Calidad del aire: un asunto de vida o muerte

Aunque no nos damos cuenta, cada día respiramos entre 17.000 y 23.000 veces. Constantemente tomamos aire para recibir el oxígeno que necesita nuestro cuerpo para funcionar. La calidad del aire es literalmente una cuestión de vida o muerte. Entonces, ¿cómo es que hemos permitido que Bogotá haya alcanzado los niveles de contaminación tan preocupantes que motivaran el decreto de alerta naranja ambiental en la ciudad?

Foto: Jhon Paz

Hace décadas conocemos los terribles efectos de una pobre calidad del aire. La Organización Mundial de la Salud estima que cada año más de cuatro millones de personas mueren prematuramente en el mundo debido a la exposición de aire contaminado en las ciudades. En nuestro país, cerca de 8.000 personas mueren por la exposición a la contaminación. Es, sin duda alguna, uno de los retos más importantes de la salud pública en Colombia. (Acá también: Cada día mueren 4.657 niños a causa de la contaminación)

El problema de la contaminación del aire en Bogotá no es imprevisible; la ciudad enfrenta un problema global. Nueve de cada diez personas en el mundo respiran un aire que contiene altos niveles de contaminantes. Desde hace décadas discutimos estrategias para mitigar los efectos y reducir las fuentes de la polución del aire. El lío es que los debates no se han traducido en acciones concretas. Ahora Bogotá se suma a una de las muchas ciudades del mundo que deben tomar decisiones inmediatas. (Acá: La calidad del aire, un reto en centros urbanos cada vez más poblados)

Aunque en el país se han tomado diferentes medidas para enfrentar este problema, hoy nos damos cuenta de que tenemos que actuar más rápido y con más contundencia. Necesitamos seguir invirtiendo en vigilancia y control en todas las áreas urbanas y no solo en algunas ciudades. Tenemos que fortalecer las autoridades ambientales, no solo para que sancionen a las industrias que incumplan los estándares de calidad, sino para que también las acompañen en la transformación de sus tecnologías. El país requiere innovar para tener combustibles más limpios y para incentivar el uso de vehículos más modernos y amigables con el medio ambiente.

La alerta naranja en Bogotá es un llamado urgente para que el Estado asuma desde ya un plan para enfrentar la contaminación del aire de las ciudades de Colombia, no solo en Bogotá. En tan solo algunos años, el 80 % de los colombianos vivirán en áreas urbanas. Extender la restricción vehicular no puede ser la solución, sino solo un primer paso dentro de una gran estrategia nacional para intervenir todas las fuentes que hoy contaminan el aire que respiramos. Este es un compromiso de todo un país para enfrentar una situación ambiental que nos afecta a todos sin excepción. (Le sugerimos: Mala calidad del aire iguala muertes del conflicto armado)

Es innegable que mejorar la calidad del aire nos costará, pero tengan por seguro que ignorar el problema tendrá un precio mucho más alto, no solo en la salud sino en la productividad de nuestro país. El compromiso debe ser liderado por el Gobierno nacional y los gobiernos departamentales y municipales. Debemos involucrar a los industriales para que asuman los efectos de sus empresas en el ambiente; pero, sobre todo, hoy más que nunca necesitamos una ciudadanía más activa que les exija a los futuros gobernantes propuestas integrales para enfrentar la contaminación. No esperemos pasar de la alerta naranja a la alerta roja para actuar. Miles de vida están en riesgo.

*MPH - Universidad de Harvard / Investigador en Dejusticia. 

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2019-02-16T21:00:00-05:00

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Johnattan García Ruiz*

Salud

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