Combatirían el ébola con fármacos experimentales

El afán por detener la epidemia llevaría a la OMS a autorizar la aplicación de tratamientos que no han sido probados en humanos.

Enfermeros liberianos trasladan el cuerpo de una víctima del virus del Ébola para enterrarlo, en la comunidad de Banjor, a las afueras de Monrovia (Liberia). / EFE

La peor epidemia de ébola que se haya registrado en la historia ha dejado casi mil muertos en África en menos de siete meses, sin que haya sido posible frenar su letal impulso en Guinea Conakry, Sierra Leona, Liberia y ahora Nigeria, donde ya se han registrado dos fallecimientos.

De no tomarse medidas arriesgadas, ha indicado la Organización Mundial para la Salud (OMS), esta preocupante situación acabará rápidamente con muchas más vidas. Así que tras declarar la semana pasada una emergencia sanitaria mundial, la OMS reunió este lunes en Ginebra (Suiza) a un grupo de expertos en ética médica para definir los límites en el uso de tratamientos experimentales del ébola en países a los que se ha pedido tomar medidas excepcionales de contención.

Partiendo de que aún no existe una cura identificada contra la infección, la idea de utilizar medicamentos que no cuentan con los permisos de autoridades sanitarias y que aún no han sido sometidos a estudios con humanos (sólo animales) abre la polémica sobre su seguridad.

Aunque la enfermedad fue descubierta en 1976, aún no tiene tratamiento porque no existe medicina ni vacuna contra el virus que la provoca, si bien algunos laboratorios trabajan en el desarrollo de algunas opciones terapéuticas.

La decisión de la OMS de convocar a esta reunión de expertos busca justamente ofrecer respuestas a la disyuntiva ética de si se pueden usar fármacos cuya seguridad no se ha constatado y si, aun así, deberían probarse en enfermos de ébola debido a la gravedad del brote.

Una pregunta ética adicional tiene que ver con el acceso a tal medicina en caso de que se autorizara su uso, pues las que están en fases experimentales existen en cantidades muy limitadas y habría que definir quién la recibiría y en qué circunstancias.

Esta discusión se avivó tras conocerse que Kent Brantly y Nancy Writebol, dos empleados sanitarios de una ONG estadounidense, fueron repatriados a su país al contraer el ébola y recibieron el fármaco ZMapp, con el que lograron mejorías. Lo mismo ocurrió con el religioso español Miguel Pajares, de 75 años, quien se infectó en Liberia, es tratado con el mismo fármaco y muestra síntomas de estabilidad.

“Este brote nos plantea una situación poco habitual. Estamos ante una enfermedad con una alta tasa de mortalidad y para la que no disponemos de tratamiento ni vacunas de eficacia y seguridad demostrada”, ha dicho a este respecto la subdirectora general de la OMS, Marie-Paule Kieny. “Tenemos que pedir a los expertos en ética médica orientaciones sobre cuál sería la actitud responsable”.

Este lunes, la Orden Hospitalaria de San Juan Dios (OHSJD) informó que George Combey, uno de los misioneros que acompañaban a Pajares durante su misión en África, murió en el Hospital ELWA, en Monrovia, a causa del ébola. El sábado pasado había fallecido en las mismas condiciones Chantal Pascaline, otra integrante del grupo religioso.

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