El derecho a la libertad sexual

La libertad sexual abarca la posibilidad de la plena expresión del potencial sexual de los individuos. Se excluye toda forma de coerción, explotación y abusos sexuales en cualquier tiempo y situación de la vida.

La libertad sexual abarca todos y cada uno de los derechos sexuales y los reproductivos. Tiene que ver con el cuerpo, la mente, la dignidad, las decisiones individuales y de pareja y la posibilidad de ejercer la sexualidad de manera responsable.

Infortunadamente, es más fácil definir la libertad sexual desde las situaciones que la vulneran. Dos de estas situaciones son el abuso y la explotación sexual, que se excluyen en el derecho. “El abuso está muy enfocado en cualquier conducta de tipo sexual entre dos o más personas cuando no hay consentimiento”, define Carolina López Laverde, directora del Programa Contra la Trata de Personas de la OIM, y añade que va desde “obligar a una persona a observar un acto sexual, hasta obligarla a ejecutar el acto”.

Por su parte, la explotación, como ella misma explica, “incluye el abuso, pero además hay un tema de beneficio para la misma persona o para un tercero, a costa de ese acto de explotación”.

La vulneración de la libertad sexual está tipificada en el país de manera más concreta que la de los otros derechos sexuales por medio de delitos como la violación, el estupro, el acto sexual abusivo, el proxenetismo y la trata de personas.

La experta afirma que “la libertad sexual es parte de los derechos fundamentales de cualquier persona en la medida en que es el reconocimiento, es la posibilidad de reconocerse como un ser independiente, autónomo, es parte del ejercicio de la ciudadanía, es parte de elegir”.