El derecho a la autonomía, integridad y seguridad sexual

Este derecho incluye la capacidad de tomar decisiones autónomas sobre la propia vida sexual dentro del contexto de la ética personal y social. También está incluida la capacidad de control y disfrute de nuestros cuerpos, libres de tortura, mutilación y violencia de cualquier tipo.

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Arturo Parada Baños es médico especializado en ginecología y obstetricia, director de la Corporación Impacto Vital y experto en salud sexual y reproductiva de adolescentes. Explica que la sexualidad es un aspecto inherente a nuestra existencia misma y, por tanto, el ejercicio autónomo, integral y seguro de la misma constituye un derecho que “es transversal a todos los derechos sexuales y derechos reproductivos”.

Considera que “nuestra cultura es heterónoma, porque las decisiones están, en muchos casos involuntariamente, influenciadas por razones religiosas, políticas y/o culturales que vienen transmitidas ancestralmente”.

Añade que “hay situaciones normales, entre comillas, normales en el país, porque son aceptadas en algunas culturas en las que el machismo sigue ejerciendo su predominio y la mayor cantidad de decisiones las sigue tomando el hombre, pero las va a aplicar la mujer” y esta es la principal causa de vulneración del segundo derecho sexual.

Se estima que cerca de 140 millones de mujeres y niñas sufren las consecuencias de la mutilación genital femenina. En Colombia, la ablación del clítoris en las lactantes es una realidad en la comunidad Embera Chamí, extendida por 16 departamentos, con mayor presencia en Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío y Valle del Cauca. A causa del desplazamiento forzado, los cerca de 230.000 integrantes de esta comunidad se han dispersado ya por cinco departamentos más, ubicándose en un total de 21.

Hasta el momento se han identificado casos en los municipios de El Dovio y Bolívar, en el Valle del Cauca; Carmen de Atrato, en el Chocó; Pueblo Rico y Mistrató, en Risaralda. Patricia Tobón Yagarí, abogada embera, denuncia que “no son los únicos municipios, sino que puede haber muchos más”.
Por su parte, María Nella Panchi, embera de Antioquia, afirma lo mismo. Dice que en el Cañón de las Garrapatas, ubicado en los límites entre el Valle del Cauca y el departamento de Risaralda, la “curación” también está muy arraigada: “me ha tocado ver cómo muchas niñas mueren allí por la práctica, que se realiza de forma oculta”.
Tobón Yagarí asegura que “parece ser que hubo algún caso de hermafroditismo por el cual las mujeres o la medicina indígena embera pensó que el clítoris de la mujer crecía como el pene de un hombre y por eso había que operarlo desde que la niña estaba pequeña”.

La abogada insiste en que “esto no se erradica solamente a través de temas punitivos y privativos de la libertad de las personas, sino bajo la prevención y bajo la educación de que es uno de los derechos sexuales y reproductivos” y que los grandes ausentes en los esfuerzos por la erradicación de esta práctica han sido el Ministerio de Salud y el Ministerio de Educación.

En la “Cumbre de autoridades del Estado, indígenas y no indígenas, por la erradicación de prácticas nocivas para la vida y la salud de mujeres y niñas indígenas”, llevada a cabo en Bogotá el 5 de octubre de 2012, los líderes embera se comprometieron a “trabajar como autoridades en la transformación de las prácticas nocivas para las mujeres y niñas”.

Durante esta misma cumbre, Luis Evelis Andrade, presidente de la Organización Nacional Indígena de Colombia, añadió que “los hombres dirigentes no pueden permanecer diciendo que esto es una práctica de las mujeres. Este es un problema de salud pública" y que deben comprometerse todos los sectores de la sociedad con la erradicación de la práctica que requiere un cambio cultural y un proceso intenso de educación sexual en los pueblos indígenas.

La ablación del clítoris está prohibida y penalizada en Colombia. El 27 de noviembre de 2012, el Comité de Derechos Humanos de la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó por primera vez una resolución que pide a los 193 estados miembros, expresamente, que condenen la mutilación genital femenina.
 

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