Cuando 192 países liderados por un africano empiezan a cambiar la historia de la salud mundial

La semana pasada culminó otra versión de la reunión más importante sobre la salud global. Por primera vez, un africano estuvo al frente, lo cual abre una puerta para resolver los problemas más urgentes de los países en vía de desarrollo. Acceso a medicamentos, uno de los principales desafíos.

El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus (el tercero a la derecha), en la Asamblea Mundial de la Salud. EFE - EPA

Los trabajos de la Asamblea Mundial de este año se caracterizaron por un ambiente excepcional de fiesta, consenso y celebración de los 70 años de la creación de esta agencia especializada de Naciones Unidas creada después de la Segunda Guerra Mundial para gestionar los asuntos de salud del mundo. Tambores, música y danzas africanas acompañaron la apertura de la 71 asamblea en Ginebra (Suiza).

Fue un momento histórico para los países del “Sur”. Por primera vez en los 70 años de existencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue nombrado un director general proveniente del África. Podríamos preguntarnos si la elección del Dr. Tedros, (como ha querido que lo llamen familiarmente) hubiera sido posible sin la activa participación de los países en vía de desarrollo. Este acontecimiento fue la consecuencia del cambio del modo de escrutinio en la elección del director general en el 2017. Anteriormente, el director general era elegido por un pequeño número de países, con frecuencia dominados por las grandes potencias industriales. Pero el año pasado fue elegido por voto directo de los 192 países que componen la organización. Esta designación abre una oportunidad para que la OMS reoriente su atención en los problemas de salud de las poblaciones más necesitadas del planeta.

En los esfuerzos por el acceso universal a la salud y el acceso a los medicamentos, un particular grupo de países en desarrollo (la gran mayoría de los países miembros de esta agencia)  tiene muchas cosas en común que los deben unir, muchos puntos en que pueden encontrar la unidad en medio de la diversidad que caracteriza a los países del “Sur”. Deben buscar lo que los une para reforzar la capacidad de lucha en un mundo donde los problemas sanitarios no tienen fronteras pero donde las soluciones sanitarias, como el acceso a los medicamentos, sí las tiene, con frecuencia infranqueables.

En las discusiones en torno al acceso a los medicamentos y otros temas sensibles como la nutrición, la Asamblea Mundial de este año no dio lugar a grandes debates y confrontaciones. Todos los países aprobaron fácilmente las distintas estrategias sanitarias con la excepción, no nueva, de la delegación de los Estados Unidos que se opuso sistemáticamente en varias ocasiones con particular vehemencia y una cierta arrogancia cercana del insulto. Así, por ejemplo, a pesar de que la OMS orienta a los países en materia de propiedad intelectual y acceso a la salud desde hace más de 15 años, la delegación estadounidense afirmó que el tema de la propiedad intelectual y las patentes de los productos farmacéuticos no debe ser tratado ni debatido en el seno de esta organización.

La unidad de los países en desarrollo que hizo posible el nombramiento del nuevo director general debe mantenerse y fortalecerse para asegurar que la OMS sirva efectivamente a los países en desarrollo en temas críticos, como la búsqueda de un nuevo modelo para la investigación y desarrollo de medicamentos, una solución efectiva al problema de resistencia a los antibióticos o la promoción de marcos regulatorios y de la propiedad intelectual que aseguren el acceso para todos de los medicamentos, incluyendo los biológicos genéricos.

La salud como un derecho humano fundamental significa que el acceso a los servicios de salud y a los medicamentos esenciales son obligaciones de los Estados. Por ello, la filosofía en que debe basarse la cobertura sanitaria universal (de la que se habló a lo largo de toda la asamblea de este año y es la prioridad del nuevo director), debe ser la solidaridad y la equidad a través de un financiamiento público.

Uno de los problemas más graves que enfrenta la OMS es que el 84% de su presupuesto está actualmente en manos de un grupo de donantes voluntarios constituido por un pequeño número de países industrializados y fundaciones filantrópicas de esos países como la fundación Bill y Melinda Gates. ¿Cómo superar la pérdida progresiva del control por parte de los Estados miembros del presupuesto regular, público y obligatorio? En menos de 20 años, el presupuesto pasó de ser financiado en más del 50 por ciento por fondos públicos (constituidos por las contribuciones regulares), hasta el actual 16 por ciento. Esta situación compromete la independencia y dirección de las actividades de la Organización. La OMS fue creada como  una agencia pública internacional al servicio de la salud mundial. Recuperar y reforzar este papel debería ser el trabajo de todos.

Al clausurar la Asamblea el Dr. Tedros dijo que todo lo que la OMS hiciera en el futuro se evaluaría a la luz del objetivo de los tres mil millones que se aprobaron esta semana en el nuevo plan estratégico quinquenal de la OMS.

Para el año 2023 los objetivos apuntan a lograr:

Mil millones de personas más que se beneficien de la cobertura universal de salud.

Mil millones de personas más, mejor protegidas de emergencias de salud.

Mil millones de personas más que disfrutan de una mejor salud y bienestar.

En el último día de la Asamblea, el sábado 26 de mayo, los delegados también llegaron a un acuerdo sobre la nutrición de la madre, el bebé y el niño pequeño y sobre la contención del poliovirus.

*Consejero especial para salud y desarrollo del Centro Sur, Ginebra (Suiza).

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Germán Velásquez*

Salud

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