La dieta que sí sirve según científicos

Los macacos, con los que compartimos el 93 % del ADN, ganan hasta tres años de vida cuando se someten a un estricto control de las calorías que consumen.

Incluso en el aspecto físico se notan diferencias. El macaco de la izquierda recibió la dieta baja en calorías. / Jeff Miller

Entre todas las dietas que abundan en libros y páginas de internet, la única que los científicos y médicos se han tomado en serio es la bautizada como “restricción calórica”, desde 1935, cuando dos científicos norteamericanos demostraron que la vida de los ratones se alargaba hasta 50 % si reducían las raciones de comida.

Aquel trabajo, que parecía esconder el secreto de la juventud, siguió siendo discutido y analizado por muchas décadas. Varios grupos se lanzaron a planear experimentos más ambiciosos para demostrar si aquello era o no cierto.

En 2009, un grupo de científicos de la Universidad de Wisconsin publicó los resultados de un experimento que se extendió por 20 años y concluyó que, en efecto, los macacos sometidos a una dieta con un 30 % menos de calorías alargaban su vida y tenían tres veces menos riesgo de sufrir enfermedades relacionadas con el envejecimiento. Sin embargo, otro grupo del Instituto Nacional de Envejecimiento de Estados Unidos realizó un trabajo similar y concluyó que no había detectado diferencias en longevidad a partir de un cambio en la dieta.

Confundidos por resultados tan diversos, los dos grupos decidieron trabajar juntos e intentar establecer quién tenía razón. Después de varios meses revisando detalladamente la metodología y los datos, concluyeron que en efecto la dieta de restricción calórica permite alargar la vida. Los monos con dietas reducidas ganaron unos tres años de vida, en torno a un 10 % más que los animales a los que se dejaba comer cuanto querían.

Como lo explicaron en una comunicación, la discrepancia se produjo por la ligera variación a la que fueron sometidos los grupos de monos. Mientras los de Wisconsin comían alimentos procesados y azúcar purificada, los del otro experimento tan sólo recibían alimentos procesados. A pesar de consumir la misma ración de calorías, los monos de Wisconsin eran más gordos, “lo que demuestra la importancia de la calidad de los alimentos en la salud y la longevidad”.

¿Es posible extrapolar estos resultados a los humanos? Ese ha sido otro intenso debate en torno a las dietas de restricción calórica. Por un lado, los humanos compartimos con los macacos el 93 % del ADN. Una señal de los beneficios que podría traer a las personas que decidan ser muy estrictas con el consumo de azúcares y alimentos procesados.

Los autores del estudio se mostraron escépticos respecto a que se pueda trasladar esta dieta a las personas de forma generalizada, pues requiere una disciplina férrea a lo largo de muchos años para ver los beneficios. Sin embargo creen que ahora que está más claro el beneficio de la restricción calórica, la ciencia puede explorar otras soluciones.

“Lo que comes y cuanto comes influye mucho en cómo envejeces”, resume Rozalyn Anderson, del equipo de la Universidad de Wisconsin. “Aquí tenemos una intervención que retrasa el envejecimiento en primates y, dado lo emparentados que estamos evolutivamente con ellos, probablemente lo mismo es cierto para los humanos”.

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