“Debemos apelar a la inteligencia colectiva”: directora del IETS

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Desde que empezó la pandemia, el Instituto de Evaluación Tecnológica en Salud ha cumplido un rol esencial: analizar la gran cantidad de información científica que se produce semana tras semana. Su directora dice que la fórmula del éxito ha sido la confianza y el altruismo de muchos científicos.

Antes de que empezara la pandemia, el Instituto de Evaluación Tecnológica en Salud (IETS) no estaba en el radar de muchos colombianos. Aunque existía hace nueve años, pocos sabían con precisión sobre su papel en la ciencia y la salud de Colombia. Hoy las cosas han cambiado. Sus siglas aparecen en los boletines de COVID-19 del Gobierno, y los epidemiólogos y diferentes especialistas en medicina lo citan con frecuencia. Su directora, Adriana Robayo, también ha tenido que dedicar parte de su tiempo a conceder entrevistas y hacer pedagogía para acercar la ciencia a miles de ciudadanos. Después de estos meses tiene la certeza de que hay un largo camino por recorrer en divulgación. “Tenemos que aprender a traducir su complejidad en términos más sencillos”, dice. (Lea “El punto no es cuántas vacunas comprar, sino qué tan rápido las van a entregar”)

Robayo, médica internista, nefróloga y especialista en economía social, llegó a la dirección del IETS a principios de 2019 confiada en que le daría un impulso a una de las principales tareas del Instituto: evaluar la mejor evidencia sobre medicamentos antes de que ingresen al sistema de salud. Pero con la aparición del COVID-19, cuenta, sus tareas se han multiplicado. Uno de los motivos es la abrumadora cantidad de datos y estudios que aparecen semana tras semana sobre el SARS-CoV-2 y que su equipo debe filtrar con cuidado para hacer recomendaciones a médicos, políticos y al Gobierno. Por suerte, encontró algo inesperado: una red de científicos dispuestos a ayudar y a leer todas las noches miles de artículos sobre el coronavirus. “Ha sido un gran esfuerzo en el que los protagonistas son el altruismo y la colaboración”, asegura. (Lea Vacuna para COVID-19, una promesa a medio camino)

¿Cómo han sido los días de la directora del IETS en medio de una pandemia?

Son larguísimos. Trabajo el doble de lo de antes. Tengo que conectarme de manera virtual con la gente que nos relacionamos, con mi equipo y estar pendiente de que todos en el IETS estén bien. Además, hago lo habitual, claro: ejercicio, oficio, cocinar, sacar a la perra. A veces mis jornadas son de 6 a.m. a 11 pm. Extenuantes. Afortunadamente el equipo que tengo es muy bueno y eso me da mucha tranquilidad. Es un grupo joven, muy calificado y todos estamos respondiendo a este desafío. Somos pequeños, pero potentes. Estamos trabajando con toda la energía. Tenemos una gran responsabilidad en medio de esta pandemia.

Esta pandemia ha mostrado que hay una gran brecha entre el conocimiento científico y la manera en que la gente se apropia de él. Hay mensajes muy importantes que parecen no llegar a la población ¿Cómo cree que se pueda resolver ese problema?

El problema es que hay una gran cantidad de información: la infodemia. La gente no tiene claro cuál información es válida y cuál no. Esto es un llamado a que debemos hacer más divulgación científica y médica. La gente tiene que saber que una cadena de Whatsapp no es lo mismo que una información calificada. Aunque claro: comunicar ciencia es muy complejo y educar en salud no es nada fácil. En ocasiones pienso que tenemos que hacer una gran campaña de alfabetización para que la sociedad conozca más de ciencia, pero también de derechos, para que diferencie fuentes y tenga criterio y sentido común. Esto nos está dando una señal muy grande: tenemos que hacer más ejercicios de comunicación. Pero una cosa es tener la información, otra usarla y otra apropiarse de ella.

Algunas personas parecieran no creer en los mensajes de la ciencia. ¿Cómo recuperar esa confianza?

La confianza se recupera traduciendo la complejidad a términos sencillos. Siempre he pensado que cada especialidad de la medicina, que es lo que más conozco, representa una especie de reino con un príncipe que sabe todo, pero hay personas que no tienen acceso a ese conocimiento. Sucede igual con la economía, la psicología, la sociología o la ingeniería. Son reinos que no se hablan entre sí y deben aprender a dialogar de manera simple. En la medida en que comuniquemos, la gente entenderá mejor. También tenemos que ayudar a explicar qué es el método científico. A veces es difícil entender el tiempo que toma lograr un avance en ciencia.

El IETS tiene un rol clave: generar evidencia científica. ¿Cómo ha sido ese proceso en un contexto en el que la producción de datos e información científica es abrumadora?

Sí, es miedosa la cantidad de información, pero afortunadamente existe el método. Una persona sería incapaz de hacer eso sola. Lo que hemos hecho para curar la evidencia y revisarla es recurrir a métodos probados. En esto ha sido esencial una gran red de colaboración que empezó a actuar rápidamente. Han sido claves la buena fe, la confianza y los métodos. Aunque claro, hay buena fe, pero todos los que participan declaran sus conflictos de intereses. Los revisamos, los verificamos y los calificamos. La pandemia nos ha enseñado a trabajar con más agilidad. Antes, por ejemplo, una guía de práctica clínica podría tardar dos años. Ahora sabemos que la podemos sacar adelante en unos meses. Poco a poco se ha sumado gente que trabaja por altruismo y colaboración. Es gran esfuerzo en equipo con muchas entidades y universidades.

