Estudiantes de estratos bajos, lo más afectados

Colegios e industria, rajados en alimentación escolar

Una investigación de Dejusticia muestra que la mayoría de escuelas no están dando comida nutritiva a los menores y que muchas empresas continúan haciendo publicidad de alimentos ultraprocesados, pese a que prometieron no hacerlo.

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¿Sabe qué están comiendo sus hijos en los colegios? ¿Tiene idea de qué tan saludables son los alimentos que compran en las cafeterías? ¿Hay en esos espacios una amplia oferta de frutas o prevalecen, por el contrario, los paquetes y las gaseosas? ¿Existe algún mecanismo de publicidad que los induzca a ingerirlas? ¿Qué tanto varía la alimentación según el estrato socioeconómico de los alumnos?

Desde hace un par de años, Valentina Rozo Ángel, investigadora de Dejusticia y magíster en Economía de la Universidad de los Andes, ha intentado responder esos interrogantes. Un mundo en el que gobiernan los alimentos ultraprocesados y las estrategias de publicidad y en el que las dudas acerca de nuestra alimentación parecen crecer cada día, la llevó a intentar resolver esas preguntas. Para hacerlo tocó las puertas de esos espacios vitales en la infancia: los colegios.

Tras entrevistar a rectores y administradores de tiendas de 21 escuelas de todos los estratos en Bogotá y observar los mecanismos de publicidad usados por algunas compañías, Rozo acaba de presentar los resultados de su pesquisa. El documento “Dime dónde estudias y te diré qué comes. Oferta y publicidad en tiendas escolares de Bogotá”, de un poco más de noventa páginas, publicado por Dejusticia, responde las inquietudes que suelen asaltar tanto a padres y madres como a las autoridades de salud pública. ¿El motivo? En Colombia casi uno de cada cuatro niños y casi uno de cada cinco adolescentes sufre de obesidad o sobrepeso.

“Este estudio es el primero en Colombia en estudiar la oferta en las tiendas escolares. Además, es el único que compara el funcionamiento de estas según el estatus socioeconómico de los alumnos”, apunta Rozo en la introducción.

A sus ojos, en ese funcionamiento hay varias cosas notables. Una de ellas es que hay una gran diferencia entre los colegios de estratos altos frente a los de estratos bajos que se puede resumir con una conclusión: los primeros suelen tener empleados o herramientas que les permiten darles una buena nutrición a los niños. De hecho, entre las siete instituciones evaluadas, una tenía nutricionista de tiempo completo y en otra había un chef encargado de la tienda escolar.

El panorama es muy distinto en los colegios de estratos bajos. Por lo general, quien toma las decisiones sobre la alimentación de los alumnos es el llamado “comité de tienda escolar”, donde no hay ninguna persona especializada en nutrición.

¿Qué les están dando a los menores? La oferta no suele ser muy variada. Como lo muestra la gráfica que acompaña este artículo, lo que más hay en los estantes de los colegios es agua y empanadas. Le siguen en ese ranking las arepas de queso, las chocolatinas, los paquetes de papas y el ponqué recubierto de chocolate (es lo que había en 19 de 21 colegios). El escalafón lo completan los paquetes de plátanos, las galletas y los “jugos” de caja, disponibles en 17 instituciones. Se trata, en su mayoría, de alimentos ultraprocesados que, como lo ha sugerido diversos estudios, están asociados con serios problemas de salud.

“El rápido aumento de los alimentos ultraprocesados puede generar una carga sustancial de enfermedades cardiovasculares en las próximas décadas”, le dijo hace un par de semanas a la BBC Mathilde Touvier, de la Universidad de París, luego de presentar un robusto estudio en el British Medical Journal, en el que le siguió la pista a la alimentación de 105.159 personas durante cinco años. Su conclusión fue clara: quienes comían alimentos ultraprocesados con más frecuencia tenían peor salud del corazón.

Sin embargo, no todo son malas noticias. De acuerdo con Rozo, a pesar de que los snacks dulces están más disponibles en los colegios de estratos bajos que en los medios y altos, en los primeros es donde más se ofrecen frutas. Aunque, como aseguraron los tenderos, es muy difícil que los estudiantes las prefieran frente a las empanadas o los paquetes, suelen tener buena acogida. Es, de hecho, el segundo producto más vendido.

Pero los colegios de estratos bajos tienen otro punto en contra: allí es donde la industria de las bebidas azucaradas incumple con más frecuencia unos compromisos que hizo en 2016, cuando el país debatía si debía o no poner impuestos a las gaseosas. En pocas palabras, las principales compañías prometieron, entre otras cosas, no comercializar ni hacer publicidad en escuelas primarias de bebidas diferentes a agua mineral y potable tratada, jugos 100 % de fruta, bebidas con un contenido de fruta superior o igual al 12 % y bebidas a base de cereal.

La realidad es muy distinta. “En general, los entrevistados consideran que no se cumple con ninguno de los puntos, excepto por la diversidad de tamaños”, anota Rozo. “Empresas continúan ofertando productos que no coinciden con los compromisos que adquirieron. En primer lugar, AJE ofrece bebidas deportivas, gaseosas con azúcar y té con azúcar. Por su parte, Coca-Cola ofrece agua saborizada, gaseosas con azúcar y té con azúcar; mientras que PepsiCo ofrece bebidas deportivas y Postobón cuenta con agua saborizada, bebidas deportivas, gaseosa endulzada, gaseosas con azúcar y té con azúcar y endulzado (…) Los estratos bajos son los que presentan un mayor incumplimiento (86 %), seguidos por los medios (70 %) y los altos (64 %)”.

Con el acuerdo sobre publicidad sucede algo similar (ver infografía). “Este incumplimiento se presenta más en los colegios de estratos bajos y medios”, escribe. Además, dice, “hay una gran oferta de ‘jugos’ que no cuentan con el contenido de fruta mínimo requerido e, independientemente de que lo tengan, todos contienen exceso de azúcar o de edulcorantes”.

Para esta economista, la vulnerabilidad de los niños y las niñas de estratos medios es todavía más alarmante “si se tiene en cuenta que estos están expuestos no solamente a una mayor oferta de productos no saludables, sino también a una mayor publicidad”. Su recomendación es simple: es hora de que Colombia tenga una regulación más estricta y de que los colegios se preocupen, con capacitación y pedagogía, por la alimentación de los menores. De lo contrario, también serán responsables de la epidemia de obesidad y del enorme gasto que le puede generar al sistema de salud.

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-Redacción Salud

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