Ejercicio no compensa mala dieta

Si bien es un factor de prevención por excelencia, el deporte no siempre consigue contrarrestar los efectos nocivos del consumo inadecuado de grasas sobre los adolescentes.

El ejercicio físico no compensa las consecuencias negativas de una dieta con elevado contenido graso. Así lo revela una investigación publicada en la revista científica ‘Clinical Nutrition’. Esta investigación hizoparte del estudio ‘Healthy life style in Europe by Nutrition in adolesence’ (HELENA), financiado por la Comisión Europea con el fin de determinar el estado nutricional de los adolescentes europeos y promover hábitos alimenticios saludables entre dicha población.

“El aumento de los índices de obesidad entre la población infantil y juvenil de los países miembro de la Unión Europea y los factores de riesgo asociados a esta circunstancia requieren de un análisis científico para analizar la situación y tomar medidas oportunas”, expresa Luis Moreno Aznar, Máster en Nutrición del Niño y el Adolescente de la Universidad de Zaragoza y líder del proyecto ‘HELENA’.

Fue así como un grupo de científicos de la Universidad del País Vasco (UPV), una de las 26 instituciones que participaron en el proyecto, determinó el papel que ejerce el componente lipídico o los niveles de grasa en la dieta sobre la salud de los adolescentes, particularmente, en la acumulación de grasa abdominal.
“La grasa abdominal es más dañina que la grasa acumulada en cualquier otra parte del cuerpo, pues incrementa el riesgo de padecer enfermedades como accidentes cardiovasculares, diabetes mellitus, hipertensión arterial e hipercolesterolemia”, aseguran los investigadores citados por ‘Clinical Nutrition’.
Además de hallar elevados índices de dichas enfermedades, los científicos determinaron que, si bien es un factor de prevención por excelencia, el deporte no siempre consigue contrarrestar los efectos de los malos hábitos nutricionales.

“Hasta ahora se pensaba que al hacer ejercicio físico, era posible compensar una dieta desequilibrada. En este estudio hemos comprobado que eso no es así”, dijo al periódico El País de España, la investigadora Idoia Labayen, doctora en Biología y profesora titular de Nutrición en la Facultad de Farmacia de la UPV.
Labayen aseguró que, tras evaluar a 3.500 jóvenes, se pudo comprobar que las enfermedades juveniles en Europa están significativamente asociadas al alto porcentaje de consumo de grasas. Esta relación, dijo, “es independiente de los niveles de actividad física que realizan”.

“Por supuesto que los adolescentes deben hacer ejercicio. Pero tienen que combinarlo con una alimentación sana y procurar eliminar toda la comida chatarra tan habitual hoy en día”, agregó Labayen.
En el artículo publicado en ‘Clinical Nutrition’, el equipo de investigadores argumenta que la adolescencia es un periodo crucial en la vida, e implica múltiples cambios fisiológicos y psicológicos que afectan los hábitos alimenticios.

Así pues, sugieren que, tal como lo ha hecho la Comisión Europea a través del proyecto HELENA, en el resto del mundo se debería asumir conciencia sobre la necesidad de investigar sobre los problemas de salud de los jóvenes con el fin de “establecer un ambiente propicio para que ,desde pequeños, los ciudadanos asuman un estilo de vida sano y responsable”.

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Redacción Vivir

Salud

Ejercicio no compensa mala dieta

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