, que se hizo el 18 de julio pasado.

¿Alguna vez se le pasó por la cabeza que podía tener una enfermedad tan grave como esta?

Nunca. No pienso en enfermedades o en muerte. Por el contrario, soy una persona espiritual, que vive detrás y en función del general, dando una cara amable en su función de policía.

Y cuando se enteró del cáncer, ¿cuál fue su primera reacción?

La verdad, me sorprendí mucho, pero no me sentí triste ni frustrada.

¿Por qué decidió terminar su carrera de derecho?

Mientras usted tenga la mente ocupada, mientras sepa qué es lo que está haciendo, y por el contrario no sentarse a lamentarse de lo que tiene es más fácil la recuperación.

¿Cómo se maneja la discriminación?

Cuando uno está enferma debe estar ocupada y buscarse uno mismo sus cosas. Si uno se siente discriminado es a causa de uno mismo. Es porque el paciente se siente así y eso es lo que refleja. Cuando se es una persona sencilla y espiritual no se corre ese riesgo de ser discriminado.

¿Cómo manejó la pérdida de su cabello?

Con la primera quimio roja se empieza a caer a manotadas el cabello, da mucho dolor de cabeza. Hablé primero con el médico Santiago, quien me dijo: cuando tú tenías un novio y sabías que te iba a echar, ¿qué hacías? Le respondí, pues lo echaba yo primero, a lo que me contestó: allí tienes la respuesta. Entendí la respuesta y me fui de inmediato donde el peluquero y le pedí que me lo quitara. Luego me vi en el espejo y dije: no me veo tan mal, y seguí. Mi hermana se preocupaba y me decía: compremos una peluca, un gorrito, cantidad de cosas, pero pensé que si no asimilaba eso como un efecto del tratamiento, no lo podría superar.

Y cuando la vio el general Palomino, ¿qué le dijo?

Llegó en la noche y me preguntó: ¿y eso qué le pasó? Le respondí: como se me va a caer el cabello de una vez me lo quité. Y con su humor negro me dijo, por lo menos voy a ahorrar energía porque ya tengo un bombillo en casa.

¿Qué debe hacer una mujer cuando se entera que tiene un cáncer como el suyo?

Debe buscar la ayuda de alguien que está o pasó por ese proceso, esa persona puede ayudar muchísimo.

¿Y cómo asumir las quimioterapias como la roja, que es tan dolorosa?

Hay que contarle a la persona en qué consiste, cómo es y cómo son las crisis posteriores. Por eso es muy importante que el enfermo tenga claro todo sobre el tratamiento.

¿Cómo manejar a la familia?

Uno no lo siente. Ellos se sienten impotentes y ven los efectos de la quimio al tercer día más o menos y luego esto es constante. Mis hijos me leían mucho, rezábamos el rosario. A veces es tal el desaliento que no puedes pronunciar palabra. Días en que le preguntas a Dios si puedes salir de esto y donde le pides ayuda. Creo que la oración y la fe, independientemente de la religión que se tenga, ayuda mucho. Saber que existe un ser supremo que no te abandona ayuda mucho.

¿Y cómo le da fortaleza a su familia en esta situación?

Les hablo con una sonrisa, con una cara agradable y con un abrazo, es la mejor terapia para una persona que pasa por una situación difícil, un abrazo de corazón.

En medio de esta difícil situación, ¿qué ha sido lo más positivo?

Creer en Dios. Saber que su voluntad divina existe para mostrarte diversos canales que me dicen aquí estoy.

¿Y lo más negativo?

Nada, siempre he pensado que las cosas no son tan malas, son buenas o no son tan buenas, pero yo de negativo no veo nada.

¿Qué sigue en su tratamiento?

Esta semana terminé mis quimioterapias blancas, comienzo las radioterapias —que son 25 de lunes a viernes— y ya viene la otra cirugía, porque al otro seno hay que quitarle unos nódulos.

¿Qué quiere hacer ahora que no haya hecho antes?

Soy una persona muy soñadora. Aspiro crear, con un grupo de médicos, una fundación para que personas humildes con cáncer puedan acceder a un tratamiento digno.

¿Cómo definiría su vida en una frase?

Dios, ayúdame a ayudar.

¿Qué les dice a las personas que están pasando por situaciones de salud difíciles?

Que piensen que van a salir adelante. Que todo el positivismo y la energía buena a lo que tú le pongas las cosas se mejoran.

¿Y un consejo para las familias?

No sentirse impotentes, sin importar que no sea médico. Se puede ayudar al paciente compartiendo con él, siendo positivo y sin hacerle comparaciones con otros pacientes.

Los recuerdos con el general Palomino

¿Cómo conoció al general Palomino?

En Tuluá, él era el ayudante de mi cuñado. Allí le eché el ojo. Le vi muchas cualidades. Él es un hombre honesto, apasionado por su trabajo. Genera confianza y credibilidad. Tenemos tres hijos, y hoy, 30 años después de casarnos, puedo decir que estoy muy enamorada de mi esposo. Soy una defensora del matrimonio. Lo escucho, lo atiendo, lo apoyo, porque la carrera policial es muy difícil.

¿Qué le dijo el día que lo nombraron director de la Policía Nacional?

Recuerda que eres un pobre mortal y que te pusieron allí para hacer algo por los policías, sus familias y el país. El 17 de agosto, cuando asumió la dirección, lloré. Fueron sentimientos encontrados porque sabía que era menos tiempo para la familia y para mí, justo cuando iniciaba las quimioterapias, pero también pensé que ello tendría alguna razón.

¿Cuáles son los defectos del general?

 

No puede con la mentira, cuando le mienten para él es lo peor. La deshonestidad de algunos policías lo pone muy mal. Tal vez es un poco de mal genio, pero con tantos problemas en la institución

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@norbeyquevedo