Al presentarse un ataque cerebrovascular

Cuatro horas y media para salvar la vida

Este es el margen de tiempo con el que se cuenta para tratar al paciente y evitar que sufra una discapacidad severa e irreversible. Los colombianos esperan demasiado para acudir a urgencias o no les prestan atención a las señales de alerta.

Todo ocurre de manera repentina. Hablar enredado o ni siquiera poder pronunciar las palabras, quedarse sin fuerza y perder la sensibilidad en un lado del cuerpo o que la comisura de los labios se desvíe y la boca quede como torcida. La aparición de cualquiera de estas señales indica que un vaso sanguíneo cerebral se obstruyó o se rompió. Es decir, que se está sufriendo un ataque cerebrovascular.

A partir de entonces solamente se cuenta con cuatro horas y media para aplicar un medicamento que disuelva el trombo y evite las consecuencias de este fenómeno, que hoy afecta a 97 de cada 100 mil colombianos y que se ha convertido en la segunda causa de mortalidad en el país.

Un episodio que hace un tiempo se presentaba principalmente en los mayores de 65 años, pero que, por cuenta de unos hábitos poco saludables de vida, además de descuido en los controles médicos, es cada vez más común en menores de cuarenta años.

Por ello, la manera en que los médicos lo abordan debe ser distinta, interdisciplinar. Esto es precisamente lo que se discutió el pasado 26 y 27 de mayo en el Congreso Congreso de ACV y Neurorehabilitación, que organizó la Clínica Universidad de La Sabana. El primer evento académico sobre esta condición dirigido a profesionales de la medicina de diferentes áreas.

Juan Guillermo Ortiz, director de la clínica, explica que los pacientes hoy requieren de tecnología y profesionales de diferentes áreas tanto para prevenir estos ataques como para tratarlos a tiempo o manejar sus secuelas. Fue un congreso gratuito, cuenta, para el que en principio se abrieron 200 cupos, que tuvieron que ampliarse a 400. El nivel de los invitados y el enfoque interdisciplinar, que incluyó hasta un espacio para hablar de los cuidadores, lo convirtieron en un evento muy concurrido que se transmitió vía streaming y del cual se publicarán las memorias.

La hipertensión, la diabetes, tener el colesterol y los triglicéridos altos, fumar, no hacer ejercicio, ser obeso o estar en sobrepeso, son los principales factores de riesgo. Identificarlos y trabajar para contrarrestarlos es fundamental para evitar un ataque. El neurólogo Andrés Betancourt, uno de los conferencistas del Congreso, explica que aquí hay fallas importantes, pues los colombianos no son conscientes de la importancia de la prevención primaria.

También advierte de lo fundamental que es la prevención secundaria en aquellos pacientes que ya sufrieron un ataque y deben estar medicados de por vida y asistir a controles médicos periódicos para evitar que vuelva a presentarse. “Lamentablemente, dice, uno se encuentra con que no tienen la medicina adecuada o ni siquiera se les hicieron estudios para determinar las causas del ataque”.

Otro desafío que enfrentan los profesionales y el sector de la salud es educar a la ciudadanía para que llame a la línea de emergencia 123 tan pronto se presente cualquiera de las señales de un ataque, pues las cuatro horas y media siguientes a los síntomas son claves. “El problema, cuenta Betancourt, es que prefieren dormir una siesta creyendo que con ella se les va a pasar el “malestar” o acuden a centros que no cuentan con el equipo idóneo para atender este tipo de emergencias”.

Para que los ataques cerebrovasculares no sigan cobrando vidas ni generando secuelas tan incapacitantes, tanto los médicos como el sistema de salud y los pacientes tienen grandes retos. Fortalecer la prevención primaria y secundaria, abordar este episodio de manera interdisciplinar y acudir a urgencias ante cualquier anomalía son las únicas armas para sobrevivir a este mal.

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