Descubriendo los alimentos

Un ingeniero industrial especializado en finanzas y acosado por graves problemas respiratorios emprendió su propia búsqueda medicinal.

Ensaladas como plato principal con verduras crudas es una de las ocho recomendaciones finales de Boris Chamás. / 123rf

“Que la medicina sea tu alimento y que tu alimento sea tu medicina”. Esta frase, atribuida al reconocido médico de la Grecia antigua Hipócrates, hace 2.500 años, tiene en estos tiempos más validez que nunca, porque la alimentación es cada vez más lejana de la sabiduría de la naturaleza. Hoy, las principales causas de muerte en muchos países están asociadas con excesos y malos hábitos de la sociedad de consumo.

A nivel global, la causa de muerte más recurrente, con el 22% del total, corresponde a enfermedades del corazón. Le sigue el cáncer en sus diversas manifestaciones. En ambos casos, el incremento de las estadísticas obedece a la masificación del tabaquismo, el consumo excesivo de proteína animal, la creciente introducción de alimentos procesados en la dieta, el abandono del ejercicio o la exposición a las toxinas industriales.

Estas conclusiones hacen parte de la investigación realizada por Boris Chamás, un ingeniero industrial especializado en finanzas que después de soportar diversas enfermedades respiratorias y gástricas empezó a recobrar su salud suprimiendo medicamentos y cambiando su dieta. Paradójicamente, cuando comenzó su cambio de vida oficiaba como director financiero de un laboratorio farmacéutico mundialmente conocido.

Por consejo de un amigo acudió al consultorio de un médico alternativo cuya primera recomendación fue que dejara de comer carne. Aunque inicialmente prevaleció su incredulidad, con férrea disciplina adoptó este y otros hábitos alimenticios sugeridos. En poco tiempo las pastillas, los inhaladores o las inyecciones pasaron al cajón de los recuerdos. Entonces decidió darle un giro a su vida y se dedicó a estudiar los secretos de la nutrición.

Se matriculó en el mejor centro docente de nutrición holística del mundo, donde se diplomó como asesor en salud. Hoy imparte talleres por el mundo sobre los beneficios de la comida saludable y el fruto de sus investigaciones se refleja en su libro El poder del alimento. Una investigación a fondo sobre lo que se debe o no comer, atendiendo una directriz ineludible: “hay que aprender a escuchar los mensajes del cuerpo”.

Con documentadas explicaciones, Boris Chamás detalla cuáles son los alimentos indispensables en cualquier dieta saludable. Antes que nada los antioxidantes que tienen nombre propio, las plantas, especialmente las que se consumen en estado crudo, como las frutas, las hojas verdes, las verduras y los cereales integrales; o los fitonutrientes que abundan en el brócoli, la cebolla, la espinaca, las legumbres o los puerros.

En cuanto a los alimentos que se deben reducir y en algunos casos eliminar, el autor prioriza el estudio del azúcar, que define como el invento de la industrialización que más deteriora la salud de los seres humanos. Lo sintetiza en la evidencia de cómo su consumo sobrecarga la actividad del páncreas y de qué manera los edulcorantes artificiales o las bebidas gaseosas y energizantes aumentan los efectos nocivos.

Tampoco salen bien librados los lácteos, que aportan al cuerpo significativas cantidades de colesterol y grasa saturada; los aceites refinados, que contribuyen a la gestación de las enfermedades del corazón; o las chucherías o “comida basura” de los productos empaquetados con poco o ningún valor nutricional que, en criterio del autor, sólo sirven para sobrecargar el hígado y todos los órganos del sistema digestivo.

Después de analizar en detalle los efectos del consumo en exceso de animales, la cafeína o los organismos genéticamente modificados, Boris Chamás se concentra en el balance ácido-alcalino, que califica como el descubrimiento más importante de la ciencia actual. Un concepto que define como la proporción adecuada de alimentos acidificantes y alcalinos, fundamental para conservar la salud.

Desde la química, ácida es una sustancia que libera hidrógeno aportándolo a una solución y alcalina la que remueve el hidrógeno de dicha solución. La relación entre ambos factores está cuantificada en una escala llamada pH. Cada alimento tiene un potencial de acidez y su exceso es devastador. Por eso es necesario conocer el pH de cada sustancia o alimento que se ingiere y así entender cuál es balance correcto.

Además de aportar el pH de 146 alimentos, el autor concluye su investigación con ocho recomendaciones: beber agua pura, desayuno verde sin leche ni azúcar, ensalada como plato principal con verduras crudas, germinados en el plato que recogen la vitalidad de las plantas, al menos una legumbre al día, granos integrales, hongos, setas o nueces y superalimentos como las algas y los productos de las abejas.