¿Cuál es el mejor camino para garantizar que estas decisiones y recomendaciones lleguen a las regiones y no solo a las principales ciudades?

Eso es un gran tema. Creo que debe haber un enfoque diferencial en la implementación. Hay ciudades que tienen muy buenos profesionales con muchos estudios, pero hay municipios muy distantes y a veces solo tienen una persona al frente de los temas de salud. Debemos fortalecer esas capacidades de esos territorios para que puedan asumir la gobernanza y la autoridad sanitaria. Tenemos que apoyar a los que tienen más necesidades. En la virtualidad hemos visto que también hay grandes problemas de conectividad, entonces es un reto mayúsculo. Además, hay que poner todo lo que producimos en términos más sencillos: un médico que está con un paciente no puede ponerse a buscar en un libro de más de 200 páginas la respuesta a una pregunta. Necesita soluciones rápidas.

Aunque hasta el momento no hay ningún medicamento, hay muchos ejemplos de médicos que se aventuran a hacer recomendaciones. ¿Cómo lidian usted y el IETS con esas situaciones?

Les diría a todos que debemos apelar a la inteligencia colectiva. En el consenso de atención que tenemos para COVID-19 hay 12 metodólogos del IETS y más de 200 médicos de más de 60 instituciones. Así que preferiría creerle al consenso que ha leído por horas y noches la evidencia. Hemos revisado más de mil artículos luego de filtrar lo que encontramos. Así que lo que diga una sola persona puede ser respetable, pero la inteligencia colectiva funciona mejor. Entiendo que este escenario surjan cosas anecdóticas, pero deben apelar a fuentes confiables y al trabajo multidisciplinario.

Estos meses ha ratificado que la regulación de medicamentos y dispositivos médicos es esencial. ¿En qué puntos cree que Colombia tiene fortalezas?

Una fortaleza es tener una política farmacéutica. Tener al IETS, sin duda, es otra gran fortaleza. En los países en desarrollo solo Tailandia y Colombia tienen este tipo de instituto. El resto tienen agencias que dependen del Ministerio de Salud. Que haya un instituto que evalúe tecnologías en salud y analice qué evidencia hay sobre su uso es muy importante para un país. Pero eso también exige que el Estado invierta más en fortalecer esas capacidades. Todo esto, de alguna forma, hace que haya equidad en el acceso y que haya más eficiencia en el uso.

¿Qué papel va a tener el IETS cuando empiecen a haber resultados más claros sobre la seguridad y eficacia de una vacuna contra el COVID-19?

Nosotros hemos hecho revisión de efectividad y seguridad en algunos medicamentos. Hay un comité de vacunas, en el que no estamos directamente, pero esperamos ser participantes para apoyar al Ministerio. En el país hay también un Comité Nacional de Prácticas de Inmunización, que se creó en 2011. Nosotros somos proveedores de información para los tomadores de decisión pero no tomamos la decisión. Además de la parte técnica, siempre se tienen en cuenta otros factores como la parte política y de relacionamiento. Esperamos poder aportar la mejor evidencia en términos de seguridad, efectividad y eficacia. Y si requieren modelos analíticos o matemáticos también podremos apoyarlos.

Hay muchos ingredientes en la discusión sobre el acceso a una potencial vacuna. ¿Con qué cree que hay que tener especial cuidado?

Debemos ser escépticos, críticos y muy mesurados frente a las falsas expectativas que se están generando. Hay muchos científicos involucrados, pero también hay componentes políticos y económicos. Todos están tratando de jugar sus mejores cartas. Debemos saber que no únicamente se trata de producir una vacuna, sino cómo vamos a acceder a ella y cómo se va a distribuir. Entonces, hay que tener una expectativa optimista, pero realista.

¿Qué cree que quedará de positivo de todo esto?

Va a haber una aceleración súbita de la ciencia. Vamos a aprender a ser menos complicados, pero muy responsables y éticos. Este trabajo de colaboración, confianza, agilidad, sencillez y ética revolucionará la forma de hacer ciencia, pero no únicamente en el ámbito médico, sino los métodos en política, economía, ingeniería o analítica. A pesar de tanto dolor humano, esta es una oportunidad para cambiar muchas cosas. Tenemos que apelar a la humanidad de todos los países. El comercio y la globalización se nutren de que todos podamos intercambiar bienes y servicios.

Estos meses ha requerido un especial esfuerzo para concentrarse en la pandemia. ¿Qué ha tenido que aplazar el IETS por culpa del COVID-19?

No he podido aplazar nada. He tenido que sacar adelante todo lo que tenía acumulado. Tengo, en verdad, lo equivalente a tres trabajos. Debo impulsar el trabajo del instituto y, por otro lado, como no tenemos financiación, debo buscar contratos. Y, además, ahora pensamos en COVID-19.

El lETS aún es un instituto pequeño. ¿Cree que después de esto va crecer?

Hoy vivo de contratos. Tener contratos fue la regla institucional que crearon para que el IETS tuviera independencia. Buena parte de ellos depende de lo que trabajamos con Minsalud y Minhacienda. Pero yo sí quisiera un espacio para pensar a más largo plazo y no únicamente en un producto de seis meses. Sería óptimo tener más recursos pero manteniendo la independenciay el nivel crítico y metodológico del IETS. Tenemos un grupo muy bueno que puede ayudar en muchas cosas. Es una verdadera selección Colombia.

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