COVID 19: los dilemas de una asignación ética de recursos médicos

Noticias destacadas de Opinión

Por Mariana Rico Restrepo*

En las últimas semanas han surgido historias de demostraciones de altruismo heroico, de personas infectadas con el COVID-19 que fallecen luego a renunciar al ventilador que salvaría su vida para cederlo a un paciente más joven. Estas historias señalan el dilema moral y ético al que se enfrenta el personal de la salud a diario durante esta crisis. La pregunta que queda es ¿a quién salvamos?

Desde enero del 2020, el nuevo coronavirus ha asumido paulatinamente su posición como el foco de atención de las noticias, conversaciones y vidas humanas. Ha llegado a más de 180 países e infectado a más de 2.4 millones de personas. Ha tenido un impacto global masivo, derrumbando economías, colapsando sistemas de salud, llenando los hospitales y desocupando los espacios públicos. En otras palabras, el nuevo coronavirus ha interrumpido y alterado la estructura de la sociedad moderna como la conocemos. Sin saber aún el alcance de su impacto, esta pandemia ya está grabada en el núcleo de nuestro planeta.

La pandemia del COVID-19 se ha manifestado como una infección con un amplio rango de presentaciones clínicas, entre estas la muerte. Se ha convertido en una emergencia de salud pública mundial que ha abrumado hasta los sistemas de salud más desarrollados. Las exigencias extraordinarias y sostenidas ante las que se encuentran las infraestructuras de salud a través del mundo han generado la necesidad de racionar recursos, equipos e intervenciones médicas.

En situaciones de crisis, el personal de salud se ve obligado a tomar decisiones éticas difíciles, bajo condiciones de agotamiento físico y emocional. La evidencia demuestra que las condiciones de estrés que caracterizan la crisis pueden comprometer el proceso de toma de decisiones éticas. Esto puede resultar en sesgos al momento de la asignación de recursos escasos, en menos decisiones utilitaristas y altruistas, y en un
aumento de la variabilidad en las decisiones tomadas. El estrés también puede predisponer a los médicos a cometer errores en la estrategia de toma de decisiones, lo cual puede resultar en desenlaces desfavorables. 

Es de este modo que la habilidad de tomar decisiones éticas y racionales se convierte también en un recurso escaso. Uno de los retos más grandes para estar preparados ante un desastre es la incertidumbre. No sabemos cuándo será el siguiente, y entre más alejados estemos en tiempo y distancia de la última calamidad, menos nos preocupamos y más subestimamos el riesgo. A pesar de las medidas tomadas por el Gobierno colombiano para contener la expansión del coronavirus, como ha sido el cierre de fronteras y el distanciamiento social, entre otras, el Ministerio de Salud y Protección Social y otros expertos estiman tasas de infección por COVID-19 que crearán exigencias sanitarias que sobrepasan la capacidad de los hospitales del país.

Hoy, Italia suma más de 200 mil casos de coronavirus y más de 23 mil muertos. Este país cuenta con 3.2 camas hospitalarias por cada mil habitantes. Colombia tiene 1.7 camas por cada mil habitantes.[6] Los datos del Registro Especial de Prestadores Servicios de Salud (Reps), expedido por el Ministerio de Salud y Protección Social, revelan que Colombia cuenta en total con 87.477 camas hospitalarias para aproximadamente 49 millones de habitantes.

De ellas, 39.961 están destinadas para la atención de adultos, 10.057 para pediatría, 7.543 para obstetricia y 5.349 para cuidados intensivos de adultos. En Bogotá hay 58 unidades de cuidados intensivos (UCI) con una ocupación actual del 80-90%, según la Asociación Colombia de Sociedades Científicas. En los departamentos de Amazonas, Guainía, Guaviare, Putumayo, Vaupés y Vichada no existen servicios de UCI.

Bajo condiciones ideales, todo individuo debería tener acceso y derecho equitativo a la
atención sanitaria que cada uno requiere. Este derecho está arraigado a la dignidad humana y al principio del bienestar comunitario. Sin embargo, una crisis como la que estamos atravesando inevitablemente interrumpe las oportunidades de acceso a la salud debido a la carga masiva de enfermedad que implica y a la limitación- y disminución consistente- de recursos, que van desde los medicamentos, las camas hospitalarias y los ventiladores, hasta el personal de la salud. La asignación y racionamiento de estos recursos en momentos de crisis es inevitable, y exige transparencia, consistencia, responsabilidad, y minimización del daño.

En el día a día del ejercicio clínico, la ética médica le da prelación al bienestar individual y la autonomía del paciente. Las crisis necesariamente enfocan la ética clínica a una propuesta que puede resultar contraintuitiva para el médico, pues el deber de cuidar al paciente individual es suplantado por el deber de cuidar a la comunidad. 

Cuando un desastre o una crisis crea una carga de necesidad que excede la capacidad de respuesta del hospital, ciudad, país o región, se comienza a practicar un modelo de triage de desastres y así, la principal directriz ética se ajusta de “ningún desenlace negativo evitable” a “salvar al que más probablemente se recuperará”, donde se resalta la importancia del pronóstico a corto plazo. El triage consiste en un proceso que requiere una cuidadosa evaluación de los riesgos y beneficios para cada paciente, al igual que la implicación de esa decisión sobre la vida y salud de otros, que en este caso será aplicado especialmente para el ingreso a la UCI y asignación de medidas de soporte vital. Los médicos cuentan con escalas, puntajes y criterios específicos que evalúan la condición del paciente en los cuales basar sus decisiones y permitir la optimización justa de recursos. En situaciones de recursos limitados, éstas dan prioridad a aquellos pacientes con mayor probabilidad de supervivencia. No se deben utilizar otros criterios como “el primero que llega”, “la utilidad social”, etc. Aun así, y a pesar de los protocolos y criterios establecidos, es inevitable enfrentarse a decisiones moralmente ambiguas.

Las decisiones difíciles forman parte de cualquier crisis. En el contexto de asignación ética de recursos médicos, el objetivo debe ser maximizar los beneficios del paciente individual y el bienestar colectivo, tomando decisiones de tal manera que se ahorre el mayor número de vidas. Un marco para la toma ética de decisiones adecuadas para el contexto, puede permitir la toma de decisiones informadas, proporciona consistencia y facilita la transparencia. La preparación ética debe ser abordada con sensibilidad a la dignidad humana y el bien común, con equidad y justicia, y quizás lo más importante- con coraje.

*MD, Regional Medical Director for Latin America Americas Health Foundation

Comparte en redes:

 

Te contamos que estamos trabajando en nuestra plataforma tecnológica para que sea más fácil de disfrutar, por eso no podrás hacer comentarios en los artículos. Estarán activos próximamente. Gracias por tu comprensión.