Conglomerados de tecnología esperan mantener la creatividad

Hace cinco años, Amazon, Apple, Google y Facebook estaban valoradas, juntas, en US$500.000 millones. Desde entonces esta cifra ha aumentado a US$1,25 billones. Foto Bloomberg

Jeff Bezos, CEO de Amazon, la semana pasada durante el anuncio mundial del nuevo teléfono inteligente Fire. /Bloomberg

¿Acaso una empresa audaz que amamos sigue siendo amable cuando se convierte en un conglomerado de tecnología, con tentáculos que llegan a cada rincón de las vidas de sus clientes?

Es más, ¿puede la compañía más grande de tecnología para consumidores mantener sus credenciales perfeccionistas cuando se involucra en mercados que están por fuera de su principal negocio? ¿O puede una red de vínculos de más de 1.000 millones de personas mantener los hábitos de comunicación de quienes definen las tendencias y que están redefiniendo constantemente el medio?

Puede que las compañías como Google, Apple y Facebook aún prediquen el evangelio de Silicon Valley de la perpetua innovación disruptiva. Sin embargo, por estos días su expansión a menudo se siente como si fuera impulsada más por la lógica empresarial del alcance, la escala y la diversificación. El resultado es una conglomerización que pesará mucho sobre el dinamismo que generó su éxito.

Los desarrollos en Google y Amazon han hecho que este riesgo sea más evidente.

La semana pasada, Amazon hizo un acercamiento a los teléfonos inteligentes que se ha esperado durante mucho tiempo: su nuevo aparato Fire. Luego de lanzar un receptor de señal que transmite video y juegos a la televisión, y su tableta de uso general en 2012, la maniobra lleva a Amazon hacia las filas de los conglomerados multipropósito para consumidores digitales.

De hecho, su última decisión dijo menos sobre la necesidad que el mundo tiene de otro teléfono inteligente, y más sobre la necesidad de Amazon de lograr tener un lugar en un canal que cada vez resulta más importante para el comercio en línea. No obstante, como ya lo ha descubierto Microsoft, el entrar tarde a la fiesta de los teléfonos inteligentes, incluso con un aparato bien recibido que tenga características únicas, puede ser una experiencia difícil.

Por su parte, esta semana Google describió los planes para llevar su software y servicios a los automóviles, relojes de pulsera y televisiones. Esto se produjo luego de su expansión en su división “hogar conectado” Nest, que adquirió una compañía de monitoreo en video y luego abrió su tecnología para que otros fabricantes de aparatos caseros pudieran conectarse a la plataforma.

Hay una lógica empresarial que no se puede negar en esto. Cuando hay más pantallas que recogen datos sobre los usuarios y muestran publicidad, hay más años de crecimiento para la compañía más grande de internet. Sin embargo, aún no es claro cómo muchos consumidores están listos para hacer el salto hacia las televisiones, las neveras y los relojes de pulsera conectados, o si aceptarán el contrato implícito que los ata cada vez más al universo digital de Google.

Los retos de tratar de encontrar un mercado en expansión también han sido ilustrados por las recientes adquisiciones que hicieron Apple y Facebook.

Con iTunes, Apple hizo más que cualquier otra compañía para inventar el negocio de música digital. Desde entonces el servicio ha sufrido una pérdida de claridad de marca y ahora se publicita como un supermercado digital multipropósito, jactándose de que es “todo lo que necesita para que esté entretenido”.

iTunes también ha perdido la delantera en la innovación de música digital, al tiempo que el ímpetu se mueve hacia los nuevos servicios de transmisión continua (streaming, en inglés), como Spotify. Fue este cambio el que llevó a que Apple adquiriera Beats, en un intento por recuperar su delantera en el campo musical.

Facebook ha experimentado un peligro similar en su maniobra por ocupar todo el territorio que abrió su red social. La participación de usuarios se ha mantenido envidiablemente alta, pues ha añadido más características a su servicio base. Sin embargo, esto lo ha dejado vulnerable a proyectos más creativos y más novedosos, que tienen un enfoque más fuerte en los aparatos móviles. Así como Apple, Facebook ha respondido con adquisiciones, comprando Instagram y WhatsApp.

El añadir nuevas empresas y marcas está comenzando a convertir a Facebook en un conglomerado de compañías digitales, lo cual requiere formas distintas de administrar negocios, que además tienen características muy distintas. En su servicio central, al menos, Facebook se ha retirado de su promesa de “moverse rápido y romper cosas”, incluso si ese espíritu aún aplica en nuevos negocios que monta al margen.

La pregunta para todas estas compañías es si pueden mantener el dinamismo en sus negocios centrales al tiempo que siguen el camino que han recorrido otras industrias que maduran. En Google, los ejemplos más drásticos de innovación ya se han movido hacia los márgenes, con proyectos para desarrollar un automóvil sin conductor y ejércitos de globos a gran altura para llevar internet a las partes menos favorecidas del mundo.

Hay mucho en juego. Hace cinco años, Amazon, Apple, Google y Facebook estaban valoradas, juntas, en US$500.000 millones. Desde entonces esta cifra ha aumentado a US$1,25 billones. El construir conglomerados digitales que pueden justificar esta valoración será el proyecto de los próximos cinco años, y requieren de innovaciones en la administración y la organización que están a la par con la creatividad en la que fueron fundadas sus fortunas.

 

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