El cuerpo después de los 40

Se pierde músculo, agua y centímetros de estatura, al tiempo que se gana grasa y aumentan los riesgos de enfermedades del corazón. Hábitos saludables son la clave para retardar este proceso natural.

En personas hipertensas, la meditación reduce hasta en un 30 % las muertes por enfermedades cardiovasculares. /Pixabay.

 La forma del cuerpo inevitablemente va cambiando de manera natural con el paso del tiempo. La firmeza de la piel comienza a verse amenazada, la masa muscular se va perdiendo y los depósitos de grasa, aumentando. La piel se deshidrata con mayor facilidad, pues esa pérdida de tejido también reduce la cantidad de agua del organismo.

Los huesos se vuelven más frágiles. Ya no tienen la misma cantidad de minerales, incrementando el riesgo de que aparezcan enfermedades como la osteopenia o la osteoporosis. La estatura es otro de los grandes cambios. Se calcula que las personas suelen perder alrededor de un centímetro cada década después de los 40 años. Y este proceso se acelera todavía más una vez se cumplen los 70. Es decir, que durante la etapa de envejecimiento se terminan reduciendo entre 2,5 y 7,5 centímetros de estatura.

A lo anterior se suma la rigidez de las articulaciones, que junto con la pérdida de músculo pueden hacer que movilizarse de un lugar a otro se convierta en una tarea complicada. Si a esto se les agrega el exceso de grasa corporal y los cambios en la forma del cuerpo, se tendría una combinación que podría afectar considerablemente el equilibrio y, por lo tanto, aumentar el riesgo de que se presenten caídas con mayor frecuencia.

El peso no se libra de esta cadena de transformaciones. Tanto en hombres como en mujeres se ve alterado. En ellos, por lo general, se presenta un aumento hasta los 55 años y luego comienzan a perderlo paulatinamente en el transcurso de lo que les resta de vida. Se cree que esto podría estar relacionado con la disminución de los niveles de testosterona.

Las mujeres suelen aumentar de peso hasta los 65 años y a partir de entonces empiezan a bajarlo. Factores como la pérdida de tejido muscular, que es reemplazado por grasa y que pesa mucho menos, podría explicar este proceso.

Un escenario que no luce alentador, pero frente al cual más que prevenirse la recomendación de los médicos es prepararse de manera adecuada, no sólo para retardarlo la mayor cantidad de tiempo posible, sino para vivirlo fortalecido y así garantizar una mejor calidad de vida.

¿Cómo? La respuesta principalmente recae en la adopción de hábitos saludables y el abandono de aquellos que, aunque pueden resultar placenteros, solamente ocasionan daño como el cigarrillo. También es clave una alimentación balanceada y teniendo en cuenta que las porciones deben irse modificando con el paso del tiempo.

Por ejemplo, para una mujer de 40 años la porción ideal de proteína equivale a unos 115 gramos de carne o de pescado, y en los hombres hablamos de 200 gramos. Dos décadas atrás, ésta sería de unos 20 gramos más para cada uno. La actividad física regular es otro de los mandamientos no sólo en la adultez, sino de la vida.

Una investigación realizada por el Centro Médico de la Universidad de Texas concluyó que 150 minutos semanales de ejercicio moderado o 75 minutos de actividad física vigorosa son el tiempo necesario para lograr disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas, diabetes y cáncer.

Jarett Berry, uno de los médicos que participó en el estudio, ha comentado que el ejercicio físico no retrasa lo inevitable, pero “estos datos sugieren que actividades aeróbicas como caminar, trotar o correr durante la mediana edad se traducen no sólo en más años de vida, sino en años de mayor calidad en la vejez”.

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