Déficit de especialistas, ¿quién tiene la culpa?

Durante diez años los cupos para estudiar posgrados médicos se estancaron. Ahora el 55% de los hospitales no tiene el número de doctores que necesita. El Gobierno acepta que no actuó a tiempo.

El cartel de especialistas”, así ha descrito el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, las estrategias que algunas universidades y sociedades médicas estarían utilizando para privilegiar a ciertas personas (hijos de poderosos, gente adinerada) con los pocos cupos que ofrecen las instituciones educativas a quienes quieran especializarse.

Pero no sólo las roscas les han quitado la oportunidad a decenas de médicos talentosos. Entre los obstáculos que se han identificado para acceder a posgrados como psiquiatría, radiología, oftalmología o anestesiología se encuentran los costos de las matrículas, la inestabilidad económica que representa internarse en un hospital mientras se aprende, mínimo tres años más sin recibir remuneraciones, y que no existan la tecnología ni la infraestructura necesarias —en universidades y hospitales— para tantos aprendices.

Como salida, el ministro Gaviria ha planteado la posibilidad de que a los médicos residentes se les paguen las horas de práctica, teniendo en cuenta que son profesionales en formación. Además de que los hospitales de más alto nivel —con buen prestigio y capacidad instalada— entren al mercado de la titulación y formación de especialistas, derecho que hasta ahora solamente les ha pertenecido a las universidades.

Las propuestas, consignadas en la reforma a la salud que por estos días tambalea en el Congreso, ya cuentan con importantes detractores, como el presidente de la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina, Jorge Julián Osorio, quien asegura que los hospitales no están preparados para asumir ese reto.

Lo cierto es que el Ministerio de Salud no prendió las alarmas a tiempo y, según su director de Recursos Humanos, Luis Carlos Ortiz, pasarán al menos siete años antes de que el país gradúe el número de médicos especialistas que necesita, teniendo en cuenta que el déficit de personal ya ha tocado especialidades básicas, como la pediatría, la medicina interna y la ginecología y obstetricia. “En los últimos diez años los cupos para las especializaciones se estancaron. El ministerio se demoró en decir que estábamos colgados con especialistas y las universidades no actuaron a tiempo”, dice.

De acuerdo con Ortiz, la situación comenzó a agravarse con decisiones que se tomaron a principio del año 2000. “Aparecieron unos estudios (como el que desarrolló el neurólogo Diego Rosselli, director de la Unidad de Epidemiología Clínica y Bioestadística de la Universidad Javeriana) que concluyeron que Colombia estaba abocada a una sobreoferta de especialistas”.

Aunque nunca fue evidente que los médicos se estuvieran quedando sin empleo, “estas conclusiones fueron absorbidas por los ministerios (Salud y Educación), las universidades y las sociedades científicas y lo que se observa —sin que haya habido una decisión consensuada o explícita de frenar la oferta o cerrar cupos— es que las ofertas de formación se estancaron. Decían que los especialistas no estaban siendo absorbidos por el sistema y esa sobreoferta se iba a acentuar con la llegada de médicos formados en el extranjero”.

Pero las investigaciones se equivocaron. El sistema de salud promovido por la Ley 100 de 1993 pretendía pasar en 10 años de tener al 30% de los colombianos asegurados al 100%. La ley multiplicó el número de pacientes y sus demandas de servicios médicos especializados.

Ante la falta de personal, a los hospitales se les convirtió en un problema retener a especialistas, los médicos comenzaron a cobrar cifras astronómicas (hasta $25 millones mensuales, sin ser de planta) y los plazos para entregar citas a los pacientes comenzaron a prolongarse.

El panorama no es alentador. En un estudio contratado por el Minsalud a la Universidad Javeriana, se les preguntó a los directivos de 310 clínicas y hospitales del país cómo percibían esta situación (ver gráfico). La mitad de los encuestados cree que sus instituciones no cuentan con el número de especialistas que necesitan y el 50,8% ha cerrado o suspendido algún servicio en los últimos cinco años por no tener personal.

¿Qué ha  impedido que sus hospitales tengan suficientes especialistas?  El 73% de los encuestados considera que son pocos los medicos que pueden llenar estas plazas, el 60% asegura que no existen suficientes cupos en las universidades  y el 32% que son los propios especialistas los que están controlando el número de egresados.

¿Quién se atreve a hablar de este último punto? ¿Qué opinan las autoridades implicadas?  Por ahora, políticos, médicos, rectores y estudiantes podrían reconocer que el país necesita asumir con seriedad este debate.

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